Profesor en UNAM y en UP. Especialista en temas electorales.

INAI en crisis

El INAI es otra de las instituciones que incomodan al presidente Andrés Manuel López Obrador por su capacidad de arbitraje en los temas que maneja y por los evidentes impulsos que ha dado a la democracia, escribe Marco Baños.

La Constitución mexicana prevé la existencia del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), que en poco más de dos décadas se ha convertido en otra de las instituciones clave para el funcionamiento de la democracia mexicana, que hoy también está sujeta al asedio permanente del gobierno y a la complicidad de la mayoría morenista en la cámara de senadores.

Su comisionada presidenta declaró que el INAI, en un mes, acumula más de tres mil asuntos no resueltos porque su pleno se encuentra incompleto y la ley secundaria ordena que para sesionar se requiere la presencia de, al menos cinco, de las y los siete comisionados que lo deben integrar. Es un hecho público que el Senado, desde hace más de un año no ha designado a personas que cubran las vacantes existentes, ni en el INAI ni en otras instancias como los tribunales electorales.

El hecho es preocupante porque implica posibles afectaciones directas a derechos de personas que necesiten acceder a información que se genera con la actuación de aparatos de la administración pública, de partidos políticos, sindicatos, universidades y hasta de particulares que participen en actividades y programas que impliquen la utilización de recursos públicos; igual habrá afectaciones por temas de datos personales, por ejemplo, de personas que necesiten acceder a sus expedientes médicos o los relativos a sus antigüedades laborales para tramitar pensiones.

Para el gobierno federal, según un audio difundido por diversos medios, en voz del secretario de Gobernación, que el INAI esté incompleto ‘es el mundo ideal´, dado que no tienen ninguna urgencia para los nombramientos, hecho que sumado a la fallida designación de un comisionado en la sesión del jueves pasado y al cinismo de algunos senadores de Morena, que sin pudor alguno, en el extremo de prácticas antidemocráticas, declararon que se comprometieron a someter a votación el nombramiento y no a designar al comisionado. Un juego absurdo de palabras contrario a toda ética pública.

A su vez, el Presidente de la República, al regresar a las mañaneras volvió a dar instrucciones a los legisladores para frenar los nombramientos. El INAI es otra de las instituciones que le incomodan, por su capacidad de arbitraje en los temas que maneja y por los evidentes impulsos que ha dado a la democracia, en un campo que antes estaba cerrado y donde hoy podemos implementar mecanismos que tutelan el INAI y los organismos de transparencia de las entidades federativas, para conocer la gestión pública. Sin el órgano garante de la transparencia asuntos como la ‘Casa Blanca’, la Estafa Maestra, tópicos del caso Odebrecht, el socavón del Paso Exprés, temas de fideicomisos, o de Segalmex, no se conocerían a profundidad sin determinaciones del INAI.

Lo más preocupante, está en la virulencia con la que se ataca desde el poder a las instituciones autónomas, se les descalifica y anula en una estrategia que desmorona los avances logrados en México en las últimas décadas.  Los resultados que ofrece el INAI demuestran que, a mayor transparencia y rendición de cuentas, menor es la probabilidad de manejos indebidos de servidores públicos.

México no necesita un gobierno que destruya, sino uno que asuma que las conquistas democráticas van más allá de las elecciones periódicas competitivas, bien organizadas y con resultados creíbles y que la transparencia no es un lastre, sino una oportunidad para afrontar la desconfianza endémica que tenemos en los aparatos de gobierno y en su presunta vocación para mejorar la calidad del servicio público y erradicar la corrupción.

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