Razones y Proporciones

Las clarificaciones de Kevin Warsh

La mayor claridad de su exposición ayudó a despejar algunas ambigüedades de sus participaciones previas, en especial las reflejadas en la conferencia posterior a la decisión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de julio pasado.

En su discurso del viernes pasado, dentro del Simposio de Política Económica de Jackson Hole, el presidente de la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, presentó su visión sobre la conducción de la política monetaria y los cambios que ha empezado a aplicar.

La mayor claridad de su exposición ayudó a despejar algunas ambigüedades de sus participaciones previas, en especial las reflejadas en la conferencia posterior a la decisión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de julio pasado. Entre sus posicionamientos, destacaron los siguientes.

Warsh confirmó que la meta del Fed de una inflación anual de 2 por ciento, medida con el índice de precios de gastos de consumo personal (PCE), es “un objetivo firme y fijo”. Este pronunciamiento resultaba indispensable para la credibilidad del régimen de objetivos de inflación de este banco central.

Además, el presidente del Fed sostuvo que los objetivos del mandato dual no son contradictorios. Como en otras ocasiones, dio a entender que no cree en la Curva de Phillips, esa supuesta relación inversa entre desempleo e inflación, y rechazó, de forma congruente, que el crecimiento salarial sea un predictor confiable de la inflación.

Warsh puso el énfasis en la estabilidad de precios, argumentando que la inflación elevada inhibe la prosperidad económica. Esta priorización tiene la ventaja de orientar la política monetaria con una óptica de largo plazo, sin consideración excesiva de los datos laborales, generalmente desasociados de la inflación, aunque deja abierto el desafío de detectar de manera acertada los riesgos inflacionarios.

Warsh dedicó una parte importante de su discurso a plantear el regreso a la normalización de la política monetaria. Señaló que “las tasas de interés de corto plazo son la herramienta preponderante para lograr el mandato dual”, y puso en duda la conveniencia de seguir utilizando políticas no convencionales que, si bien fueron introducidas, con acierto, en la gran crisis financiera de 2008, carecen de justificación en situaciones normales.

A esta segunda categoría pertenecen los programas de relajamiento cuantitativo (QE), en la forma de compras masivas de activos financieros en los mercados, los cuales “pueden ser útiles en crisis reales, pero deberían utilizarse con moderación, si acaso”. Si bien no elaboró las razones de su rechazo, en otras intervenciones ha aludido a efectos indeseables como la distorsión en los precios de los activos y la confusión con la política fiscal.

Una segunda política no convencional que Warsh objetó con amplitud fue el uso de “guías futuras” (forward guidance) sobre la trayectoria de las tasas de interés o de otras medidas de política monetaria. Warsh reconoció que esta herramienta fue “esencial” en la gran crisis financiera, pero su papel en tiempos normales debería ser “limitado y circunscrito”.

En su opinión, el principal problema de la guía futura radica en que opera como un cuasi compromiso que reduce la “libertad para tomar decisiones correctas cuando llega el momento de decidir”. El presidente del Fed ilustró este inconveniente atribuyendo a la guía futura de 2021 el retraso de la política monetaria para combatir la inflación creciente.

Un argumento adicional de Warsh al respecto consistió en la necesidad de evitar un “problema de espejos”, que surge cuando los mercados dependen de la guía futura y el Fed depende de los precios del mercado, lo cual aumenta la posibilidad de errores de política ante eventos inesperados. Por ello, propone, como principio, tener “un Fed más quieto, con una comunicación más útil”.

Paradójica y probablemente sin proponérselo, en la revisión de la economía actual, Warsh dio elementos que podrían configurar una guía futura. El razonamiento partió de reconocer que la inflación continúa elevada y que, por más de cinco años, se ha mantenido por arriba del objetivo, por lo que el Fed debe concentrarse actualmente en los precios.

Admitió que, aunque las expectativas de inflación de mediano plazo se han mantenido relativamente estables, estas pueden cambiar en cualquier momento. Describió las condiciones financieras globales como difícilmente restrictivas y concluyó que, en caso de no tener certeza de que la inflación subyacente se dirija claramente al objetivo, “tendremos trabajo por hacer”.

A juzgar por la reacción de las tasas de interés de mercado, estas indicaciones parecen haber sido interpretadas como una señal de un posible incremento en la tasa de fondos federales tan pronto como en septiembre. Aunque la decisión es incierta, un alza permitiría a Warsh demostrar con hechos la congruencia con su discurso, así como su compromiso con la independencia del Fed, especialmente ante un entorno poco cooperativo por parte de la administración.

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