Razones y Proporciones

Las preguntas que debería hacerse el Banxico

El desempeño de este banco central ha sido deficiente, ya que la inflación ha tendido a mantenerse por arriba de la meta.

Desde 2003, el Banco de México (Banxico) ha reiterado que la meta de inflación es de 3.0 por ciento anual, lo cual, dentro del esquema de objetivos de inflación, previamente definió como “estabilidad de precios”. Con independencia del carácter debatible de esta noción, el desempeño de este banco central ha sido deficiente, ya que la inflación ha tendido a mantenerse por arriba de la meta.

Una notable excepción ocurrió de 2014 a 2016, cuando la inflación promedio virtualmente coincidió con el objetivo. Por desgracia, desde 2017, la desviación media al alza de la inflación se amplió a dos puntos porcentuales, el doble de la observada en los catorce años anteriores.

El análisis de la inflación que el Banxico suele presentar adolece de serias limitaciones. Primero, es de muy corto plazo, con un foco casi exclusivo en la información estadística que se genera en el periodo comprendido entre las publicaciones de este banco central.

Segundo, es fundamentalmente descriptivo. Disecciona el INPC con gran detalle, lo cual puede llegar hasta las clases de gasto y los genéricos, tan específicos como las frutas y verduras y el jitomate, para detectar las variaciones que aumentaron o disminuyeron más o menos que antes. Además de repetitiva y basada en datos ampliamente conocidos, esta descripción resulta circular al pretender “explicar” la inflación como producto del aumento de los precios.

Tercero, el examen tiende a minimizar la gravedad y los riesgos inflacionarios. Con elevada frecuencia, interpreta los repuntes de inflación como reflejo de “cambios en precios relativos” y efectos de “base de comparación”, concluyendo que son fenómenos “transitorios”. El optimismo del Banxico se complementa con ejercicios de pronóstico de inflación para un horizonte de dos años, los cuales contienen fechas de convergencia a la meta que eventualmente se posponen.

Cuarto, quizá más importante, el análisis sobre las causas de la inflación es escaso y sesgado. Cuando la inflación sube y se mantiene alta, el Banxico invoca la aparición de factores ajenos a la política monetaria, típicamente sucesivos “choques de oferta”. En contraste, cuando la inflación baja o deja de subir, su análisis desestima, cuando ello ocurre, cualquier choque externo favorable y atribuye el avance principalmente a la conducción “adecuada” de la política monetaria.

Una implicación central del análisis del Banxico es la ausencia de autocrítica sobre su responsabilidad en el prolongado incumplimiento de la meta. Los pobres resultados sugieren que este banco central ha omitido plantearse preguntas sustantivas sobre la inflación y la política monetaria que demandan respuestas convincentes. A continuación, menciono cuatro.

Primero, ¿en verdad el objetivo inflacionario del Banxico es 3 por ciento? Este cuestionamiento sobresale frente al continuo incumplimiento de la meta y la ausencia de un plan claro para corregir el rumbo. Su importancia aumenta al considerar las ambigüedades en las que con frecuencia incurren los miembros de la Junta de Gobierno en sus análisis, por ejemplo, al tomar como referencias el “intervalo de variabilidad”, vieja fuente de confusión creada por el propio Banxico, así como los promedios inflacionarios históricos, en lugar del objetivo.

Segundo, ¿entiende el Banxico las causas de la inflación elevada? Las alusiones de este banco central a los “determinantes” de la inflación suelen ser difusas, abundantes en factores externos fortuitos, sin una explicación coherente sobre el papel de la política monetaria y el de otras medidas, como la política fiscal y la política salarial.

Tercero, ¿está convencido el Banxico de que puede lograr la meta? No es evidente que exista una comprensión clara de los canales de transmisión de la política monetaria y de su efecto sobre las condiciones financieras y las expectativas que pueden influir en el crecimiento de los precios. Las narrativas basadas en “choques de oferta” y en su naturaleza fortuita parecen reflejar la falta de convencimiento de este banco central de que cuenta con las herramientas suficientes para llevar la inflación al objetivo.

Cuarto, ¿sabe el Banxico cómo lograr la convergencia? Este banco central no ha ofrecido una exposición clara sobre la “función de reacción” de la política monetaria, así como sobre el papel de la comunicación. La trascendencia de esta omisión ha aumentado a la luz de la política monetaria predeterminada que el Banxico ha aplicado en el ciclo de relajamiento iniciado en marzo de 2024.

El Banxico debería plantearse estas y otras preguntas fundamentales y buscar responderlas de forma objetiva y profunda, alejada de la inercia y la autocomplacencia, si de verdad quiere mostrar su compromiso con el objetivo prioritario de la estabilidad de precios.

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