Razones y Proporciones

La fabricación gubernamental de automóviles

Se espera que Olinia ofrezca varias ventajas, entre las que destacan un precio de adquisición de 150 mil pesos, un costo de operación menor al de los automóviles de gasolina y las motocicletas, y la posibilidad de carga eléctrica mediante enchufes estándar.

El domingo pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la presentación del primer tipo de vehículo eléctrico (VE) mexicano, dentro del proyecto “Olinia”, apoyado por el gobierno como parte del Plan México.

Se espera que este VE, diseñado para la movilidad personal, ofrezca varias ventajas, entre las que destacan un precio de adquisición de 150 mil pesos, un costo de operación menor al de los automóviles de gasolina y las motocicletas, y la posibilidad de carga eléctrica mediante enchufes estándar.

También presenta limitaciones, entre ellas una velocidad máxima de 50 kilómetros por hora que impide su uso en carreteras, un motor de baja potencia que restringe la aceleración, e incertidumbre sobre su seguridad frente a accidentes, así como su durabilidad y la disponibilidad de refacciones y redes de servicio.

Así, la ventaja potencial del nuevo vehículo en el mercado de VE residiría en su precio, pero las limitaciones de su desempeño lo colocarían en una categoría inferior, más cercana a la de los cuatriciclos eléctricos.

Olinia persigue el encomiable objetivo de ofrecer un medio de movilidad asequible, como alternativa a los automóviles viejos de altas emisiones y a las motocicletas, que presentan un mayor riesgo de accidentes y exposición a las inclemencias del tiempo.

No obstante, la pregunta de fondo consiste en si el apoyo a un VE debería tener prioridad sobre otras necesidades que compiten por los recursos gubernamentales, como el transporte masivo, la transmisión de electricidad, la infraestructura hídrica, la educación y la salud, entre otras.

La respuesta apropiada requeriría un análisis de costos y beneficios sociales. Una vez realizada esta evaluación, el gobierno debería preguntarse además si la creación de un VE nacional es la mejor solución al problema de la movilidad.

Las conclusiones de las investigaciones en economía del transporte sugerirían que el mayor beneficio social por peso invertido se obtendría mediante la ampliación y la modernización de los medios de transporte colectivo, como los sistemas de metro, los autobuses de alta velocidad y los trenes de cercanía. Por ejemplo, un autobús eléctrico puede reemplazar muchos viajes en automóvil eléctrico, generando un mayor impacto en la reducción de la congestión vial y de las emisiones, así como un beneficio más amplio, especialmente para la población de menores ingresos.

En su discurso de presentación, la presidenta Sheinbaum señaló que “Olinia representa mucho más que un automóvil eléctrico; representa una semilla, la semilla de un nuevo ecosistema de innovación construido desde México (...) para desarrollar nuevas tecnologías, nuevas soluciones y nuevas capacidades nacionales”.

Sin duda, la intención de fortalecer las condiciones para el cambio tecnológico es una buena noticia para las posibilidades de crecimiento económico de México, pero el liderazgo y la participación directa del gobierno en la producción de un campeón nacional en la industria automotriz no constituyen necesariamente la mejor manera de aprovecharlas.

Algunos países han logrado desarrollar productores nacionales de automóviles mediante el apoyo gubernamental, como Corea del Sur con Hyundai, pero también ha habido fracasos, como en el Reino Unido con British Leyland. Al analizar las experiencias de otros países es imprescindible conocer los detalles. Por ejemplo, en el caso exitoso de Hyundai, el apoyo fue temporal, el mercado estuvo protegido de la competencia y la orientación se dirigió al mercado masivo de exportación.

Olinia enfrenta el desafío de demostrar su viabilidad económica en un entorno competitivo y con una orientación al mercado interno. Las inversiones y los costos fijos de operación involucrados, no solo en la fabricación sino también en la comercialización y el servicio, pueden ser muy cuantiosos.

Un factor esencial para la viabilidad económica será la escala de la demanda, que podría depender sensiblemente del bajo precio prometido. Se espera que el proyecto atraiga la participación privada, pero, como siempre, dicho involucramiento estará condicionado a la rentabilidad ajustada por riesgo que perciban los inversionistas.

En la fase de diseño del primer prototipo de Olinia, el trabajo de ingeniería e integración de expertos mexicanos se combinó con asesoría extranjera y el uso de tecnología estándar de VE. No obstante, aun suponiendo que sobreviva, no es automático que Olinia desencadene una ola de innovaciones.

Para que ello ocurriera, se requeriría un entorno propicio para el florecimiento de la creatividad. Un proyecto más amplio y ambicioso que Olinia incluiría asegurar el Estado de derecho, proveer los servicios fundamentales de infraestructura y seguridad pública y, posiblemente, ofrecer incentivos para la investigación y el desarrollo condicionados a resultados.

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