El jueves pasado, la Junta de Gobierno (JG) del Banco de México (Banxico) recortó una vez más el objetivo de la tasa de interés de referencia para ubicarlo en 6.50 por ciento. Al igual que en marzo, esta determinación se sustentó en bases frágiles.
En primer lugar, la evolución y las perspectivas de la inflación no apuntan hacia una convergencia a la meta de 3.0 por ciento. Durante los primeros cuatro meses de 2026, la inflación promedio anual se ubicó en 4.2 por ciento, casi medio punto porcentual por arriba de la observada en el mismo periodo de un año antes.
Aunque sólo ligeramente, la JG corrigió al alza sus proyecciones para la inflación, lo que refleja la dificultad de sostener la fecha prevista de convergencia, la cual, como ha ocurrido en el pasado, podría volver a posponerse. Además, mantuvo un sesgo al alza en el balance de riesgos de sus pronósticos.
Asimismo, en abril, la mediana de la inflación esperada para 2026, según la encuesta de especialistas recabada por el Banxico, se situó en 4.4 por ciento, más de seis décimas por arriba de la registrada en el mismo mes de 2025. De igual forma, durante los últimos doce meses, la compensación por inflación y riesgo inflacionario de los bonos gubernamentales mostró una tendencia ascendente y alcanzó, a finales de abril, 4.4 y 4.5 por ciento para los plazos de cinco y diez años, respectivamente.
En segundo lugar, el argumento toral del Banxico de que sus mediciones de holgura demuestran la inexistencia de presiones de demanda difícilmente es concluyente. Son ampliamente conocidas las limitaciones de cualquier medida de brecha del producto, entre ellas que el producto potencial no es observable y que las estimaciones en tiempo real suelen revisarse posteriormente.
Una brecha del producto negativa, semejante a la estimada actualmente por el Banxico, no implica necesariamente una inflación baja si la capacidad de oferta también ha disminuido, como probablemente ha ocurrido tras el desplome de la inversión productiva desde 2024. El carácter engañoso de estas estimaciones se ilustra al comparar la brecha de 2016, considerada negativa en el Informe Trimestral del Banxico correspondiente al cuarto trimestre de ese año y muy positiva en el Informe del mismo trimestre cuatro años después.
Por razones similares, los grandes bancos centrales consideran sus estimaciones de brecha como una variable entre muchas para analizar la situación económica; las mencionan de manera escasa y tentativa, y nunca constituyen la base principal de sus decisiones monetarias.
A pesar de la creciente “holgura” de la economía, que de acuerdo con el Informe más reciente del Banxico comenzó en el cuarto trimestre de 2024, la inflación anual de servicios, la que mejor refleja las presiones de demanda, se ha mantenido rígida a la baja, en torno a 4.6 por ciento. El Banxico debería explicar las posibles causas de esta inflexibilidad, incluyendo hipótesis como el impulso de la política de incrementos persistentes y significativos al salario mínimo.
En tercer lugar, los intervalos casi fijos que el Banxico ha publicado desde 2017 para calificar su postura monetaria como “neutral” resultan teóricamente cuestionables. En general, los bancos centrales reconocen la dificultad de clasificar su postura monetaria, ya que la tasa de interés real “neutral” tampoco es observable y puede variar por factores como las tendencias de productividad, los niveles de deuda pública o el envejecimiento de la población.
Además, la política monetaria moderna descansa, en gran medida, sobre las expectativas. Por ejemplo, dos bancos centrales con tasas de interés y condiciones idénticas pueden tener, en la práctica, posturas muy distintas si uno goza de credibilidad y el otro no. En México, si los hogares y las empresas anticipan una inflación elevada, la política monetaria del Banxico tendría que volverse más restrictiva.
Para empeorar las cosas, dado que “neutralidad” implica la ausencia de un combate inflacionario, la colocación de la tasa en esa zona desde hace más de medio año, en un entorno de inflación elevada, se ha convertido en una señal contraproducente para el objetivo de estabilidad de precios.
Finalmente, la “guía futura” del comunicado, según la cual “hacia delante, la JG considera que será apropiado mantener la tasa de referencia en su nivel actual”, no impide que, ante descensos temporales de la inflación, el Banxico se vea tentado a iniciar un nuevo ciclo de relajamiento monetario.
El Banxico requiere un cambio de enfoque en su política monetaria si realmente está comprometido con su mandato prioritario. La contradicción entre los lugares comunes de su discurso oficial y la realidad de sus decisiones debe sustituirse por una política capaz de respaldar con hechos, y no sólo con retórica, su compromiso con la estabilidad de precios.