Razones y Proporciones

La caída del crecimiento económico de México

Durante el primer trimestre de 2026 la variación del PIB de México fue de -0.8 por ciento en términos trimestrales y de apenas 0.2 por ciento en términos anuales.

Según la estimación oportuna del INEGI, con datos ajustados por estacionalidad, durante el primer trimestre de 2026 la variación del PIB de México fue de -0.8 por ciento en términos trimestrales y de apenas 0.2 por ciento en términos anuales.

La indagación de las posibles causas de este deterioro admite dos perspectivas. La primera es de corto plazo y lo interpreta como parte de los ciclos económicos del país. En México, la inestabilidad de la producción ha tendido a ser más pronunciada que la de muchas naciones y, en fechas recientes, tal patrón no parece haberse modificado significativamente.

Atendiendo a las variaciones anuales desestacionalizadas, y no a definiciones “oficiales” de ciclos, el virtual estancamiento en el primer trimestre parece ser la prolongación de una desaceleración que inició aproximadamente en el segundo trimestre de 2024. Esta ralentización ha seguido a la recuperación postpandemia, la cual incluyó un auge transitorio asociado con el entusiasmo sobre las posibilidades del nearshoring. Finalmente, esa reanimación surgió como “corrección” de una etapa recesiva que habría abarcado del cuarto trimestre de 2018 al primer trimestre de 2021.

Aunque no es posible identificar con certeza todos los factores que han ocasionado el debilitamiento en curso, algunas hipótesis parecen razonables. Del lado externo, destacan la menor producción industrial de Estados Unidos, observada durante 2023 y 2024, con la que la producción manufacturera de México tiene una elevada integración, así como la incertidumbre respecto al futuro de esta asociación derivada de las políticas de la administración del presidente Trump.

Sin minimizarlos, estos factores parecen haber ejercido un impacto limitado. La producción industrial estadounidense se ha recuperado notablemente desde 2025 y, como socio del T-MEC, México ha recibido un tratamiento arancelario menos adverso que otras naciones. Como resultado, la producción manufacturera mexicana ha mostrado cierta resiliencia y las exportaciones han acelerado su dinamismo. De hecho, durante 2025, el principal motor del crecimiento económico fue la demanda externa.

El freno ha provenido más bien de la inversión, en especial de la inversión privada, cuyas causas parecen ser internas. El 5 de febrero de 2024, el entonces presidente López Obrador presentó un paquete de veinte proyectos de reforma que implicaban una mayor intervención del Estado, más rigidez fiscal y cambios en las reglas del juego institucional. Entre las modificaciones realizadas destacan la primera fase de la Reforma Judicial y la extinción de órganos autónomos, que han incrementado la inseguridad sobre el ejercicio del poder.

Una segunda perspectiva permite interpretar el actual estancamiento a la luz de la tendencia del crecimiento del PIB de largo plazo. En 2019, esta trayectoria cambió de rumbo a la baja: mientras que el crecimiento promedio anual del PIB de México fue de 2.3 por ciento durante 2000-2018, este se redujo a 1.1 por ciento durante 2019-2025.

La caída de más de la mitad en el crecimiento promedio de la economía revela un cambio de régimen cuyo antecedente no era precisamente estelar. Durante 2000-2018, la variación media del PIB se ubicó muy por debajo de la correspondiente al promedio de economías emergentes y superó solo levemente la de Estados Unidos. Al ser México una economía emergente, se esperaría que contara con mayores oportunidades de expansión que una economía madura como la del vecino del norte.

El dinamismo previo ya era deficiente porque involucraba un estancamiento de la productividad de los factores, de la cual dependen, mediante la innovación y el cambio tecnológico, las mayores posibilidades de progreso sostenido. Por desgracia, la ola reformista de 2013-2014, que buscaba alentar la productividad, tuvo un impacto menor debido a lo limitado de su alcance y a que la mayoría de los cambios fueron revertidos por el siguiente gobierno.

El actual “equilibrio” de menor crecimiento se ha separado marcadamente del de Estados Unidos, ubicándose más de un punto porcentual por debajo. Es razonable inferir, una vez más, que su origen ha sido principalmente interno. La política económica a partir de la administración anterior, consistente en el rompimiento de instituciones y el descuido de las funciones básicas del gobierno, ahondó los problemas previos y desalentó considerablemente la inversión.

En lugar del retroceso actual, México necesita urgentemente un cambio hacia un régimen de crecimiento económico potencial sustancialmente mayor. Como en las economías emergentes más exitosas, ello requiere, entre otras condiciones, un ambiente que favorezca el desenvolvimiento amplio de la iniciativa y la creatividad de los particulares.

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