Razones y Proporciones

La recurrente alza de la inflación

Desde enero de 2017 la inflación general ha rebasado 4.0 por ciento durante casi dos terceras partes del tiempo.

En la primera quincena de marzo pasado la inflación anual alcanzó 4.1 por ciento, con lo cual el crecimiento de los precios sobrepasó, una vez más, el límite superior del intervalo de variabilidad de más y menos un punto porcentual en torno al objetivo de tres por ciento establecido por el Banco de México en 2003.

La presión inflacionaria ha sido generalizada y ha abarcado los dos subíndices del Índice de Precios al Consumidor. En efecto, la variación anual del componente subyacente, que excluye los rubros más volátiles, es decir, los agropecuarios, así como los energéticos y las tarifas autorizadas por el gobierno, ascendió a 4.1 por ciento, mientras que la del no subyacente, que contiene los mencionados genéricos, fue 4.2 por ciento.

En el cálculo de la inflación, el subíndice de precios subyacente es importante, entre otras razones, porque posee la mayor ponderación dentro del INPC y, sobre todo, porque su comportamiento puede ser afectado por la política monetaria. En contraste, la evolución del subíndice no subyacente resulta determinada por los mercados internacionales o por las decisiones del gobierno, sin influencia clara de las acciones del Banco Central.

Por desgracia, los datos de la inflación anual en la primera quincena de marzo no constituyen un problema nuevo. Durante las casi dos décadas en que ha estado vigente el objetivo de tres por ciento, la inflación general ha tendido a situarse por arriba de esta referencia, con un promedio de 4.1 por ciento y una desviación estándar de un punto porcentual.

En otras palabras, a lo largo de este tiempo, la inflación general no se ha centrado en la meta establecida por el Banxico, solo excepcionalmente ha coincido con ella, y casi nunca se ha ubicado por debajo de la misma, lo cual se requeriría para que la tasa de crecimiento de los precios, necesariamente variable, estuviera ‘anclada’ en el objetivo.

La trayectoria divergente de la inflación respecto a su meta no ha mejorado en los años recientes. En particular, desde enero de 2017 la inflación general ha rebasado 4.0 por ciento, durante casi dos terceras partes del tiempo.

Una peculiaridad de este periodo ha sido la inflexibilidad a la baja de la inflación subyacente, la cual, por su elevado peso, tiende a marcar la tendencia de la inflación general en el largo plazo.

Así, en los doce meses que iniciaron en abril de 2018, la inflación subyacente mostró una notable estabilidad en torno a 3.6 por ciento y, a partir de abril de 2019, continuó haciéndolo en alrededor de 3.8 por ciento.

Entre estos dos lapsos, en promedio, la inflación general bajó más de un punto porcentual, a pesar de que la inflación subyacente aumentó, aunque moderadamente. La razón de la menor inflación general se encuentra exclusivamente en la significativa caída de la inflación no subyacente, es decir, en el componente fuera de la influencia de la política monetaria. Los datos de la inflación anual hasta la primera quincena de marzo de 2021 solo ponen de relieve esta fragilidad.

El control de la inflación en los próximos meses podría complicarse tanto por la posible continuación de la rigidez a la baja mostrada por la inflación subyacente, como por un eventual regreso de la no subyacente a su media histórica, cuyo valor supera, considerablemente el dato reciente.

Estas y otras complicaciones parecen empezar a reflejarse en la encuesta mensual del Banxico con los especialistas del sector privado, en la cual la mediana de las expectativas de inflación para el cierre del presente año pasó de 3.6 por ciento en diciembre de 2020 a 4.1 por ciento en marzo pasado. Como siempre, los pronósticos para la inflación de mediano y largo plazos se mantuvieron sin cambio por arriba del objetivo.

Con el descenso de la inflación, desde agosto de 2019, el Banco de México ha recortado el objetivo de su tasa de interés de referencia en un total de 425 puntos base, para fijarlo actualmente en 4.0 por ciento.

En últimas fechas, se ha extendido el uso de la expresión “ventana de oportunidad” para describir las condiciones percibidas como favorables para relajar la política monetaria, con el deseo de impulsar la recuperación económica. Como la frase lo sugiere, tales circunstancias parecen asociarse a una situación coyuntural que puede evaporarse fácilmente.

Es difícil identificar con certeza las causas que explican la prolongada falta de convergencia de la inflación a la meta. Sin embargo, una de ellas podría ser la aparente preferencia por una visión de corto plazo que subordina el compromiso de la meta de inflación de tres por ciento al anhelo de “apoyar” la economía.

El autor es exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

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