“Los Pre-Criterios Generales de Política Económica presentan el marco preliminar de las perspectivas macroeconómicas y fiscales del Gobierno de México, que servirán de base para la elaboración del Paquete Económico correspondiente al ejercicio fiscal 2027”. Esa sobria y clara oración da inicio al documento que presentó la Secretaría de Hacienda el día de hoy, en cumplimiento de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria.
Es un buen documento; sobrio, breve, republicano. Menciona que hay fuentes de volatilidad “asociadas a conflictos geopolíticos; disrupciones en rutas estratégicas del comercio global y cambios en la política comercial de Estados Unidos, en un contexto marcado por la revisión del TMEC”. Los tres pilares del modelo de desarrollo son: Fortalecimiento del ingreso de los hogares, especialmente los de menos ingresos; inversión en infraestructura estratégica; y por último, responsabilidad fiscal.
Así, el documento establece que los ingresos presupuestarios de la Federación para el año 2027 serán de 22.2 puntos del PIB, contra 23.2 de cierre del año 2026. Realmente, la reducción es atribuible a una caída estimada de los ingresos petroleros desde 3.1 puntos del PIB en el año en curso, hasta 2.3 puntos del PIB en 2027. Es decir, Pemex aportará 0.8 puntos del PIB menos, y la recaudación del público 0.2 por ciento menos.
En la página 23, SHCP muestra datos al 2025, de la propia dependencia y del Fondo Monetario Internacional, en donde se muestran optimistas de la posición de México en cuanto a deuda y balance primario; toda vez que en ese año México tuvo un balance primario negativo apenas perceptible, con una deuda pública neta por debajo de 60 por ciento del PIB. El informe comenta que la posición fiscal de México es relativamente favorable, toda vez que se mantuvo un nivel relativamente moderado de la deuda pública, comparando con economías tanto avanzadas, como con otras economías emergentes.
En cuanto al marco macroeconómico para lo que queda del año 2026 y para el siguiente, Hacienda dice que “la economía mexicana retomará una trayectoria de mayor dinamismo, conforme disminuya la intensidad de los choques que afectaron el desempeño económico en 2025”. Hacienda menciona que “la inversión se perfila como uno de los principales motores del crecimiento en 2026 y 2027”. Desafortunadamente, no nos dan más pistas de cuáles son las razones que fundamentan su optimismo más allá del “Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar” y el “Programa de Vivienda para el Bienestar”. Hacienda también se manifiesta optimista respecto a “una reducción de la incertidumbre” que “contribuirá a mejorar la confianza del consumidor”. Hay un párrafo en la página 25 que dice que “la economía recibirá un impulso adicional derivado de la celebración de la Copa Mundial de Futbol”. El efecto del Mundial compartido ya se hubiera sentido en las cifras de crecimiento de este año. Incluso, su columnista se puso a revisar la portada, para estar seguro de que estábamos viendo los Precriterios 2027 y no los del 2026.
Hay otras estimaciones razonables. Calculan que el crecimiento de manufacturas asociadas a alta tecnología e inteligencia artificial, pero no hay mención a la debilidad de la manufactura automotriz que ya se manifiesta. Otras estimaciones, no lo son tanto. Hacienda anuncia que “continuará el crecimiento de las actividades de refinación… Pemex elevará su inversión productiva en 2026 a 425 mil millones de pesos”. Otra vez, da la impresión de que el informe de precriterios se refiere más al año 2026 que al 27.
Los ingresos del sector público caerán 1 punto del PIB, y el 80% de esa caída se la podemos atribuir a Pemex. La portada de El Financiero de ayer menciona que otra vez, debido a las tensiones en el Golfo Pérsico, el petróleo otra vez está en 100 USD por barril, y me pregunto si no deberíamos estar vendiendo crudo en el mercado internacional en lugar de esforzarnos por perder dinero en la refinación.
Los precriterios tienen un guion predeterminado por ley. La autoridad exactora debe informar al Congreso de la Unión de variables clave, como su estimación del precio de la mezcla de petróleo mexicana, y su estimación del tipo de cambio; cosas que están completamente fuera del control de Hacienda y del país, y de las cuales ningún economista serio se atrevería a aventurar pronósticos. Sin embargo, hay otras cosas que sí están en manos del Gobierno, como los precios de transferencia entre Pemex y sus subsidiarias, las subsidiarias entre sí, y Pemex y la CFE. Creo que los legisladores deberían exigir esa información para tener una idea mucho más certera de dónde y cómo se está usando la renta petrolera.
Estiman que gastaremos 10 billones 14.7 mil millones de pesos. Ese gasto sigue estando por encima de lo que es sostenible y financiable solamente con ingresos tributarios, no con deuda.
Hacienda prevé que en 2026 creceremos entre 1.8 y 2.8 por ciento en términos reales a tasa anualizada, y para 2027 espera entre 1.9 y 2.9 por ciento. Francamente, estos supuestos son muy optimistas dado el desempeño reciente de la economía. Claro, con un PIB nominal estimado en 39.7 billones de pesos, el gasto es un poco más de la cuarta parte (25.2 por ciento) del PIB. Si van a ingresar 22.2 puntos del PIB, el déficit esperado es de 3 puntos, lo cual no es terrible. Es una reducción del déficit de 1.5 puntos del PIB.
Ojalá ese sacrificio sea creíble para los mercados financieros y las calificadoras.