Costo de oportunidad

Repensar el ingreso

El PIB sigue siendo clave para medir el ingreso, pero la Producción Bruta Total ayuda a entender el desarrollo regional y la riqueza.

La semana pasada, escribí sobre la necesidad de revisar la definición del ingreso. Quedamos en que es importante seguir midiendo el PIB, y el PIB per cápita, al menos a nivel nacional. La razón es muy sencilla: esa es la medición de ingreso comparable con el resto del mundo. Si no partimos de la misma base contable y estadística que los otros países, sacrificamos la comparabilidad de nuestros datos con el resto del mundo. Que el ingreso de México no sea comparable con el de otros países puede ser muy útil para un político populista que tenga otros datos, pero no es útil para el país.

Por supuesto, hay un ajuste que se hace todo el tiempo: poner las series a paridad del poder adquisitivo (PPA), de manera que podamos comparar la capacidad de un dólar para adquirir bienes en Filadelfia o en Shenzen. Ese ajuste siempre es imperfecto. A pesar de que una canasta comparable pueda ser mucho más barata en Acámbaro que en Vancouver, hay más opciones para el comprador en la Columbia Británica que en Michoacán, porque son más ricos. La comparabilidad internacional de los ingresos es compleja, pero eso no implica que tengamos que renunciar a hacer el ejercicio.

Para tener un PIB a PPA, primero tenemos que calcular el PIB. Por ningún motivo debemos dejar de calcularlo, a nivel nacional. Otra razón importante para hacer ese cálculo es para entender el tamaño de la riqueza y de la deuda nacional. Ingreso y riqueza no son lo mismo. Ingreso es el flujo anual o trimestral que producimos, en valor de bienes y servicios de uso final. Riqueza es el valor del stock de activos de la economía. En este sentido, la deuda es riqueza negativa. Si la deuda nacional de un país es 50 por ciento del PIB, lo que nos están diciendo es que el país tiene que dejar de consumir e invertir, y su gobierno dejar de gastar, al menos durante seis meses, para pagar sus deudas. Implica que tienes que vender una fracción de tu territorio, o de los edificios, o de las máquinas, equivalente a seis meses de producción, para dejar el contador de la deuda en cero. Si dejáramos de calcular el PIB, dejaríamos de saber cuál es nuestra capacidad para pagar la deuda nacional. Eso le abriría la puerta al gobierno a tener endeudamiento ilimitado, y eso haría que la calidad crediticia del país decreciera.

Sobre todo, el cálculo del PIB es muy importante para poder comparar la tasa de crecimiento del ingreso del país, y en promedio, de cada uno de sus habitantes, con otros países. Sin esta comparación, no podemos decir casi nada respecto a nuestra capacidad para hacer crecer nuestro bienestar presente (ingreso), y el futuro (riqueza), en comparación con otros.

A nivel regional, importa más la producción de todo tipo de bienes, intermedios y finales. Imaginemos dos regiones. Una tiene nopales y agaves, algunas cocinas y destilerías. Producen nopalitos frescos, mermelada de nopal, y mezcales. Solamente productos de consumo final, que no exportan. Su base de consumidores no crece, y por lo tanto, sus ventas no crecen enormemente año con año. Ahora imaginemos la región dos, que tiene fábricas de autopartes. No producen casi ningún producto de uso final, y solamente un porcentaje mínimo de su producción se consume localmente. La mayoría de las autopartes se exportan a otras regiones del país y a otros países, y con ese ingreso compran comida, energía, y todo tipo de servicios. Su mercado de exportación crece año con año, y su eficiencia también, porque los clientes requieren mayor calidad y menores precios.

La primera región produce más PIB como porcentaje del valor de la facturación de sus empresas, ya que todos sus bienes son de consumo final. La segunda región produce un PIB mucho más pequeño como porcentaje de las ventas. La región uno es productora de PIB, y la dos, de insumos intermedios, que se excluyen por definición del PIB. Pero, los que producen insumos intermedios son más ricos, y hacen crecer su ingreso más rápidamente, que los que producen bienes de consumo final de bajo valor agregado (mermelada de nopal y mezcalito artesanal en pequeñas cantidades). Si no medimos tanto el PIB como la Producción Bruta Total (PBT), nos perdemos una parte de la historia.

Este ejemplo relata las diferencias de ciudades como León, en Guanajuato, e incontables comunidades en el sur de México. Curiosamente, los del Bajío hace 35 años se parecían más al sur, y transformaron sus economías.

En una siguiente entrega platicaremos de qué tipo de políticas crean regiones tipo 1 y tipo 2.

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