Costo de oportunidad

Pensiones, salud, izquierdas y derechas

El debate sobre pensiones, salud y populismo revela cómo izquierda y derecha enfrentan el reto de cumplir promesas viables.

“Me duele la mano, papá”, le dice el hijo de un periodista latinoamericano a su padre. “¿Cuál, hijo? ¿La izquierda, o la extrema derecha?”. Es apabullante escuchar a periodistas mexicanos, colombianos, y de otros países del subcontinente dividido por diferentes versiones de la lengua española, unificarse en vocabulario; llegar a la conclusión de que el adjetivo correcto para modificar el sustantivo “derecha” es “extrema”.

Pinochet era extrema derecha. Bajo esa óptica, Bolívar, San Martín e Iturbide, también podrían calificar como extrema derecha. En Alemania, a la coalición que formó en los años 20 el NDASP y que llevó a Adolfo Hitler al poder en los 30, la califican así, porque los votantes de la derecha fueron los que apoyaron a Hitler. Pero, se les olvida el “Nacionalismo” y el “Socialismo” y los “Trabajadores” que adornaban la descripción del partido. Hitler decía que el adoctrinamiento lo aprendieron de los soviéticos, no de la derecha.

Abelardo de la Espriella es parte de la aristocracia costeña de mi país natal, Colombia. Quizá cometa imprecisiones en mis descripciones de la política colombiana, derivadas de que he pasado cuatro quintas partes de mi existencia en México, y por soy más mexicano que colombiano. Don Abelardo es un abogado que ha defendido narcos y narcopolíticos, incluido un senador en ese momento, acusado de ser el autor intelectual de un magnicidio. Este político tolimense, de nombre Alberto Santofimio, hoy con unos 83 años, presuntamente le dijo a Pablo Escobar en 1989 que Luis Carlos Galán, el candidato liberal, era un “obstáculo para sus negocios”, lo cual llevó al fundador del Cartel de Medellín a asesinar a Luis Carlos. La familia de Galán, fundadores del partido Nuevo Liberalismo, se han distanciado de de la Espriella por esta razón.

De la Espriella argumenta que un abogado tiene que atender a quienes tienen problemas jurídicos, de la misma forma que un médico tiene que atender a los pacientes que llegan heridos de bala a urgencias, sin importar si pertenecen a las fuerzas del orden o son criminales. La plataforma electoral de Don Abelardo está muy apegada al liberalismo clásico, “la extrema derecha” que le preocupa a tanto compañero extrema izquierda periodista militante: protección de los derechos de propiedad, de la vida, y estricto cumplimiento del marco jurídico.

Colombia tiene un déficit del 7 por ciento del PIB, derivado de una reforma de salud hecha por la derecha más recalcitrante (¿ven como hay otros adjetivos, compañeros?), en el gobierno del presidente Álvaro Uribe. Por eso, Espriella promete que reducirá el costo del aparato gubernamental colombiano un 40 por ciento. También, por los serios problemas de violencia y ausencia del Estado, que no se habían vivido desde tiempos del presidente Pastrana (1998-2002).

Sin embargo, los colombianos de derecha consistente (más evidencia adjetivista) son proclives a la reforma de salud que da beneficios a la mayoría, y que Gustavo Petro ha dinamitado tanto como ha podido. Ciertamente, el esquema de salud colombiano tiene mucho que mejorar, pero es mucho mejor que el de la mayoría de los países de la región, incluido Estados Unidos.

En México, las pensiones “generosas” del régimen de izquierda echeverrista (1973) no se van a poder pagar. Sus sucesores de la izquierda morenista (adjetivos, adjetivos), han tenido que endurecer las reglas de regímenes pensionarios generosos, como los de CFE, Pemex, ISSSTE y extrabajadores del IMSS. También, para los pensionados de generación de transición que usaron cooperativas para acceder a pensiones del tope alto mediante la famosa Modalidad 40, han recibido negativas de pensión, dado que no pueden probar haber prestado servicios laborales durante los últimos años de cotización.

La izquierda promete y luego no cumple. La derecha (la extrema, la moderada, la que duele y la que no duele), procura no prometer cosas que no podrá cumplir en el largo plazo. Esa es una lección que los votantes tenemos que aprender.

Los sistemas solidarios no funcionan porque la gente y las empresas encuentran la manera de salirse. Ahora, que los beneficios son en efectivo y de cortísimo plazo, el populismo generoso tiene el efecto de polarizar las elecciones, y lograr votaciones muy cerradas como la de México en 2006 o el de Colombia en 2026.

Antes de calificar a algo o alguien de extremismo, compañero periodista, evalúa tus extremos. Verás que la hipérbole no ayuda en nada a que tu texto sea más leído.

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