A la mejor no estoy trabajando en problemas importantes porque pierdo demasiado el tiempo en cosas como las redes sociales. Hace años, platicando con Duncan Wood, llegamos a la conclusión que las redes sociales son útiles, si sigues a la gente correcta y el algoritmo (o la IA en estos tiempos) te pone a leer cosas interesantes. Esta semana, eso me pasó. Aprendí sobre un seminario que impartió el Dr. Richard Hamming, un matemático que trabajó en Bell Labs al mismo tiempo que genios como Claude Shannon, con quien compartió oficina.
El título de la ponencia es “Usted y su investigación”. Hamming dijo que en sus años en Bell Labs, conoció gente muy brillante; la más inteligente de los Estados Unidos y Europa, y probablemente de los más inteligentes del mundo. Con el pasar de los años, algunos de ellos hicieron cosas que tuvieron un impacto profundo en nuestro mundo, y algunos otros no lograron mayor cosa.
Hamming te preguntaba “¿Cuál crees que sea el problema más importante de tu campo de estudio en este momento?”. Una vez que llegabas a cuál era, quizá después de explorar dos o tres de ellos, Hamming te preguntaba: “¿Por qué no estás trabajando en ese problema?”. La respuesta puede ser variopinta: habrá quien diga que es demasiado difícil, que no es lo suficientemente inteligente para resolverlo; habrá quien diga que las contribuciones importantes a ese problema las han hecho fulano y mengano; habrá quien diga que quizá el problema en cuestión no tiene solución (wicked problem), y que hay que definirlo de manera distinta.
En México, y en América Latina, y en todo el mundo en desarrollo, en mi profesión, la economía, el problema más importante que tenemos es el del crecimiento económico. La generación de riqueza. Es el problema de producir, año con año, excedentes de recursos que, al invertirse, generen de manera autónoma nuevos recursos, reduciendo el esfuerzo y el sufrimiento humanos en el largo plazo. La deuda más grande de los economistas y otros planeadores del desarrollo con los mexicanos es que no hemos podido establecer una economía capitalista exitosa.
No era el tema en el que me imaginé que iba a trabajar como economista cuando era un chamaco. Los fines que me planteaba, y que tenían que ver con las limitaciones de mi propio entorno, eran bastante más modestos. Tener un empleo, ganar lo suficiente. Sin embargo, economistas como Barbara Carrillo, Gonzalo Hernández Licona, y Roberto Newell, me pusieron a trabajar, en distintas épocas de mi vida, sobre distintas versiones del problema de crecimiento económico. Bárbara, es una ingeniera computacional y economista que enseña microeconomía en el ITAM. Gonzalo es un economista especialista en pobreza, que además de educar a cientos de desorientados como yo en el ITAM, fundó el CONEVAL, y ha sido uno de los primeros economistas latinoamericanos en resolver, ya en la práctica, problemas de pobreza, y sacar gente de ese estado entrópico-natural de nuestra especie. Quizá hay mucho que agradecerle a otro economista con el que no trabajé cercanamente, pero que ayudó a diseñar muchas de las estrategias de contención de la pobreza de México. Me refiero a Santiago Levy. Por último, Roberto Newell, fundó el IMCO y nos puso a trabajar a decenas de economistas en el problema de crecimiento económico, hasta el día de hoy, que lo lidera Valeria Moy.
En una de esas, el problema del crecimiento económico es de un tamaño y una dificultad tal que no vamos a poder resolverlo de manera aislada economistas en lo individual. Quizá hay un problema de coordinación. Hace poco, en una charla con mis jefes en la UDLAP, les compartí una idea que me persigue desde hace tiempo. Quizá los mexicanos competimos en ámbitos en donde deberíamos cooperar, y cooperamos en ámbitos donde deberíamos competir. Por eso le picamos los ojos al colega de junto, por rencores menores, y a la vez somos permisivos con problemas sistémicos como el crimen organizado.
Hamming también habla de los hábitos a desarrollar para resolver problemas difíciles. Él le dedicaba todas sus tardes de viernes a pensar en este tipo de problemas y sus soluciones. Una vez que estaba en camino de lograr algo, menciona haber robado tiempo a su familia para trabajar en estos problemas.
Pero, la conclusión es simple. Si los economistas mexicanos queremos dejar huella en el mundo, tenemos que resolver nuestro problema de crecimiento económico. ¿Estás trabajando en este problema? ¿Hay otro que sea más importante?