Estoy en una red de emprendedores llamada NEA (Negocios Entre Amigos), organizada por Rodrigo Llanos, Armando Nuricumbo, Jesús Bush, Mayra Vincent y cientos de empresarios y profesionales. Es un buen foro de discusión y entendimiento de la realidad empresarial, económica y política de México. Muy recomendable espacio.
En NEA, supe de la empresa de Jesús Guzmán y Beatriz Aguirre, un matrimonio que generó trece productos para limpiar desde tus manos, una casa, o una industria, sin usar agua u otros solventes. La solución contiene iones de cobre, plata y zinc ionizados, está protegida por secreto industrial, y ahorra agua, ya que no necesita enjuagarse. La empresa se llama Vida Líquida, y tiene permisos de la Cofepris. Sus productos son sorprendentes. Ellos ubican su invención en el área biotecnológica. De hecho, él agrónomo y ella arquitecta, tuvieron asesoría de una de sus hijas, quien es biotecnóloga, pero la relación contractual con ella tiene convenios de no revelación de secretos. Me llamó poderosamente la atención que una empresa de dos personas, que solamente contrata personal eventual, tenga en mente mecanismos tan sofisticados de administración de riesgos contractuales y de negocio.
Tuve la oportunidad de platicar con Jesús y Guzmán en Puebla, donde está la empresa. Recientemente, estuvieron en Shark Tank y obtuvieron una inversión de Marcus Dantus por 280 mil pesos, a cambio del 20 por ciento de su capital. Francamente, creo que Marcus hizo una gran adquisición de capital en ese programa. Hubo en esa emisión otro “tiburón” que los criticó por el envase plástico del producto. Creo que tienen razón en usar plástico reciclable; la huella ambiental del plástico es menor que la del vidrio, por el peso y el consumo energético, pero eso será materia de otro artículo.
Una de las cosas que les pregunté es por qué un secreto industrial y no una patente. Jesús, quien trabajó en la industria farmacéutica durante casi dos décadas, me explicó que la patente les da solamente 10 años para aprovechar al máximo la invención. El secreto industrial tiene la ventaja que es para toda la vida. El problema con esa filosofía (que es la de la mayoría de los empresarios mexicanos) es que sin patente, no hay mercado para vender la innovación, solamente el producto. Pero Jesús y Beatriz tienen un buen producto, y se ve que estudiaron su modelo de negocio: la Coca Cola es un secreto industrial, no una patente, y es quizás el producto de consumo más exitoso de la historia.
Jesús y Beatriz han construido una base interesante de clientes industriales que necesitan una solución biodegradable, inocua, para limpiar distintos espacios, como fábricas de embutidos, o de textiles. Jesús y Beatriz, con su solución, podrían ahorrar millones de litros de agua que usamos para lavar platos, coches, o cualquier cosa que tenga grasas y suciedad de las que requieren soluciones industriales mucho más potentes.
Cada año trato de escribir sobre cosas que me hayan impresionado mucho. Esta es una empresa que me impactó. Creo que tiene el potencial de ser un negocio muy, muy grande; y como economista que elucubra soluciones para el desarrollo, no dejo de preguntarme qué se necesita para que esta innovación adquiera una escala global. Cumple con lo que piden en Singularity University: su innovación tiene el potencial de impactar la vida de miles de millones de seres humanos, y del entorno natural.
Los gobiernos de este siglo en México, con la excepción del actual, le han invertido mucho al ecosistema de pequeñas y medianas empresas, con métodos relativamente erráticos. Muchos de esos apoyos se convirtieron en beneficencia empresarial que generó utilidades para cámaras industriales, consultores, agregadoras, incubadoras, y otros entes, no necesariamente crecimiento para las propias Pymes.
Tirarle dinero público a la promoción empresarial no es una buena idea, pero usar dinero público para crear innovaciones, sí lo es. Economistas como Mariana Mazzucato o el mexicano Aldo Mussachio tienen razón en que el Estado es un buen socio para la innovación.
Quizá ese debería ser un objetivo explícito de la política pública. Sobre todo, en ciertas invenciones, alguien tendría que poner una oferta en la mesa para que el secreto industrial se convierta en patente y se masifique. Hacer reformas legales para acelerar la adopción de estas tecnologías. Cobrar mucho más por la emisión de aguas grises y negras.
Éxito, Jesús y Beatriz. Éxito, para todos los que tengan una invención así. Y gracias. Los necesitamos.