Costo de oportunidad

Temas pesados y ligeros

Cada peso que perdemos en Pemex lo estamos dejando de invertir en salud, educación y seguridad pública.

Una muy querida amiga judía en México me escribió para decirme que mi comparación de la guerra contra el narcotráfico en México y el conflicto entre israelíes y palestinos está totalmente fuera de lugar. De hecho, me dice que ella ha conocido mucho más que yo del conflicto árabe-israelí por ser muy cercana a él, porque es descendiente de sobrevivientes del Holocausto; y que no se atrevería a escribir al respecto. De hecho, me ha dicho que hay gente de la comunidad judía que está incómoda con mi artículo previo.

Ofrezco disculpas a quien se haya ofendido. Desde mi relativa ignorancia, en ese tema tengo una postura ideológica: Mi solidaridad y simpatía están con Israel, su pueblo y todos los judíos que son el 0.2 por ciento de la población global, y no con el radicalismo islámico. Son una minoría étnica y religiosa amenazada. Igual y mi comparación con el narco en México está fuera de lugar; pero me gustaría tener un Estado que ejerza el monopolio de la violencia en contra de quienes son una amenaza para la vida, la libertad y el patrimonio de la gente de bien. Si alguien del radicalismo islámico se ofendió; qué caray, y qué miedo. Pero, a pesar del miedo, sigo pensando que no tienen por qué imponerle a nadie su forma de vida. Igual que los narcos.

Mi amiga también es muy experta en petróleo y gas. Quizá ya alguien habrá adivinado quién es. No anoto aquí su nombre porque ella no me ha autorizado. Francamente, no sé si estará de acuerdo con lo que voy a escribir. Espero no ofender, ni sobresimplificar; pero ahí te va, querida amiga. Hoy escribo sobre Pemex y la industria del petróleo en México, otro de esos temas en donde he pasado de villamelón a turista informado. Sin embargo, creo que Juan Pueblo y yo tenemos derecho a una opinión, siempre que esa opinión no sea erradicar a los de enfrente, sea porque profesan una religión distinta o porque tienen una idea diferente de organización industrial en el sector energía.

Toda la política de AMLO respecto al petróleo y Pemex es que hay que “rescatar la soberanía” (AMLO dicit per motto societatis). Una idea que también tienen otros países petroleros, como Arabia Saudí, y que podrían tener otros países no petroleros, como Corea y Japón. No sé si los países manufactureros asiáticos pondrían empresas estatales en caso de tener mucho petróleo, pero seguramente buscarían tener campeones nacionales, aunque fuesen privados, vinculados a algún grupo industrial (keiretsu, en japonés o chaebol, en coreano).

AMLO y su gente, incluida Rocío Nahle, y el nuevo secretario de energía, Miguel Ángel Maciel, creen que la exportación de petróleo crudo hace que el valor agregado de esa industria no se quede en el país. Entonces, su estrategia es que no se exporte el petróleo. Lo que quieren es que se quede en México y se procese aquí.

Ayer, en la red social X, dos colegas que también admiro, Sergio Negrete Cárdenas y Gonzalo Monroy, tuvieron algunos intercambios de información de Pemex. Uno de ellos: Maciel presentó una proyección en donde dice que la exportación de petróleo en 2024 ya no será 1.3 millones de barriles diarios (mbd), sino menos de 300 mil.

Si se cumple esa visión, López Obrador será el presidente que más reduzca la exportación de crudo en la historia del país. En la era Fox, un presidente que invirtió un poco menos en términos reales que AMLO en la petrolera, exportábamos 3.1-3.2 mbd.

Dirán algunos lectores, pues qué tiene de malo el planteamiento del tabasqueño. Un par de detalles. Primero. México produce crudo pesado. Ese es mejor que lo refine alguien más. Metiéndole Maya y Olmeca a nuestras refinerías, las estamos destruyendo, y nos estamos quedando con el pasivo ambiental. El segundo tema es más de fondo: Pemex es una empresa ineficiente para refinar. Por eso en ese negocio pierde dinero. Refinar es un negocio intensivo en capital, y Pemex y su sindicato lo quieren como en 1938: intensivo en trabajadores.

No es la primera vez que alguien se los dice. Ojalá (B’ezrat Hashem, diría mi amiga en hebreo, con la ayuda de Dios) fueran un poquito sensatos y no destruyeran valor con recursos públicos, sean presupuestales o sean naturales, como el petróleo. Espero que la historia, o la República, los juzgue. Destruir valor económico es condenar a mexicanos del presente y el futuro a la pobreza. Primero los pobres, sí: ellos serán los primeros en pagar las consecuencias. Cada peso que perdemos en Pemex lo estamos dejando de invertir en salud, educación, y seguridad pública.

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