Costo de oportunidad

El trillonario y la periodista

Manuel J. Molano cuestiona la visión tecnoutópica de Elon Musk y advierte que la IA podría concentrar poder, profundizar desigualdades y cambiar el trabajo.

Vi completa la entrevista que le hizo Zanny Minton Bedoes, editora de The Economist, a Elon Musk. De hecho, expresé mi entusiasmo en la red social X, propiedad de Musk, por Zanny y mi preocupación por la salud mental de Elon, y salió gente a decirme que The Economist es un pasquín, y que Zanny es una vergüenza. Que Elon tiene razón en todo lo que dijo.

Dentro de las cosas que dijo el trillonario, hay locuras puras, aunque no puras locuras. (En realidad no es trillonario; tiene un trillion de dólares, equivalentes a un billón de USD en castellano. La fortuna de Elon es equivalente alrededor del 55 por ciento del PIB de México en dólares corrientes). ¿Por qué es tan rico? Porque es un ingeniero brillante; porque se volvió un eslabón indispensable en el sistema de pagos de Estados Unidos con Paypal; porque hizo realidad la industria del coche eléctrico; porque es el ser humano que más carga ha puesto en el espacio, a partir de su cohete reutilizable; porque el mercado le cree que va a curar la ceguera con implantes neuronales, entre otras cosas; y porque es uno de los principales impulsores del ecosistema de inteligencia artificial. Es decir: es un tipo brillante y excepcional; un Napoleón de nuestro tiempo.

Dentro de las locuras puras: Que la escasez va a desaparecer. Que el dinero ya no importará. Que ojalá los inversionistas institucionales valuaran sus empresas como lo hacen los inversionistas minoristas: con una perspectiva de 10-15 años, no exigiendo retornos inmediatos cada trimestre (mjú). También aprovechó para recordarle a los ingleses que es un furioso antimigratorio, y que cree que el Reino Unido está encaminado a una guerra civil con los musulmanes. La editora de The Economist cerró la entrevista retándolo a hacer un tour por la Gran Bretaña para mostrarle que no es el lugar distópico que él pinta como una cruzada de Mad Max y descendientes de Guillermo el Conquistador contra el califato británico del S. XXI.

Aceptó que su aventura con Trump y DOGE no salió bien. Eso me da esperanza; quizá no está tan loco. El historiador Niall Fergusson dice que estos “techno-bros” son fascistas a la Berlusconi, pero en esteroides. Tomas el poder político para hacerte de monopolios económicos que luego te den más poder político. Es el argumento del amigo y socio de Musk: Peter Thiel, en su libro “From Zero to One”, cuyo argumento es: “¡Claro que queremos monopolios!”.

Dijo que estamos llegando al punto en donde las inteligencias artificiales nos están superando por mucho. Los modelos de OpenAI en estos días resolvieron conjeturas matemáticas que llevaban abiertas mucho tiempo. El matemático Kirwin Hampshire se preguntaba, en un ensayo en Substack, si las empresas de inteligencia artificial quieren, de manera expresa, que se suicide. Elon dijo, en la entrevista, que en muy breve tiempo las inteligencias artificiales ya no recibirán nuestras órdenes, de la misma forma en que nosotros no obedecemos a los changos.

Los economistas estamos en las disciplinas sociales. Podemos discutir si somos ciencia, o humanidades. Tengo amigos que me dicen que somos un culto. No importa. Algo opinamos de esto, igual que el Papa. Francamente, no creo que la escasez (en general) se termine. Sí, cuando los muchachos de Singularity University, Ismail, Diamandis y Malone, plantean sus organizaciones exponenciales, hablan de situarnos en paradigmas de abundancia, no de escasez. Lo entiendo, si estamos hablando de cómo la fotografía digital se comió a la tradicional. Pero, no se acabará la escasez, porque todavía habrá ciertas cosas con un precio relativo muy alto. Alguien querrá el clavecín donde tocó Mozart una tarde, y ese será escaso y caro. Alguien no tendrá acceso a la tecnología de inteligencia artificial y entonces no podrá ganarse la vida.

Es posible que regresemos a los oficios manuales. Esos donde importaban ciertas habilidades, pero donde privaban la incertidumbre, el hambre, y las jornadas largas; donde tu aportación de valor a la economía era fuerza motriz, no conocimiento.

En esto, sorprendentemente, Musk suena sensato. Dice que tiene días en los que es entusiasta de estas nuevas tecnologías, y días en donde es abismalmente pesimista.

Los locos tienen sus etapas lúcidas. Estar loco no es grave; parecer sí lo es, porque te encierran. Él no parece tan loco, y nadie lo va a encerrar porque es rico. También, tristemente, es quien decidirá el futuro de muchas generaciones hacia adelante, y me temo que no se la pasarán bien.

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