La comentocracia tiene problemas en estos tiempos. Ya no son suficientes las columnas en las que los analistas nos quejamos de los grandes problemas. La gente espera soluciones. O al menos eso piensa Don Ángel Verdugo, quien fustigó fuertemente a Jorge Suárez-Vélez en esta semana, debido a la columna del segundo en Reforma la semana pasada, en donde dice que Estados Unidos y México tienen que trabajar en educar a los migrantes para que se integren a las cadenas de producción de Norteamérica. Bueno, ese es mi resumen libre.
Es curioso, porque a Don Ángel nunca lo he visto proponer. Normalmente está quejándose. Muy parecido a la Dra. Dresser. A pesar de sus quejas, tanto Dresser como Verdugo tienen un público más amplio que el de muchos analistas político-económicos. Quizá, entonces, el público no quiere soluciones; quiere analistas que le den voz a sus quejas y lamentos, como Dresser, como Verdugo.
No me imagino que ninguno de los dos lea mis columnas, pero bueno. Se me ocurre una propuesta de política pública para migración, drogas y armas. Espero poder explicarla adecuadamente en los 4 mil 500 caracteres con espacios que me da mi casa editorial, El Financiero.
Me considero liberal. Creo que el joven venezolano o nicaragüense que camina por estas tierras mexicanas, camino a Estados Unidos, tiene derecho a hacerlo. También creo que la guerra contra las drogas es una guerra fallida; y estoy convencido de que las armas no matan gente; a la gente la matan otras personas usando armas. Por ello, sí soy un convencido de que el Estado de derecho, el cumplir las normas, y los consensos sociales alrededor de ellas, son muy importantes.
La postura hacia la migración debe ser parecida a la de Estados Unidos. México no debería estar peleado con que haya migrantes en México, aunque sea de paso, siempre y cuando hayan ingresado a México legalmente. El procedimiento que debería seguir el Instituto Nacional de Migración con los migrantes, en lugar de una madriza y una extorsión, debería ser el siguiente. Primero, indagar si el migrante entró legalmente a México. Si no es el caso, se debe hacer acreedor a una multa, y ya hay un 50 por ciento de argumentos para deportarlo a su país de origen. Lo segundo que deberíamos preguntarle al migrante es si quiere pedir asilo o refugio en México por estar huyendo de la violencia política o social en su país. Si la respuesta es que no, y que como dice Verdugo, no quiere trabajar en un rastro de pollos en Celaya sino ser taxista en Nueva York, entonces hay que deportarlo de vuelta al país de donde haya venido.
Se preguntará usted, con qué dinero. Bueno, ahí creo que tenemos que cobrarle al país de origen la repatriación de su paisano. Si la hacienda pública mexicana no puede financiarlo, podemos pedir asistencia a los estadounidenses, quienes seguramente nos ayudarán con eso; pero tenemos que generar una cuenta por cobrar al país de origen y hacerla valer. Si no paga, quitarle activos a ese Estado en Estados Unidos o en México, o en últimas, activos a sus nacionales.
Con las drogas y las armas, tenemos que hacer parecido. Lo mandamos de vuelta al país de origen y les pasamos la cuenta. Fentanilo y precursores, de vuelta a China. A Joe Biden, las pistolas implicadas en crímenes en México, y que le iniciemos causas penales a los vendedores y dueños registrados de esas armas en Estados Unidos. La cuenta de los litigios que resulten, también podemos cobrársela a los países de origen. Aunque no nos quieran pagar, es importante hacerlo.
Estas son tres chambas que el gobierno hoy no hace. La pregunta ahora es ¿qué hacemos con nuestras propias armas, delincuentes, precursores químicos y funcionarios públicos corruptos? Esos, ¿a quién se los mandamos? Pues a sus mamás, con una tobillera electrónica, con restricciones a sus libertades. Así cerramos tanta cárcel donde solamente se planean nuevos crímenes.
Para todo eso, necesitamos voluntad política. Líderes que le quieran entrar a los temas en serio. Y ya en serio, de esos no tenemos.
Entonces mejor imitaré a mis pares más exitosos de la comentocracia. Le haré como Brozo, Loret, Dresser o Verdugo. Me quejaré sin proponer nada. El déficit de voluntad política de México no tiene solución, y debido a él, aunque tengamos mejores soluciones que las aquí esbozadas, no vamos a poder resolver nunca nada.
Mi solidaridad con el pueblo israelí, mis amigos judíos y todas las víctimas de los delincuentes, sicarios y terroristas del planeta. No hay agravio histórico que merezca quitar la vida a tantos inocentes.