Costo de oportunidad

Pugilismo petrolero

Pemex es un hoyo donde se está yendo dinero que necesitamos en salud, educación y seguridad pública. Los ciudadanos necesitamos voz en el Consejo de Administración de la petrolera.

El lunes, Enrique Quintana escribió aquí en El Financiero que quizá Pemex no tenga solución. Estoy convencido de que no la tiene. Enrique dice que tendría que cerrar algunas refinerías. Yo creo que tendría que cerrarlas todas; incluso Dos Bocas. También tendría que cambiar el modelo de gobernanza corporativa y su relación con el sindicato. La pregunta es si estas cosas son viables políticamente hablando, y más en el México de Andrés Manuel López Obrador y sus potenciales sucesores morenistas. Quizá la respuesta es que es difícil; pero también que la política es el arte de hacer posible lo deseable.

En el artículo de Enrique Quintana cita un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad, que estima que la Federación le ha entregado a la empresa improductiva del Estado 908 mil millones de pesos, solamente en el primer semestre de 2023. Eso es casi el 11 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación para el año en curso. Números gruesos, el gobierno federal estimaba destinarle en el año casi un billón y medio de pesos al “fortalecimiento” del sector energético. Si en el primer semestre del año, ya se le entregaron casi dos terceras partes de esos recursos solamente a Pemex, esto debería señalarnos que los problemas de la empresa van más allá de la liquidez, y son de una profunda falta de viabilidad.

Antes, dos semanas atrás, hubo un bulo, una noticia falsa, un borrego, sobre una presunta renuncia del agrónomo Octavio Romero Oropeza a la dirección de Pemex, quien rápidamente aclaró que está “firme en su encargo”. Una fuente enterada del tema me comentó que el borrego surgió del sindicato, y que esa institución espera poder reemplazar a Romero por uno de los suyos.

Hay quien dice que la elevada influencia que tienen los sindicatos en las empresas improductivas del Estado son como la “iglesia en manos de Lutero”. Hacer a Martín Lutero en vida patriarca del catolicismo hubiera planteado serios problemas; por eso fundó la empresa luterana.

En esta columna no estamos peleados con que el Estado tenga su empresa nacional de hidrocarburos (NOC, les dicen en la prensa anglosajona, por el acrónimo en inglés). Tener una NOC no es tradicionalmente un problema, porque el petróleo genera utilidades casi en cualquier caso. Nuestra Pemex es un caso raro de una NOC que está generando pérdidas. La discusión de cómo nos repartimos “las ganancias” del petróleo es absurda en esa situación.

El Estado tiene que cortar sus pérdidas. Un consultor de negocio les diría que hagan una división entre el Pemex que es rescatable y el que tiene que morir. El que puede sobrevivir es el que extrae petróleo de la tierra y que tiene los mejores yacimientos en aguas poco profundas y en superficie terrestre. El otro Pemex, el que esperábamos que refinara, tiene que morir, porque nuestra burocracia sindicalizada, esclerósica, enquistada y petrolera, sobreestima la utilidad que puede resultar de la integración vertical de la empresa, y no tiene lo necesario para que la empresa refine combustibles eficientemente.

Economistas muy respetados de la izquierda, como Gerardo Esquivel, en su momento dijeron cosas como “si otros ganan dinero refinando, ¿por qué Pemex no lo haría?”. La pregunta parece retórica; pero es como preguntarse: ¿si otros seres humanos han sido campeones de boxeo de pesos pesados, por qué Manuel Molano no podría hacer lo mismo? Un luchador de ideas podría luchar con los puños; una extractora de petróleo podría producir gasolinas y diésel rentablemente.

No solamente las probabilidades de este economista en el pugilismo de pesos pesados serían malas, porque no tengo el peso, la constitución física, la resistencia a los golpes, la edad ni el entrenamiento para lograrlo. La pregunta relevante es si esa es una meta que vale la pena para mí. A la mejor es muy importante para Canelo Álvarez, quien tiene lo necesario; y aún así es difícil para él. ¿Realmente Pemex tiene una oportunidad en el negocio de la refinación, y si la tuviera, para qué queremos participar ahí? Las utilidades no son tan buenas como se imaginan los morenistas y los sindicalistas.

Rocío Nahle convenció al presidente de que Dos Bocas sería un salvavidas para Pemex. La realidad es que es un hoyo donde se está yendo dinero que necesitamos en salud, educación, y seguridad pública. Estos tres rubros suman alrededor de medio billón en el presupuesto de este año. ¿De verdad le vamos a entregar el triple a Pemex? Los ciudadanos necesitamos voz en el Consejo de Administración de la petrolera, que sea tan fuerte como la del sindicato.

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