“Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero”, decía José Alfredo Jiménez. La realidad es que no. Cuando no tenemos dinero, ni ahorros, ni nada que vender, tenemos que trabajar. Hay a quien le enoja; hay a quien le gusta. Cuestión de enfoques y gustos, pero también de la naturaleza de tu trabajo y cuánto paga.
Hay mucha gente muy enojada en México hoy en día. No es para menos. La criminalidad y delincuencia están desatadas, el gobierno no hace mucho por asegurar la vida y el patrimonio de las personas, y a pesar de que la economía está creciendo, la inflación y un mercado laboral apretado, hacen difícil a la gente llevar más dinero a su casa para su familia.
Los debates del Frente Amplio por México han sido reflejo de esta situación. El tercero y más reciente, del fin de semana pasado, moderado por la maestra Valeria Moy del IMCO, y el comunicador Ezra Shabot, ha dado mucho que comentar. El doctor Macario Schettino, en uno de sus video blogs, lo resumió bien. Santiago Creel no apareció fuerte en el debate porque de economía no sabe mucho. Beatriz Paredes sigue atrapada en los muros ideológicos de la Confederación Nacional Campesina y el PRI de los años 70, y solamente Xóchitl Galvez tenía una noción moderna de la economía de México y los retos que representa para las personas, las familias y las empresas.
Sin embargo, Xóchitl también apareció en videos posteriores descolocada, enojada, frustrada, porque hizo un comentario en el debate sobre la escasa disposición cultural de la gente del sur de México y la península de Yucatán para trabajar ocho o nueve horas diarias seguidas en empleos fabriles, y ese comentario se ha sacado de contexto. Han resurgido en redes comentarios antiguos y desafortunados de Samuel García, el marido de Mariana y gobernador de Nuevo León, donde dice que los del norte trabajan, mientras los del sur descansan. Los incumbentes morenistas disfrutan esta absurda discusión como reflejo del “clasismo” en el Frente.
Habría que decirle a los candidatos, comentaristas, y a todo México en general, que mejor no nos enojemos. El que se enoja pierde. Se los dice un enojón que ha perdido varias veces.
Los ánimos crispados son comprensibles. Hay mucho en juego en la siguiente elección del 2024.
Regreso al comentario de Xóchitl. La gente es racional. Si el salario no cubre el costo de oportunidad de las personas, ellas deciden no tomar un empleo, y trabajar por su cuenta.
Lo mismo pasa con la decisión de trabajar en el sector formal o en el informal. Santiago Levy dice que todos valuamos de manera diferente los servicios que recibimos a cambio de nuestros impuestos. No debería sorprendernos que la gran mayoría de la fuerza laboral mexicana decide ser informal porque siente que no recibe nada a cambio de sus impuestos.
¿Racionalidad limitada? Ese es el eufemismo que usamos los economistas para decir que la mayoría de la gente común somos tarugos. Quizá. Pero, también hay que entender a la gente más pobre de México: si no tienes para comer hoy, tener un seguro médico no tiene mucho sentido. Una pensión para el retiro dentro de 40 años es un sueño guajiro.
No creo que la explicación sobre las preferencias laborales de los mexicanos del sur tenga que ver con la cultura. Sí tiene que ver con los conocimientos necesarios para desempeñar un trabajo, y las preferencias de las personas. Estoy seguro que los trabajos eventuales en el comercio informal y el turismo son una opción racional para quien la toma. Si queremos que hagan otras cosas, habrá que darle a la trabajadora mexicana y a su hermano herramientas educativas para tener mejores probabilidades de éxito, y pagarles lo que les corresponde.
Me regreso a Santiago Levy, y la propuesta de reforma al estado de bienestar mexicano que este extraordinario economista mexicano ha promovido durante al menos 15 años. La dependencia del derecho a la salud del estatus laboral de las personas, ha destruido los incentivos hacia el emprendimiento formal y de alto valor agregado. Los mexicanos que más han estudiado, que tienen capital, deberían estar emprendiendo en el sector formal, creando empleos, no lo hacen, por una razón muy simple: la probabilidad de destruir el capital es muy alta.
Entonces no hay empleos para los más pobres, y los mandamos a emprender, en sectores de bajo valor agregado como el comercio informal, y en condiciones muy precarias. Hemos creado, si no un mundo al revés, sí un México al revés, al menos en lo laboral.
Los candidatos a la presidencia de la República no deberían ofrecer la creación de empleos. Al final, las horas trabajadas son un costo para la economía. Cada hora que pasamos trabajando sin generar valor, es una hora que desperdiciamos y que no pudimos aplicar a educar a nuestros hijos, a cuidar a nuestros viejos y enfermos, o simplemente disfrutar la vida.
El trabajo tiene que ser productivo. Los políticos deben ofrecer condiciones para que el mercado laboral funcione sin fricciones y distorsiones, como las que el doctor Levy ha descrito durante las últimas dos décadas, que obligan a los mexicanos a dedicar altos esfuerzos a actividades y sectores que los recompensan mal. Ser el país que más horas trabaja al salario más bajo en la OCDE, no debería ser motivo de orgullo, y sí de preocupación.