Costo de oportunidad

Vehículos recesivos y electorales

La felicidad de los más pobres sí determinará el sentido del voto, por el ingreso que reciben a través de los programas sociales.

El Financial Times, hace unos días, publicó un editorial titulado “The waiting game: Is the US economy finally starting to crack?”. Le ruego a los lectores perdón por el anglicismo, pero el juego de palabras es interesante. La Reserva Federal, en su esfuerzo antiinflacionario, está teniendo éxito en romper (crack) la espiral inflacionaria. Sin embargo, también la economía americana puede estarse resquebrajando (crack) como producto de ese proceso.

Un indicador que los economistas americanos están observando, de acuerdo al artículo del mencionado diario británico, es la actividad económica en un condado del que se oye poco: la ciudad de Elkhart, en Indiana. Elkhart es famosa porque es la capital mundial de los vehículos recreacionales, o casas rodantes. Michael Hicks, profesor de economía en Indiana Ball State, dice que las casas rodantes son mejores para predecir las recesiones que los economistas, porque es un activo caro, que típicamente se financia con deuda, y que es muy sensible a la tasa de interés y a la capacidad de pago de los hogares (disposable income, en inglés, refiriéndose al dinero que se puede tirar en cosas no esenciales).

Al parecer, las ventas de casas rodantes han caído, las entregas de ese tipo de activos también, y la actividad económica del condado de Elkhart, con seis meses de atraso, al cierre de 2022, también ha tenido una caída. Hicks, con este peculiar método, pronostica que Estados Unidos crecerá máximo en medio punto porcentual en 2023, pero que también es probable una contracción de medio punto porcentual en el PIB americano en este año. Las adquisiciones de otros bienes de capital, y la capacidad de los consumidores para enfrentar emergencias, podrían ser otros indicadores que refuerzan esa conclusión.

En México, las cosas parecieran ir relativamente bien. El INEGI publicó el día 9 de junio su indicador mensual al mes de abril de la actividad industrial, la cual, de acuerdo con la cifra del Instituto, creció 0.4 por ciento a tasa mensual y 1.6 por ciento respecto a su nivel de hace un año. Suponiendo que se dé el escenario de recesión americana en 2023, los efectos en México se sentirán hasta 2024, ya que nuestro ciclo es sensible al de nuestros vecinos y socios ricos, pero con dos trimestres de retraso.

El presidente mexicano, a pesar de estar distraído por el inicio de la sucesión presidencial, está contento porque la inflación está cediendo en México. También parece orgulloso por la apreciación cambiaria; ciertamente, un tipo de cambio debajo de 17.5 pesos por dólar es algo impactante e inesperado. Soy neutral respecto al tipo de cambio, porque implica que los consumidores mexicanos ganamos poder adquisitivo para comprar bienes y servicios en el mundo, lo cual nos ayuda a paliar, aunque sea de manera parcial, los efectos de la inflación en nuestros bolsillos. Sin embargo, el peso fuerte no es una noticia tan feliz dado que encarece los bienes y servicios que producimos para el mercado global, lo cual debilita nuestra economía manufacturera de exportación, motor importante del crecimiento nacional.

Una economía mexicana en recesión en 2024, en plenas elecciones, puede ser un indicador que cambie los resultados electorales de ese año. Sin embargo, la mayoría de las familias no le entiende al dato de crecimiento. Es más probable que midan su bienestar con el efectivo en la bolsa para gasto discrecional, y muy seguramente, mucha población urbana y votante, hoy tiene más ingresos. Habrá que esperar a la publicación de la ENIGH 2022, pero ya algunos investigadores, como Viridiana Ríos, han confirmado con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que los subsidios están llegando a hogares pobres en una cuantía sin precedente.

Si el abstencionismo de las clases medias en el Estado de México se traslada a la elección presidencial de 2024, el bajo crecimiento no va a importar en la elección. La felicidad de los más pobres sí determinará el sentido del voto, por el ingreso que reciben a través de los programas sociales.

Quien quiera que gane la elección va a tener que pagar las cuentas. Para 2024-25, tendremos una economía débil, por la combinación de recesión americana, tipo de cambio apreciado, y nuestros esfuerzos por espantar inversionistas y desaprovechar el nearshoring. La debilidad económica se traducirá en menos recaudación, y como no habrá guardaditos ya en ningún cajón gubernamental, quien reemplace a López Obrador tendrá que acudir a los mercados de deuda, o reducir el gasto clientelar.

Corcholata o candidato, quien gane, se lleva el tigre de la rifa.

El autor es profesor de economía en el Tecnológico de Monterrey, y consultor independiente.

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