Costo de oportunidad

Naturalmente artificial

ChatGPT es extraordinario en sus respuestas sobre programación, ‘software’, tecnología y sobre sí misma.

Seguramente le pasa como a mí; seguir la conversación tecnológica se está convirtiendo en un reto, a pesar de que toda mi vida me he considerado un entusiasta de la tecnología, desde Atari en los 80 hasta Apple y Linux hoy.

En Twitter y otras redes sociales, todo el mundo habla de las capacidades de ChatGPT, un robot de inteligencia artificial programado para tener conversaciones y dar información sobre diversos temas. De acuerdo con diversas fuentes, entre ellas la agencia de noticias Reuters (ahí se nota que somos de la vieja escuela), ChatGPT es la primera aplicación tecnológica en alcanzar 100 millones de usuarios en dos meses.

La empresa que lanzó ChatGPT se llama OpenAI. De acuerdo con el portal Crunchbase, la empresa ha obtenido 11 mil millones de dólares de fondeo en seis rondas de capital; la más reciente de enero de este año. De acuerdo con la información de Crunchbase, los inversionistas son Microsoft, Bedrock Capital, Sequoia Capital, Andreessen Horowitz, Tiger Global Management, Matthew Brown Companies, Khosla Ventures y Reid Hoffmann Foundation. En la ronda de capital presemilla obtuvieron fondos de Y Combinator, una aceleradora de negocios creada por Trevor Blackwell, Paul Graham, Jessica Livingston y Robert Morris.

ChatGPT es extraordinario en sus respuestas sobre programación, software, tecnología y sobre sí misma. Por lo que sé, fue entrenada con un conjunto de datos limitado. Yo le hice tres preguntas, una de química, una de mecánica automotriz y una de econometría: cómo hacer jabón de castilla, cómo reconstruir el carburador de un Volkswagen 1969, y cómo correr una regresión de diferencias en diferencias en el paquete estadístico R. En las tres cosas, dio respuestas bastante buenas y razonables. La Gaceta de la UNAM la entrevistó en español, y la entidad dijo cosas interesantes sobre los riesgos de la inteligencia artificial y las ventajas que puede representar para la humanidad.

El éxito de ChatGPT en su etapa de prueba llegó al mismo momento que las empresas tecnológicas en los Estados Unidos estaban despidiendo personal en números masivos. También Crunchbase reportó hace cinco días que en lo que va de 2023, los recortes de personal de las empresas tecnológicas en ese país llegan a 66 mil. Sin embargo, la cifra de empleos del sector tecnológico no parece moverse demasiado. La autoridad en información de estadística laboral en Estados Unidos es la Oficina de Estadística Laboral (BLS, por sus siglas en inglés). Al 3 de febrero, según BLS, la tasa a la cual crecen los empleos en ese sector parece haberse desacelerado levemente, pero sigue siendo una fuente de empleo robusta que le da trabajo a 2.49 millones de estadounidenses. Los 66 mil layoffs de las grandes tecnológicas son una vacilada comparada con el tamaño del empleo en ese sector.

Es posible que tecnologías como ChatGPT, en lugar de reducir el empleo en los sectores tecnológicos, lo incrementen. Son una forma de romper ciertos monopolios de expertos. Si alguien es el impulsor de un desarrollo computacional muy complejo, previsiblemente requerirá expertos en diferentes temas relacionados a su desarrollo. Estos expertos tienden a construir monopolios y oligopolios temáticos. En la medida en que la inteligencia artificial nos ayuda a descifrar las complejidades de esos temas y hacerlos más accesibles a otros programadores, hay más competencia y los costos pueden reducirse de manera importante.

Los luditas, en la Inglaterra de la Revolución Industrial, pensaron que el telar mecánico desplazaría a todos los trabajadores. La realidad es que eso no ocurrió; solamente el mercado laboral cambió. Keynes también predijo (erróneamente) que eventualmente el trabajo desaparecería. Nada similar ha ocurrido; la mayoría de la humanidad sigue vendiendo su tiempo y esfuerzo a cambio de un salario, o emprende por su cuenta y transforma su tiempo ocioso en bienes y servicios que, después de intercambiarse en los mercados, se convierten en dinero.

Si lo pensamos más allá, 11 mil millones de dólares no son tanto dinero. Vivimos en un país donde el gobierno invierte mucho más en trenes (tecnología de transporte del S. XIX) y en petróleo (tecnología energética de principios del S. XX). No nos debe sorprender si al cabo de pocas décadas, nuestro país parece atrapado entre el S. XIX y el XX, mientras que otros países desarrollan tecnología del S. XXIII, 177 años antes de que llegue. Igual que Buck Rogers en el S. XXV, nos vamos a sentir muy solitos.

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