Costo de oportunidad

Aeropuerto regional

Sería ideal subirse a un avión en el Bajío y estar en menos de dos horas en Puebla, a un costo razonable. Eso sí sería una transformación de la vida de los mexicanos.

No lo escribo con afán de burlarme del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, aunque la narrativa política alrededor del mismo sí sea una burla. No se trata de hacer sorna de la vendimia en mantas en el piso. No es propósito mofarse de los tanques de gas LP conectados a anafres adentro de la terminal, con un criterio muy laxo de seguridad aeroportuaria. Tampoco se trata la columna del elevado costo por slot de ese aeropuerto, cuyos montos de inversión están subestimados por los costos de oportunidad de los factores e insumos utilizados en su construcción. ¿Cuánto vale el tiempo de un militar en nuestro México atribulado por la violencia? El acero y materiales canibalizados del NAIM Texcoco no tuvieron un costo cero, pero tampoco es sobre eso esta columna.

Ni siquiera es la columna sobre el gusto por lo naco, lo kitsch para no decirle naco a lo naco. De eso pueden nuestros lectores recibir información abundante de gente que se dedica a temas de buen gusto, como los arquitectos. No es, querido lector, una columna con datos ingenieriles sobre los falsos cimientos del AIFA que no aguantaron un asta bandera, ni es tampoco una columna pletórica de datos sobre las inconveniencias de operación de un aeropuerto junto a un cerro, y si las rutas aéreas que lo conectarán a otros aeropuertos del mundo están establecidas y certificadas. Tampoco escribiré aquí sobre el uso electorero de la obra para apuntalar al partido oficial y del gobierno ante la revocación de mandato. De eso deberían escribir políticos de oposición. De aquello deberían escribir artículos académicos los politólogos y sociólogos. No es tampoco esta columna el refugio de urbanistas y ecólogos abogando los primeros por una mejor conectividad carretera urbana para el novel puerto aéreo, o clamando los segundos por un alto a la expansión de la mancha urbana.

Tampoco es esta columna sobre los costos económicos elevados de la cancelación de NAIM o la posibilidad de retomar la obra en el futuro. No se trata esta columna de escribir sobre los efectos deletéreos que tuvo la cancelación de la opus magna de Peña Nieto sobre la confianza de los inversionistas, la caída de la formación bruta de capital fijo, y el deterioro del crecimiento nacional. Sobre todo esto, ya quienes recorren las páginas de El Financiero han leído mucho.

Entonces, ¡esta columna no es nada!, clamarán los vociferantes defensores del gobierno, quienes ven en la menor crítica una fisura en los criterios unificados de las democracias neosoviéticas latinoamericanas. Una irreparable grieta en el idilio entre el líder, personificación del pueblo, y su pueblo. Pero sí es; esta columna es una propuesta de política aeronáutica.

Basta de bardos cantando la saga de Andrés, el flagelo de los corruptos. Hay una posibilidad de uso útil para el Felipe Ángeles. El desarrollo de la aviación regional. La zona urbana de la CDMX está saturada en exceso de tránsito terrestre. Tiene problemas de contaminación del aire por las necesidades de millones de capitalinos y habitantes de la periferia por desplazarse de un lado a otro.

AIFA tiene una tarifa de uso aeroportuario baja. Si la apuesta de Jiménez Espriú, que compró el bienamado líder, es que México necesita aviación regional, aeropuertos más pequeños y descentralizados, pues hay que desarrollar esa posibilidad.

AIFA puede ser el hub aeronáutico que ponga un puente aéreo entre AICM y su novísima infraestructura aérea. De ahí, imaginamos vuelos de altura media, con aeronaves de hélice que no vuelen en la altura y el espacio de los aviones grandes e internacionales, para conectar un circuito en dos sentidos: AIFA–Puebla–Cuernavaca–Toluca–Querétaro–AIFA. AIFA–Querétaro–Toluca–Cuernavaca–Puebla–AIFA. La columna vertebral: AIFA-AICM-AIFA.

Un trayecto de Puebla a Toluca puede tomar 5 horas o más en el tráfico. Un trayecto Cuernavaca Querétaro puede tomar un tiempo similar. Este circuito podría completarse en menos de dos horas, rodeando la ciudad y los volcanes.

Si eventualmente recuperamos NAIM, y se cierra el AICM, que era el plan original, ese circuito regional podría quedarse.

El pueblo que gusta de comer tlayudas en aeropuertos no necesita viajes internacionales. Necesita poder producir en Puebla y vender en Querétaro o Toluca, sin tener que hacer un recorrido por tierra invirtiendo la mitad de un día. Una región así, en Europa, Estados Unidos y Australia, estaría conectada y los boletos de avión no costarían más de 150 dólares para el tramo más largo.

Ojalá nadie piense que los vuelos a Caracas son en serio. Lo ideal sería subirse a un avión en el Bajío y estar en menos de dos horas en Puebla, a un costo razonable. No sabemos si eso sería una cuarta, pero sí sería una transformación de la vida de los mexicanos.

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