Costo de oportunidad

La guerra

Imponer una narrativa es importante porque, como bien menciona Yuval Noah Harari en ‘The Guardian’, los países se construyen sobre historias.

La lectura de los periódicos hoy difícilmente puede tratar de un tema distinto al de la violencia. La de Ucrania bajo el ataque ruso, y la de Michoacán, cuando un grupo de sicarios convirtió una calle en patíbulo.

En Europa, el Estado de un país decide desconocer al estado vecino. A pesar de tener un pasado común, a pesar de los lazos históricos y humanos, el dictador Putin decide enviar al ejército de su país en contra de Ucrania. Llama drogadictos a los ucranianos. Llama nazi al presidente Zelensky, un judío nieto de un sobreviviente del holocausto.

Imponer una narrativa es importante porque, como bien menciona Yuval Noah Harari en The Guardian, los países se construyen sobre historias. Dice Harari, Putin ya perdió la guerra. Ni sus paisanos se creen que lo que está haciendo en Ucrania es algo bueno. El golpe de las sanciones internacionales a Rusia será importante. Aunque tengan petróleo y reservas de oro, necesitan el sistema financiero global, acceso a los mecanismos de pagos y acceso a sus reservas internacionales.

Nuestros spin doctors nacionales parecen rusos, por la narrativa que han elegido para referirse a los hechos de violencia reciente en Michoacán. No hay alguien que le diga al presidente que el problema del Cartel Jalisco Nueva Generación no es el branding que enloda el nombre de ese Estado.

Tenemos que aceptar que la estrategia para controlar la violencia, en México y en el orden internacional, es equivocada. No hay manera de lidiar con matones de barrio como Putin, o como cárteles violentos, ignorándolos y pensando que finalmente llegará el día en que se comporten. En la situación europea, y en la nuestra propia, hay muchos aprendizajes para México.

Primero, se tiene que defender un mundo construido con base en reglas. El Estado tiene que velar porque el marco jurídico se cumpla; en la calle, en los mercados, en la geopolítica. Donald Trump mandó la señal que el orden global construido con base en instituciones no servía, y abrió la puerta para que un autócrata ruso decidiera hacer una maniobra napoleónica. Andrés Manuel López Obrador mandó la señal de que las instituciones del orden pospriista no estaban ahí para favorecer a las mayorías, y procedió a su demolición. Nos quedamos sin las instituciones imperfectas y corruptas, y estamos a la merced del albedrío de nuestro presidente. Ojalá no aprenda nada del tirano Putin. Ojalá se retire en 2024 y no decida manipular la política mexicana desde La Chingada, su terruño de dicente nombre.

Otro aprendizaje es que no hay recursos naturales suficientes para mantener a un país en la autarquía. Rusia es un país que quiere comprar lujos para su clase privilegiada con su gas. Sin la comunidad internacional, los plutócratas rusos no pueden hacer del mundo su parque de diversiones. En el mundo actual necesitamos unos de otros.

Lección tres: Rusia es el modelo que debemos seguir si queremos una economía capitalista de compadres, donde solamente unos pocos tienen oportunidades para hacer fortuna. El orden político centralizado, como el que practica Putin, como el que deseaba Trump, como el que anhela Andrés Manuel, favorece estructuras monoligopólicas en donde pierden los más pobres, los consumidores, y que generan subdesarrollo. El error de la transición democrática de México iniciada en 2000 es que no se logró romper con estructuras de centralización del poder económico construidas con inspiración soviética. Grandes sindicatos y pequeños grupos de poder económico y político siguen partiendo el queso en México y en Rusia. Mientras eso continúe así, ninguno de los dos países tiene futuro.

El PIB de Rusia es apenas 38 por ciento mayor que el de México. El ingreso per cápita es apenas 20 por ciento superior. Nuestra base comercial y manufacturera es mucho más avanzada que la de los rusos hoy. Estamos mejor integrados a las economías de mercado del Norte de América, como Estados Unidos y Canadá. Aún así, es inconcebible imaginar que México quisiera ser una potencia militar que invadiera países centroamericanos y del Caribe.

Ucrania tiene un PIB menor al 11 por ciento del de Rusia. El ingreso per cápita en Ucrania es apenas el 37 por ciento de los rusos. Por ello, la comunidad internacional debe pronunciarse en contra de del abuso contra países pequeños y pobres. México, en el Consejo de Seguridad de la ONU, debe tomar una posición dura en contra del totalitarismo ruso. En nuestra política interna, no debemos emular al águila bicéfala rusa. A lo mejor por tener dos cabezas, no pudo decidir cuál es su lugar en un mundo civilizado.

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