Costo de oportunidad

Gobiernos eficientes (parte III)

Para resolver algún problema con la autoridad, siempre es necesario contar con el apoyo de alguien que conozca la estructura burocrática específica, o que conozca al funcionario.

Seguramente la experiencia que voy a relatar le ha ocurrido a más de una persona en México. No es difícil que ocurra. No vamos a mencionar ni a los estados ni a las empresas involucradas, porque no tiene caso. No se trata de quemar a particulares ni a gobiernos locales, que en algunos casos han sido eficientes en resolver esta situación.

El autor de esta columna tiene un coche del año 2016. Lo compró cuando era nuevo, mediante un crédito bancario. En algún momento, durante el año pasado, se le hizo buena idea venderlo. Para ello, fue a las oficinas de una empresa, un unicornio mexicano, que compra coches a buen precio. Hasta ahí todo bien.

En este lugar, nos enteramos de que al coche le había salido un clon en otro estado. En el Registro Público Vehicular aparecía como dueño el que firma esta columna, pero tenía un número de placas de esa otra entidad. Nunca hemos tenido domicilio ni asunto alguno en ese estado. Esa parte, gracias a las gestiones de un buen amigo, se solucionó. Esto también es increíble. En México, para resolver algún problema con la autoridad, siempre es necesario contar con el apoyo de alguien que conozca la estructura burocrática específica, o que conozca al funcionario. No es imposible adivinar por qué el tráfico de influencias es generalizado. En este caso, basta decir que no fue necesario dar dinero a ningún funcionario.

La cosa no para ahí. Se expidieron los oficios, se cancelaron las placas y adeudos apócrifos. Quiero pensar que a la persona que hizo esto la persiguieron, aunque nunca lo sabré. Una vez corregido el REPUVE, cosa que hacen empresas privadas, vaya uno a saber bajo qué reglas o lineamientos, hicimos un segundo intento de vender el auto a través del unicornio. Ahora, encontraron otra complicación: al coche le salieron adeudos de tenencia en otro estado, en el cual no tengo domicilio, cercanía o asunto alguno. Esto sí es posible transparentarlo: el vehículo está registrado en la Ciudad de México, por varias razones. La primera, porque ahí tenía mi domicilio cuando lo compré. Segundo, porque mi actividad laboral ocurre en la Ciudad de México. El coche ha pagado sus tenencias y refrendos en DF y CDMX, pero aún así, otro estado vecino reclama impuestos sobre ese vehículo.

El coche salió de la agencia con un permiso para circular de ese estado. La agencia me ofreció un servicio de emplacado, el cual pagué, porque soy alérgico a los trámites. Error. Recuerdo que el vendedor me dijo: “ya están listas sus placas del estado fulanito”. Yo respondí que nadie pidió placas de ese estado. “Mi domicilio está en CDMX, deje mis placas ahí”, dije. Dos días después me dijeron que estaba solucionado. Excepto que, seguramente, quedaron inconsistencias en el registro del vehículo que permitieron que un delincuente en un estado, y un cosechador fiscal en otro, hicieran su agosto.

La realidad es que el proceso de registro vehicular, un proceso diseñado para evitar el crimen y resolver problemas de derechos de propiedad, no existe en México. La colección de placas, REPUVE, inspecciones, verificaciones, tarjeta de circulación, número de identificación vehicular, número de motor y demás controles que los estados y la federación tienen para los coches, no sirven para nada. Estos galimatías están diseñados para extraer rentas a los usuarios que quieren cumplir con la ley, y para sorprender y sacarle una renta mayor a los que delinquen con los coches.

Decidimos no vender. Vamos a tener el coche hasta que se caiga a pedazos. Para qué vender problemas que se pueden hacer más grandes. Así, la ineficiencia del gobierno y su incapacidad de proteger a los ciudadanos y a su propiedad, inhiben la inversión.

Necesitamos mejores reglas. Los coches podrían traer un GPS desde fábrica que ayude a identificarlos. Las placas podrían ser permanentes y traer códigos QR con criptografía segura. Es increíble que la factura apócrifa con la cual registraron mi coche en otro estado, pasó el filtro del SAT. La federación podría administrar los sistemas estatales de registro vehicular, y asegurar que no haya pugnas entre estados.

A todo esto nos referimos cuando hablamos de gobiernos eficientes. No es imposible. Incluso, ocurren en países con menos ingreso que México. Esto es para un simple coche. Las casas, los activos de las empresas y la propiedad intelectual tienen dificultades proporcionales al valor de los activos en riesgo. Si cada cosechador fiscal está cuidando solamente su tramo de extracción de recursos, y no los derechos del ciudadano, no progresaremos nunca.

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