Costo de oportunidad

Gobiernos eficientes (2ª parte)

Desafortunadamente, nuestro sistema político no incentiva la eficiencia de los gobiernos estatales y locales para aprovechar su tramo de cosecha fiscal.

Un problema de los gobiernos en México es que para la mayoría de la gente es muy difícil saber qué parte del gobierno se hace responsable de qué servicios públicos. Para muchos mexicanos, no sería imposible pensar que la calidad de su educación depende de la federación, aunque es posible que el gobierno estatal también tenga un efecto importante en ese servicio público. Con la salud pasa algo similar. No es difícil pensar que la federación es la culpable de todo lo que funciona mal en México, aunque sería incorrecto hacerlo. Dado que la mayor parte de la recaudación ocurre a nivel federal, y lo mismo ocurre con las decisiones importantes de gasto, en una de esas no andamos tan errados. Si no hay buenos servicios de seguridad pública, o de recolección de basura en nuestro municipio o alcaldía, es posible que culpemos al gobierno federal antes que a nuestros gobiernos estatales o locales.

¿Por qué los gobiernos locales no buscan la eficiencia? Las razones son diferentes a las del gobierno nacional. La semana pasada dijimos que los gobiernos de los países pueden decidir la tasa de impuesto, y como están legitimados por el proceso democrático, esa tasa puede ser arbitrariamente baja, o alta. En el caso de los gobiernos locales, al menos en México, los gobiernos locales no tienen grandes capacidades de recaudación. Son cosechadores de impuestos al igual que el gobierno nacional, pero tienen un campo fiscal mucho menos fértil, ya que no pueden recaudar impuestos sobre la renta y los servicios. A los gobiernos estatales les quedan impuestos como las tenencias, las nóminas y los derechos sobre algunas vías. A los gobiernos municipales les quedan algunos derechos y aprovechamientos. Sin duda, como bien lo han dicho muchas veces instituciones como Imco, CEFP, México Evalúa, y economistas respetados como el Dr. Luis de la Calle, el principal impuesto en México en el ramo municipal es el predial, y es uno que se ha desaprovechado de manera absurda.

El predial es un impuesto importante porque la tierra, a diferencia de otros activos, no se produce (o reproduce) fácilmente. Sí, es posible construir varios pisos encima de la superficie, pero al final, ganarle tierra al aire o al mar es caro y complicado. El predial puede ser una fuente no distorsionante de recaudación porque la oferta de tierra es independiente del precio de ésta, lo que los economistas conocemos como una oferta inelástica. El predial es un impuesto a la riqueza, de esos que a la izquierda les encanta por sus efectos redistributivos. También es un impuesto que no cambia la producción, pero sí puede tener efectos en la distribución espacial de la actividad económica, y genera incentivos a ser eficiente en el uso de un recurso muy escaso en las ciudades: la tierra.

Los liberales odiamos este tipo de impuestos por principio. ¿Quién se cree el Estado que es para cobrarme una renta sobre un bien que ya es mío? Sin embargo, las ciudades no son mercados necesariamente libres y eficientes. Hay muchos bienes públicos concentrados en un solo lugar. Hay beneficios derivados de la aglomeración y la especialización. Si el Estado quiere cobrar un impuesto en un lugar, debe ser ahí, porque ahí es donde están concentrados un montón de servicios públicos.

Desafortunadamente, nuestro sistema político no incentiva la eficiencia de los gobiernos estatales y locales para aprovechar su tramo de cosecha fiscal. Los gobernadores se ven a sí mismos como sátrapas en entrenamiento. Pareciera que la primera prioridad de esos gobiernos (salvo honrosas excepciones) es construir un botín de guerra para participar en la política del futuro. No necesariamente todos tienen aspiraciones de ser presidente del gobierno federal. Con pasar un rato haciendo leyes que faciliten el expolio y otro rato expoliando como gobernadores, con eso ya son felices. A los estadounidenses les pasa igual, con una diferencia grande: allá sí castigan a los gobernadores que abusan de su poder. Aquí no.

Los gobiernos municipales y las alcaldías son la tercera división de un proceso parecido; botín de financiamiento político. Claro, no es igual ser presidente municipal de Oaxtepec que alcalde en Miguel Hidalgo, aunque la lógica sea parecida.

Los gobiernos locales son medios para un fin: el enriquecimiento y la gloria de nuestros tiranos chiquitos, los políticos locales. Por eso la eficiencia no es su principal prioridad. Si no castigamos a los trepadores, jamás tendremos gobiernos locales eficientes.

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