Costo de oportunidad

Sol de invierno

La reforma eléctrica es una forma artera de expropiación, porque no acude a la ley en la materia, que obligaría al Estado a dar audiencia previa a los expropiados e indemnizarlos.

En estas fechas hemos oído de todo respecto a la defensa que hacen el gobierno y sus partidarios de su terrible reforma eléctrica. Que si el costo de las renovables incluye el costo del respaldo (sic), preguntó la diputada Patricia Armendáriz. La secretaria Rocío Nahle argumentando que las grandes empresas no pueden usar el contrato de autoabastecimiento para entregar energía a sus socios (primera noticia desde que el esquema se implementó, a finales del siglo pasado), o argumentando que en invierno puede haber menos sol. Todo es muy triste y muy patético. La reforma eléctrica, de ser aprobada en los términos en los que se envió, será una tragedia económica.

La decisión ideológica, creada por gente que no sabe de energía, pero que entiende de política. Gente que no sabe qué es potencia, pero sí sabe qué es poder. Gente que no entiende de economía, pero sí de construcción de clientelas electorales.

La Comisión Federal de Electricidad tiene un mejor padrón que el del INE, porque saben qué domicilios están realmente ocupados y cuáles no, y aproximadamente cuánta gente vive en ellos. Saben si en un municipio hay alguna industria que genere algún valor económico. El presidente ya tuvo un experimento en su momento con la rebeldía civil en Tabasco con el pago de la electricidad. Imagínese a Manuel Bartlett decidiendo tarifas de electricidad con base en criterios electorales, no con base en la mezcla de generadores que alimentan a un nodo de la red.

Ningún país del mundo que haya creado órganos reguladores del sector energético, independientes del ciclo político, manejados con criterios técnicos, los ha disuelto. Al menos, ninguno que este columnista conozca.

La intermitencia e impredictibilidad (son dos cosas distintas) de las energías renovables es el último reducto técnico al que apelan gente como Nahle, Bartlett y Armendáriz para justificar su bodrio legislativo. Al respecto, hace unos meses mis excolegas del IMCO, Oscar Ocampo y Diego Díaz, usando datos del Centro Nacional de Control de Energía, mostraron con gráficas muy elocuentes que el ciclo del viento y el sol en México es más predecible que el precio Henry Hub del gas natural o el abasto de combustóleo. Es decir, es más fácil encontrar un buen meteorólogo que prediga el clima que un economista que anticipe qué va a pasar en un mercado.

Es decir, las renovables son intermitentes, pero predecibles. Las fósiles son técnicamente constantes, si el abasto está garantizado; algo que los mercados no pueden lograr hoy porque las inversiones globales en energía fósil se han reducido.

México se está convirtiendo en un país donde el Estado, de manera facciosa, define los términos a su conveniencia para hacer pasar sus reformas. Rocío Nahle dice que no se expropiará un tornillo de las industrias limpias. Sin embargo, esto es una expropiación concomitante porque hace inviable el negocio de conjuntos de inversionistas establecidos a partir de un cambio arbitrario de reglas. De hecho, es una forma artera de expropiación, porque no acude a la ley en la materia, que obligaría al Estado a dar audiencia previa a los expropiados e indemnizarlos. La política actual de no hablar ni con opositores políticos, ni con ciudadanos que se oponen a las políticas del gobierno, le da un nuevo significado a la frase “ni los veo, ni los oigo”. Pero donde hay maldad, es en hacernos pasar a los ciudadanos críticos por opositores políticos.

En una entrega posterior, mostraremos el efecto que esto tendrá en la economía. Como se dijo antes, el monopolio gubernamental restringe cantidades de energía a los hogares, ya que las tarifas bajas están condicionadas a consumos bajos. Eso condena a la pobreza energética de la mayoría de las familias. En el caso de la industria, apretar las condiciones del monopolio, como pretende la contrarreforma, destruye la capacidad de competir en costos energéticos de todas las empresas en todos los sectores. Quieren expropiar el sol y el viento, pletórico de fotones y fuerzas transformables en kilowatts hora. Nos quieren condenar a la dependencia eterna del subsidio, para que nunca se nos ocurra morder la mano que nos alimenta.

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