Costo de oportunidad

Caras verdes de petróleo

Los conglomerados privados de petróleo y gas se han dedicado a vender sus activos en tecnologías fósiles.

En la edición actual de The Economist hay un gran artículo sobre la escasez de energías fósiles en el mundo el día de hoy. El artículo menciona que la industria del petróleo y el gas es una en donde se requiere mucha inversión para mantener las cosas estables. Esto no debería ser sorpresa para México. En las últimas tres décadas hemos invertido sumas astronómicas en Pemex y sus subsidiarias y los resultados no han cambiado enormemente.

El activismo de gente como Greta Thunberg, Greenpeace y la comunidad científica funcionó. Tanto, que los conglomerados privados de petróleo y gas se han dedicado a vender sus activos en tecnologías fósiles. “Greenwashing”, diría Greta. Las grandes petroleras, si fueran personas, sonreirían amablemente, con las caritas verdes.

El problema con este proceso es que las empresas energéticas, que sufrían presión del público y los gobiernos para mejorar su perfil público, están poniendo sus activos en manos de (a) empresas que no les importa su reputación ambiental; (b) gobiernos que les importa menos. El segundo caso es particularmente delicado, porque una empresa eventualmente tiene que someterse a la regulación de los Estados nacionales. Un gobierno no tiene que hacerlo. De hecho, es muy fácil que los gobiernos se metan en conflictos de interés, porque las consideraciones ambientales y de salud pública pasan a segundo plano contra mantener a clientelas electorales contentas mediante el control de los precios de petrolíferos.

Quizá la única ventaja de corto plazo está en que la inversión en energías fósiles se ha estancado, mientras que la inversión en energías limpias ha aumentado. Cuando ambos tipos de industrias tengan acervos de capital parecidos, la industria de las energías limpias puede ser más competitiva, ya que los insumos fundamentales, el sol, el viento, el calor de la tierra, o los movimientos oceánicos, son gratuitos.

¿Pero de verdad son gratuitos? Yo sí veo a un gobierno nacionalista (como el de cierto país que conozco bien) tratando de expropiar estas fuentes de energía. De hecho, quizás ese es el fondo de la iniciativa de reforma constitucional en materia de energía eléctrica que está en discusión, y 56 por ciento de la generación eléctrica que tiene que ocurrir en CFE. Es el Estado mexicano diciéndonos: hace años, esta fuente de energía no era aprovechable, porque la tecnología no lo permitía; ahora que sí lo es, no pueden aprovecharla, porque llevo décadas ordeñando sus negocitos y sus casitas, y quiero seguirle. La reforma constitucional incluso va más lejos, al decir que el desarrollo de la tecnología para aprovechar las energías renovables tiene que ser de origen nacional. En el país en donde se persigue a los científicos, nunca vamos a desarrollar tecnologías propias para explotar el viento y el sol.

La energía no era el sector fundamental para el desarrollo económico en el s. XIX, ni a principios del XX. Sí lo es hoy. No hay manufactura viable, ni economía de servicios moderna, ni tecnologías digitales, sin un abasto pleno, limpio y competitivo de energía eléctrica.

Quizá los próceres de la patria que están diseñando este futuro para nosotros que se parece tanto a 1970, no se han puesto a pensar que llegará el día en que no le puedan cobrar estas cosas a nadie. Igual que en los 80, que la gente instalaba parabólicas para poder ver televisión estadounidense, la gente va a ingeniárselas para aprovechar las energías limpias en pequeña escala. La autogeneración y la generación distribuida se van a convertir en el nuevo sector informal. No habrá manera que el Estado detenga este fenómeno. Al final, acabará como los regímenes absolutistas que impedían que la gente tuviera negocios, o se vistiera como quisiera, o que se ganara la vida afuera de lo que permitía el soberano. Esas cosas no acaban bien, siempre que la población sepa que es posible una vida mejor. México llegó a ese punto hace años. Una vez que la gente probó las libertades, difícilmente es posible revertir el proceso. No podemos afirmar que el oscurantismo durará tres años o tres décadas; eventualmente, la opinión pública optará por una sociedad libre.

El 30 de septiembre dejé el Instituto Mexicano para la Competitividad, AC (Imco). Agradezco mucho a Valentín Díez, el presidente; Valeria Moy, la directora general; Guadalupe Mendoza, Verónica Palacios y al Consejo de la institución por todas sus atenciones. Me voy contento de dejar al Imco en buenas manos. México se merece ser más competitivo. La causa del Imco sigue vigente y merece apoyo. Gracias a todos los colegas del Imco, presentes y pasados, por los 15 mejores años de mi vida profesional.

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