En México, ésta será una media semana, si acaso. Tendremos Grito el martes por la noche, y asueto el miércoles, seguramente en contingencia en Ciudad de México, después de las celebraciones por la Independencia. El resto del mundo parece que tendrá una semana muy cargada.
De entrada, hay un alto riesgo de una reducción adicional en la oferta de petróleo, por el ataque a un oleoducto árabe. A los siete millones de barriles diarios perdidos por el cierre de Ormuz ahora se sumarían otros cuatro, que ya no podrán ser cubiertos tan fácilmente. Escribo antes de que abran los mercados, pero usted ya sabrá qué tanto se ajustó el precio.
Mientras nosotros celebraremos el miércoles, la Reserva Federal elevará la tasa de interés de referencia en Estados Unidos en un cuarto de punto. Al menos eso es lo que dice el consenso de los analistas hasta este momento. Ahora lo que está por verse es si la decisión marca el inicio de un nuevo ciclo alcista, o si dejan pendiente esa señal. De cualquier forma, las presiones financieras sobre el gobierno estadounidense serán mayores.
Lo mismo ocurrirá con las nuestras, tanto por el alza del precio del crudo como por las mayores tasas en Estados Unidos. Ya hace muchos años que somos deficitarios en combustibles, por más que insistan en una inexistente “soberanía energética”, de manera que un mayor precio del petróleo golpea las cuentas públicas, especialmente por la insistencia en mantener fijo el precio de la gasolina y el diésel, a costa de un IEPS negativo. Eso va a dificultar aún más la meta que Hacienda ha puesto para los ingresos tributarios, de por sí optimista.
El incremento en la tasa de la Reserva Federal provocará un mayor costo en deuda externa, que hoy no es un problema para el gobierno federal, pero sí para el refinanciamiento de Pemex, lo que puede obligar a una mayor transferencia, no sólo los 85 mil millones que están presupuestados para ello. La inversión en la empresa, los 250 mil millones que mencionamos el miércoles pasado, que apenas sirven para irla pasando, podrían también ser insuficientes.
Por otra parte, las tensiones en Europa son ya importantes. No solo han ocurrido extraños atentados en Alemania, muy probablemente de origen ruso, sino que ahora ya hay la amenaza de Medvedev, alguna vez presidente de Rusia, de desaparecer Lituania. Este domingo, Rusia atacó el tren que va de Kiev a Varsovia justo en la frontera polaca. No es solo una agresión a Polonia, sino que además puso en riesgo a varios políticos europeos que iban en el tren.
Esto ocurre cuando Alemania se encuentra en un momento muy difícil, debido al derrumbe del modelo industrial de posguerra, demasiado lento para adaptarse. El impacto en empleo se refleja ya en el ascenso de Alternativa para Alemania, el partido pronazi. Aunque desde el año pasado Alemania empezó a moverse en una dirección distinta, impulsando el gasto en defensa, no ha dado tiempo de que eso se refleje en actividad económica ni en fuerza suficiente, y por ello no ha trascendido el tema de los atentados. La segunda economía de la UE, Francia, prácticamente no existe: a Macron ya nadie le hace caso, y se va el próximo año, y la deuda de ese país ya está en terreno peligroso. La que fue la tercera economía, el Reino Unido, está a punto de dejar de serlo, puesto que Irlanda del Norte, Escocia y Gales amenazan con romper la unión. No lo hubiéramos pronosticado hace unos años, ni unas décadas, pero ahora es Italia el país más sólido en Europa.
Como esta semana estaremos concentrados en festejar, y de por sí nunca atendemos al resto del mundo, pensé que convenía compartir con usted la avalancha que viene. Así festejará usted con más ganas, no vaya a ser.