Benito Juárez, principal habitante del Panteón Heroico Mexicano, se hizo cargo de la Presidencia de la República como resultado de la rebelión de los conservadores frente a la nueva Constitución y a la renuncia de Ignacio Comonfort. Tuvo que hacerlo fuera de la Ciudad de México, en Guanajuato, perseguido por los rebelados. Huyó a Guadalajara; de ahí, a Manzanillo, en donde se embarcó para ir a Panamá, La Habana, Nueva Orleans y, finalmente, instalarse en Veracruz, el 4 de mayo de 1858. Ahí gobernará durante la mayor parte de la Guerra de Reforma.
El país está en guerra, pero más allá de Veracruz, los conservadores tienen una posición ventajosa, encabezados por quien tal vez sea el mejor militar de nuestra historia, Miguel Miramón. Este, para terminar con la guerra, sitia Veracruz a fines de ese año, pero no logra tomar la ciudad y abandona el sitio en marzo de 1859. El 6 de abril de ese año, el gobierno estadounidense reconoce a Juárez como presidente de México, y ambos gobiernos inician negociaciones para un acuerdo comercial y de tránsito, que ha pasado a la historia como el Tratado McLane-Ocampo, firmado por Benito Juárez en diciembre de 1859.
Miramón organiza un nuevo ataque a Veracruz, pero ahora no quiere fallar y, para ello, busca contar con barcos que cierren el sitio al puerto. Envía a Tomás Marín a La Habana, quien adquiere tres naves, y en los primeros días de marzo de 1860, Miramón rodea a Veracruz por tierra, mientras Marín se acerca por mar. Para su desgracia, la fragata Saratoga, de la armada estadounidense, detiene los barcos de Marín, a quien acusan de piratería y detienen y envían a Nueva Orleans (en donde, años después, sería declarado inocente).
Usted conoce el resto de la historia. El tratado McLane-Ocampo no fue ratificado por el Senado estadounidense, debido a la preocupación de los estados del norte de ese país de que eso fortalecería a los sureños, frente a los que iniciaría la Guerra de Secesión pocos meses después. Los conservadores en México no pudieron mantener sus posiciones, y en diciembre de 1860, Jesús González Ortega destruyó a Miramón en Calpulalpan, terminando con la Guerra de Reforma. Dos años después, vendría un último intento conservador, ahora con apoyo de Napoleón III, quien quería aprovechar que Estados Unidos estaba en guerra civil para instalarse en México. En 1865, cuando termina la Guerra de Secesión, Estados Unidos vuelve a apoyar a Juárez y, frente a la amenaza de Prusia, Napoleón III recoge sus ejércitos y los regresa a Francia, dejando abandonado a Maximiliano, quien fue fusilado hace casi exactamente 159 años.
La Intervención Francesa, o II Imperio Mexicano, fue un juego de poder entre Estados Unidos y Francia, en nuestro territorio, aprovechando nuestras divisiones. La Guerra de Reforma, poco antes, se decidió en buena medida por la intervención del vecino a favor de una de las facciones.
Como cualquier ser humano, Juárez tenía muchos defectos y algunas virtudes. Tenaz, o necio, dependiendo de la perspectiva, no quiso nunca abandonar el poder, incumpliendo acuerdos con González Ortega e ignorando a Porfirio Díaz. Murió siendo presidente.
Lo que permitió a Juárez mantenerse en el poder y, a la postre, derrotar a sus enemigos fue su capacidad de entender cuál era la amenaza más importante. Para hacerle frente, no dudó en negociar y recibir apoyo del país que apenas una década antes había despojado a México de la mitad del territorio. En 1860, Estados Unidos no era un villano de cartón, un masiosare cualquiera. Para Juárez, sin embargo, ese vecino abusivo era preferible a pactar con los conservadores o, peor, ser derrotado por ellos. No sé si pueda servir de ejemplo.