Fuera de la Caja

Todo el poder

López Obrador aseguró que los trabajadores del Poder Judicial no perderán prestaciones, porque él se ofrece como garantía. Todo es él, no la fiscalía, la Corte o la Constitución. Sólo él existe.

López Obrador no tiene mayor interés en gobernar, sino solamente en acumular poder. Ya lo hemos platicado, pero conviene reiterarlo, especialmente cuando intenta, una vez más, destruir a las instituciones que sostienen, a duras penas, la democracia en México.

La reducción de presupuesto y la desaparición de fideicomisos del Poder Judicial tienen ese objetivo: eliminar obstáculos para la acumulación total de poder en su persona. Como en tantas ocasiones anteriores, disfraza esa meta con su manido discurso de lucha contra la corrupción, que ya debería ser claro es una mentira más: en su gobierno se han presentado los casos más graves de corrupción que tengamos documentados.

Por si hubiera duda de lo que ocurre en su mente, en esta semana dijo que él mismo se hará cargo de la investigación de la matanza de Iguala, y pocos días después, aseguró que los trabajadores del Poder Judicial no perderán prestaciones, porque él se ofrece como garantía. Todo es él, no la fiscalía, la Corte o la Constitución. Sólo él existe.

El intento de acabar con el Poder Judicial no es un golpe más a la administración pública, es el intento desesperado de no perder el poder. Sabe que no puede ya hacer nada, porque se estrellará con la pared que es la Corte, y sabe que, en el extremo, será el Poder Judicial quien determine a la triunfadora en la carrera presidencial. Sabe que su amistad con los militares terminará en el momento en que el TEPJF declare, y que a partir de ese momento su vida será muy diferente. Dicho con toda claridad: ese poder omnímodo al que aspira, el que está intentando construir, desaparecerá instantáneamente. Y como sólo él importa, será un momento apocalíptico.

Frente a ese intento totalitario, los trabajadores del Poder Judicial están protestando, y ayer domingo fueron acompañados por decenas de miles de ciudadanos, en un centenar de ciudades, en un evento más de la lucha ciudadana por defender la democracia. Al mismo tiempo en que esta manifestación ocurría, López Obrador, en su enclave de Palenque, recibía a los dictadores latinoamericanos. Vinieron los jefes de Estado de Colombia, Cuba, Haití, Honduras y Venezuela, y despreciaron la reunión los de Belice, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Panamá. En lugar de ser un esfuerzo de coordinación para resolver el origen de la migración, termina siendo una especie de homenaje a la causa principal: los gobiernos tiránicos e incapaces. Otra vez, en la mente de López Obrador, eso es lo importante: mostrar el respaldo internacional de tiranos e incapaces, sentirse en familia.

El ataque al Poder Judicial es una muestra clara tanto del miedo que tiene López Obrador a perder el poder, como de la elevada probabilidad que esto ocurra. Es cierto que se trata de una elección totalmente desequilibrada, con todo el poder del Estado apoyando a la candidata de López, pero es igualmente claro que en los últimos cinco años, prácticamente todas las elecciones en América Latina han sido ganadas por la oposición (con la excepción de Costa Rica y Paraguay), y es también muy evidente que, en todas las democracias, quien viene de fuera del sistema de partidos tiene una clara ventaja. Por si faltase algo, vale la pena no olvidar que en las elecciones ocurridas en México entre 2021 y 2023, la oposición obtuvo más votos que la coalición de López Obrador.

Nada está decidido. Entraremos a la elección más desigual desde los tiempos del viejo PRI, el antiguo nombre de Morena. Lo haremos con el Presidente más desquiciado en la historia nacional. Su victoria sería el fin de la democracia, y tal vez de la viabilidad misma de México. No digan que no podía saberse, por favor.

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