Fuera de la Caja

Ahogado

Si alguien busca un récord de la actual administración, no es el mejor aeropuerto del mundo o la mayor capacidad de refinación, es el presidente más deshonesto.

Nunca habíamos tenido un Presidente tan deshonesto. Hoy mismo, no hay líder político en el mundo que pueda competir en este rubro con López Obrador. De acuerdo con mediciones de Spin, de Luis Estrada, ronda 100 afirmaciones inexactas al día, muchas de ellas simples mentiras. Triplica al conocido mentiroso que es Donald Trump. Si alguien busca un récord de la actual administración, no es el mejor aeropuerto del mundo o la mayor capacidad de refinación, es el Presidente más deshonesto.

Por eso, resulta aún más llamativo lo que ha ocurrido en esta semana. En dos ocasiones, López Obrador ha reconocido el objetivo y el método detrás de su transformación. El objetivo es el control absoluto, y por eso reclamó a dos ministros que, en su imaginación, debían sólo seguir sus instrucciones; el método es el clientelismo más barato posible, y lo ha dicho ya con todas sus letras: es estrategia política, no política social.

El Presidente enfrenta un muy mal año, y no se ha cumplido ni una semana. Pero no es por coincidencia o cábala, es producto de varios años de muy mal gobierno. Sin pandemia, lo que hoy vemos lo habríamos presenciado hace tal vez dos años: revise usted tanto el comportamiento de la economía como la “popularidad” presidencial en los primeros tres meses de 2020. De verdad le cayó “como anillo al dedo”: una tragedia que venía de fuera, a la cual cargarle todos los males, una posibilidad para administrar la solución y cosechar con ello reconocimiento, en fin, un fenómeno que le dio dos años de vida artificial al gobierno que, ahora, parece ya no tener remedio.

Los pocos datos que tenemos del cierre del año indican una economía en franca caída: los indicadores de opinión empresarial, los datos de importaciones (que son los que reflejan la capacidad de compra del país) y ahora el indicador oportuno de manufacturas, que apunta a una contracción de 1 por ciento mensual en noviembre. Las mediciones adelantadas de esa industria, en diversos países, son todas de contracción. Al menos en esa parte de la economía, ya hay una recesión global.

Para México esto es muy relevante, porque lo único que se mueve en nuestra economía, desde que el deshonesto tomó posesión, son manufacturas y turismo. Dependemos del resto del mundo, pues, para funcionar. Al interior del consumo, lo único que ha crecido desde 2018 es el consumo de bienes importados. En inversión, sólo la importación de maquinaria y equipo. No existe motor económico interno, como dicen. Ni privado, ni público, porque el gobierno ha perdido su capacidad de gestión y sólo se dedican al clientelismo que ya festeja el Presidente, y a la construcción de los elefantes blancos.

A esa economía débil, o muy probablemente en contracción, hay que sumar ahora las rupturas en la coalición presidencial. Por un lado, sus candidatos se enfrentan abiertamente: el equipo de Ebrard denuncia al de Sheinbaum; por otro, la crisis en Sinaloa entre el Mayo, Isidro y los Chapitos, que todo indica está detrás tanto del motín en Ciudad Juárez y la muerte del Neto, como de la detención de Ovidio y el segundo culiacanazo del sexenio.

Sin resultados, con una economía en derrumbe, sin gobernabilidad, el centenar de mentiras diarias apenas sirve para evidenciar la deshonestidad personal del Presidente que, en la cúspide de la locura, se imagina como líder del tercer mundo. Al inicio de la semana, este personaje puede poner en riesgo el futuro del país, incapaz como es de entender el mundo en el que vive, en su reunión con dos de los países más importantes para nosotros. Esperemos que no sea así.

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