Fuera de la Caja

Criminal

No habían pasado seis meses del gobierno de López Obrador, cuando ya era evidente que no sólo no resolvería nada, sino que nos añadiría problemas.

Muy rápido pudimos comprobar que el gobierno de López Obrador sería un fracaso. Los problemas que, en teoría, lo llevaron a ganar: inseguridad y corrupción, no los enfrentó jamás, pero muy pronto empezó a crear problemas que no existían: cancelación del aeropuerto, desabasto de combustibles, desabasto de medicamentos, que a la postre se han convertido en el sello del sexenio.

Creo que la primera vez que lo escribí con detalle fue hace prácticamente tres años, el 17 de mayo de 2019, en una colaboración titulada ‘Sin medida ni clemencia’. No habían pasado seis meses del gobierno, o nueve, si consideramos que todo el poder está en sus manos desde el 1 de septiembre de 2018, cuando ya era evidente que no sólo no resolvería nada, sino que nos añadiría problemas.

La conectividad aérea de la Ciudad de México, que sigue siendo la capital del país, que es la economía número 15 del mundo (todavía), ha sido destrozada por una ocurrencia. Se canceló la construcción del NAIM argumentando corrupción, jamás probada, y asegurando que sería más barato el nuevo aeropuerto. En realidad, nos tuvimos que gastar más de 100 mil millones de pesos adicionales, y pagar prácticamente todo el aeropuerto inconcluso. Además, me parece, se está complicando a propósito esa operación para obligar a aerolíneas y pasajeros a utilizar la ocurrencia presidencial, el AIFA. No encuentro otra razón para el maltrato a los controladores aéreos, su reemplazo por personal no calificado, o la falta de personal de Migración y Hacienda, obstaculizando vuelos internacionales. Pero esas acciones están poniendo en riesgo la vida de personas.

Algo similar ha ocurrido con el sistema de salud, que destruyeron al centralizar las compras. Luego cancelaron el Seguro Popular, enviando a 20 por ciento de los mexicanos a la incertidumbre. El Insabi fue un fracaso monumental, y ya ha desaparecido. Ahora experimentarán con IMSS-Bienestar (que probablemente le recuerde el IMSS-Coplamar de López Portillo), que fracasará igualmente. Si la falta de medicinas y tratamientos no fuese suficiente, ahora se traen médicos de Cuba (que o son innecesarios o son activistas), y se anuncia que se vacunará a los niños con la vacuna cubana, Abdala, nunca probada para ese segmento.

Hace un par de días circuló un video de criminales persiguiendo militares. López Obrador, ayer mismo en su mañanera, celebró ese comportamiento de las Fuerzas Armadas. Ha convertido a Ejército y Marina en albañiles, cobradores, lo que sea. Las Fuerzas Armadas ahora son capaces de asesinar estudiantes, pero no de enfrentar criminales. Pueden construir un aeropuerto, pero no detener la invasión de activistas cubanos; al revés.

Las ocurrencias presidenciales, fruto de ignorancia y creencias ideológicas, afectan toda la vida nacional. Perdemos billones de pesos en energía, sin avanzar en abasto, calidad o precio. Perdimos miles de millones en su intento de resucitar Conasupo. Perderemos millones de años-niño en educación, y ya no por la pandemia. Perdemos imagen con los socios comerciales, por defender tiranos de quinto nivel. Estamos perdiendo el territorio, vidas humanas, tranquilidad, por la necedad de una sola persona, acompañada de una caterva de holgazanes, malvivientes y cobardes.

Me parece que el comportamiento del Presidente no puede sino calificarse de criminal. Creo que ya no hay manera de endulzar o esquivar el tema. Las decisiones de López Obrador, aplaudidas e implementadas por sus siervos, han costado ya cientos de miles de vidas humanas, billones de pesos, y cada vez más, nos están costando el futuro de varias generaciones. Celebrar tiranos en otros países, y además celebrar que los criminales sojuzguen a las Fuerzas Armadas en México, no puede calificarse de otra forma.

Juraron cumplir la Constitución. No lo están haciendo. Que se vayan.

COLUMNAS ANTERIORES

Amado líder
El año de los cuatro

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.