Fuera de la Caja

Obsesión y comercio

Justo ahora tenemos un gobierno con una actitud poco propicia para la inversión, por decirlo suavemente.

El lunes conoceremos el dato oportuno del PIB de 2021. Como ya hemos comentado, esperamos que ronde 5 por ciento el crecimiento contra el año anterior. A eso apunta la información del IGAE y de su estimación oportuna, pero la balanza comercial, dada a conocer ayer, coincide.

Durante 2021, importamos 11 mil 500 millones de dólares más de lo que exportamos. Si no consideramos la balanza de productos petroleros, el resultado es inverso: exportamos 13 mil 400 millones de dólares más de lo que importamos. Aunque muchos, incluyendo políticos, no lo entienden, desde mediados de 2014 México es deficitario en petróleo y derivados. Producimos menos petróleo y consumimos más petrolíferos, que no pueden producirse aquí. La ilusión del actual gobierno es que eso puede cambiar, pero no ocurrirá. Con la compra de la mitad de Deer Park que era de Shell, no habrá diferencia alguna, a menos que se trajeran las instalaciones a Tuxpan, que al cabo está enfrente, dice el Presidente. Para cuando Dos Bocas esté en condiciones de producir, tampoco habrá diferencia, ya lo comprobará usted en unos años.

Si analizamos la información del comercio exterior de acuerdo con la clasificación por el tipo de bienes, somos ampliamente superavitarios en bienes de consumo y de capital. En el primer rubro, por ejemplo, tenemos un sector agropecuario muy exitoso (algo que tampoco entienden muchos); y en el segundo, hemos sido una potencia en exportación de autos prácticamente desde 1995. Por otra parte, las importaciones en estos dos renglones han caído, debido a la menor actividad económica, o como se acostumbra decir, a la debilidad de la demanda interna. El consumo está hoy un par de puntos por debajo del nivel que tenía en 2018, y las importaciones de esos bienes reportan -1.7 por ciento, en la misma comparación. En la inversión las cosas son peores, como sabe usted, y traemos una caída de casi 14 por ciento contra aquel año, que se refleja en -11 por ciento en las importaciones de bienes de capital.

En los bienes intermedios, que son insumos para la producción, es donde somos fuertemente deficitarios. Y es ahí donde los datos de 2021 son un poco sorprendentes. Es normal que el comercio exterior muestre tasas de crecimiento varias veces mayores que la economía en su conjunto, pero en el año que acaba de terminar, el déficit en bienes intermedios creció ocho veces más que la economía. Debido al desorden que hay en el mundo entero en este tema (contenedores, cadenas de suministro, relocalización de producción) no hay forma de saber si se trata de un ajuste menor, transitorio o si nos movemos a un acomodo diferente.

Como usted sabe, tanto por los conflictos entre China y Estados Unidos, como por las dificultades derivadas de la pandemia, muchas empresas buscan acercar sus suministros. Es lo que llaman near shoring, y hemos tenido un incremento de inversión en la frontera norte por esta razón. Desafortunadamente, no ha habido mucha derrama a otras regiones del país. La oportunidad que este ajuste en el comercio internacional nos ofrece es realmente excepcional, pero justo ahora tenemos un gobierno con una actitud poco propicia para la inversión, por decirlo suavemente.

La reforma eléctrica en discusión, por ejemplo, es una amenaza seria para la producción de manufacturas, cuyo consumo de electricidad es muy importante. Hoy mismo ya tenemos problemas de abasto en algunas regiones que podrían recibir inversión. La reforma aseguraría que este desabasto fuese mayor, pero además con electricidad ‘sucia’, que hará muy difícil exportar en los próximos años, conforme la idea de energías limpias crece.

Si en 2019 parecía que corríamos el riesgo de convertirnos en un enclave manufacturero, ahora la amenaza es que ni siquiera eso ocurra. La obsesión presidencial por el poder está poniendo en riesgo la supervivencia del Estado.

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