Fuera de la Caja

Que siempre sí

Desde agosto, cuando nos enteramos de por qué el PIB oportuno del segundo trimestre había quedado por debajo de las expectativas, era muy claro que entrábamos en estancamiento.

Pues parece que la mayoría de los expertos empieza a aceptar que la economía mexicana está para dar lástima. Desde agosto, cuando nos enteramos de por qué el PIB oportuno del segundo trimestre había quedado por debajo de las expectativas, era muy claro que entrábamos en estancamiento. El dato del IGAE de junio fue el primero en mostrar una caída importante en el valor agregado de los servicios profesionales y de apoyo, como resultado de la reforma al outsourcing. Cuando ese comportamiento se confirmó al mes siguiente, ya no había duda de que debían reducirse las estimaciones de crecimiento, pero pocos lo hicieron. Todavía al cierre de 2021, seguían esperando crecimientos de 6 por ciento muchos de ellos.

Ya no. La encuesta Citibanamex de expectativas, publicada ayer, muestra un panorama mucho más realista por parte de los expertos. La mitad de ellos considera que en 2021 crecimos menos de 5.2 por ciento. Hace dos semanas, ese número era 5.5 por ciento. En realidad, considerando el IGAE (que no es idéntico al PIB) la cifra que podemos esperar es 4.8 por ciento. Para 2022, la mitad de los encuestados creía que la economía crecería más de 2.8 por ciento, y ahora la referencia es 2.5 por ciento. Varios expertos ya esperan un crecimiento inferior a 2 por ciento, como Citibanamex mismo, Bank of America, Credit Suisse, Valmex, Bursamétrica, etcétera.

Ya hemos comentado aquí la razón del bajo crecimiento: la caída de la inversión. A partir de la cancelación de la construcción del aeropuerto, la inversión se desploma y el crecimiento se va acabando. Todavía el promedio de crecimiento anual entre junio y noviembre de 2018 era de 2.3 por ciento, prácticamente la tasa de crecimiento de los últimos 40 años. Para fines de 2019 estábamos en -1 por ciento. Aunque el confinamiento implicó una contracción brutal, en prácticamente todos los países el rebote fue igualmente espectacular. Aquí no. El punto máximo que alcanzamos, en el segundo trimestre de 2021, era -3.2 por ciento inferior al tercero de 2018, antes de la cancelación del NAIM. Y hasta ahí llegamos, porque nuevamente vamos cayendo. En comparación trimestre a trimestre, los últimos dos son negativos, y ya puede usted llamarle, si gusta, recesión.

Es la tercera en este gobierno: la ocurrida al inicio, la producida por la pandemia, y la actual, que en realidad es continuación de la primera, es decir, es resultado de las políticas públicas vigentes, que ahuyentan la inversión y derrumban la economía. Sin inversión, no es posible crear empleos productivos, así que si se crean algunos, lo harán reduciendo el salario real promedio, y su impacto en el consumo será nulo. Sin inversión ni consumo, simplemente no hay cómo crecer.

Le comentaba al inicio que el momento en que nos pudimos dar cuenta de lo que estaba ocurriendo fue cuando aparecieron los primeros datos de la reforma al outsourcing. Durante varios meses, no me quedaba claro el fenómeno, pero ya creo haber entendido. Los detalles los publicaré este domingo en www.patreon.com/macariomx, pero le puedo comentar la conclusión.

Una parte de los trabajadores subcontratados no pudo colocarse en la empresa que requería el servicio. Especialmente, eso ocurrió con quienes no tenían IMSS (comisionistas, ‘socios’). Para sobrevivir, crearon micro y pequeñas empresas, pero el sector en que están no puede crecer, de forma que el resultado neto es que el salario real promedio crece ahora cero.

Con base en esto, y sin considerar el impacto de ómicron, que en enero y febrero parece será muy fuerte, creo que lo mejor es esperar un crecimiento de entre cero y uno por ciento para 2022. Como le digo, sin ómicron y obviamente sin reforma eléctrica. Ya con eso, sólo quedará imaginar el tono del rojo.

COLUMNAS ANTERIORES

Machos alfa
Comprando esclavos

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.