Fuera de la Caja

El muerto

Aunque Pemex ha logrado detener la caída en producción, no ha podido revertirla, de manera que lo presupuestado para 2022 parece imposible.

Durante octubre, la recaudación de impuestos perdió fuerza. El impuesto sobre la renta creció 5 por ciento a tasa anual, que es la mitad del crecimiento de los dos meses previos. El IVA tuvo una pequeña caída, pero en meses anteriores había tenido un desempeño excepcional. El IEPS, como resultado del alza de precio internacional de crudo y gasolina, y la decisión de no subir en el mismo monto en el mercado nacional, tuvo una contracción de -50 por ciento contra octubre de 2020. En pesos y centavos, el IEPS de gasolina y diésel es el más bajo desde fines de 2014.

Esto ilustra un punto relevante. Cuando sube el precio del petróleo, los ingresos del gobierno por ese concepto crecen de igual manera, pero al evitar el alza en el mercado nacional, se pierde en recaudación de IEPS. Por ejemplo, podemos comparar lo recaudado en octubre con mayo de 2019, porque tanto precio como producción de crudo fueron parecidos. Este octubre hubo ingresos petroleros mayores en 21 mil millones de pesos, contra el mes mencionado, pero la recaudación de IEPS cayó en 12 mil millones. Así, aunque todavía convendría un precio elevado del crudo, en realidad su impacto acaba siendo de la mitad. Pero cuando incorporamos la operación de Pemex, donde el balance primario (antes de pagar derechos e impuestos) cayó en mil millones de dólares en ese mismo periodo, pues resulta que estamos perdiendo. Ojo, en contra de la creencia popular de que un mayor precio del crudo puede ser bueno, debido a las decisiones del gobierno ocurre lo contrario. Perdemos.

Por cierto, la producción de petróleo no logra recuperarse. En octubre se produjeron 1.584 millones de barriles diarios (mbd), que es el nivel más bajo desde los años 70, aunque durante 2020 tuvimos tres meses con producción similar: junio, julio y octubre. En promedio, en los últimos 12 meses Pemex ha producido 1.6 mbd. Para nuestra fortuna, las empresas privadas produjeron 60 mil barriles diarios en ese periodo, que en los últimos meses son ya 66 mil. Es poco, pero considerando que todavía no cumplen seis años, y en los últimos tres no se ha licitado ningún campo adicional, es bastante.

Aunque Pemex ha logrado detener la caída de producción, no ha podido revertirla, de manera que lo presupuestado para 2022 parece imposible. Peor, porque en esos cálculos incluyeron condensados, que no son lo mismo que el crudo, y no tienen el mismo valor. Por otra parte, para detener la caída de producción Pemex ha incrementado sus costos al doble. Literalmente. Mientras en 2018 el balance primario era de 4 mil millones de dólares mensuales, para 2021 es de 2 mil. Y con un precio de la mezcla mexicana prácticamente igual: 62 dólares el barril.

Esto es relevante porque, aunque no lo publica Hacienda de esa manera, lo que realmente importa es el ingreso neto por el petróleo. De poco sirve vender mucho, si para lograrlo hay que gastar más. En 2019, un año con una producción 5 por ciento superior a la que esperamos para 2022, y un precio promedio de 56 dólares por barril (contra 55 en el presupuesto), obtuvimos 570 mil millones de pesos por petróleo, ya neto del costo de operación de Pemex (sin descontar el gasto no programable de la empresa). Para 2022, este saldo neto será de 350 mil millones de pesos. Son más de 70 mil millones de pesos menos cada año, en los últimos tres, y sin señales de que pueda cambiar.

Ahí es donde se nos ha ido el dinero, en la necedad de querer resucitar a un muerto que ya apesta: Pemex. Es imposible, pero ha contagiado ya al médico: el erario. En pocos meses, habrá que velar a ambos.

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