Fuera de la Caja

Otra vez

Es posible que este año crezcamos 6%, que en realidad significa 2.3% por encima del nivel de octubre-febrero, pero ya para 2022 las cosas se ven menos atractivas.

Tenemos ya algunos datos económicos de mayo. Como usted sabe, el único motor que tenemos prendido es el del comercio exterior, porque la demanda interna sigue deprimida. En mayo, ese motor siguió funcionando, pero sin acelerar. De hecho, exportamos casi lo mismo en mayo que en abril. Un poco más de 38 mil millones de dólares de exportaciones no petroleras, que no es nada malo, pero ya sin crecimiento. Las automotrices se mantuvieron alrededor de 12 mil 500 millones en cada mes.

En términos de importaciones, que nos indican qué tan bien va la demanda interna, el promedio de abril y mayo es de 4 mil 750 millones de dólares de importaciones de bienes de consumo y 3 mil 100 millones de bienes de capital. Ambas cifras son inferiores a lo reportado en de marzo, cuando las importaciones de bienes de consumo alcanzaron casi 5 mil millones de dólares y las de bienes de capital estuvieron por arriba de 3 mil 600 millones de dólares.

Utilizando esta referencia, diríamos que mayo habría tenido un comportamiento similar al de abril, en forma general. Ya el Indicador Oportuno de Actividad Económica de Inegi nos alertaba al respecto. No hay crecimiento, mes a mes, entre abril y mayo. Y, por lo tanto, ambos son similares a marzo, que fue el mes de crecimiento interesante. Digamos que vamos por escalones: entre octubre y febrero prácticamente no crecimos, manteniéndonos en un índice global (IGAE) de 107 puntos (más/menos 0.4). Desde marzo, rondamos 110 puntos, y por el momento no parece que la variación sea mayor a 0.2 unidades, mes a mes.

El tema es que, antes de esta administración, el IGAE estaba en 113 unidades, de forma que nos falta todavía. Usted dirá que tres puntitos no es nada, pero eso justo es lo que crecíamos cada año, desde 1980 hasta 2018. Esos tres puntitos equivalen a 2.7 por ciento de crecimiento. En lugar de crecer cada año a ese ritmo, ahora estamos 2.7 por ciento por debajo del nivel que teníamos hace tres años. Mientras nosotros estamos preocupados por regresar al nivel previo a la pandemia, otros países están midiendo cuánto les falta para regresar a la tendencia que tenían. Si hacemos esa cuenta, estamos hoy poco más de 9 por ciento por debajo.

No se ve cómo podremos regresar a ese nivel. Es posible que este año crezcamos 6 por ciento, que en realidad significa 2.3 por ciento por encima del nivel de octubre-febrero, pero ya para 2022 las cosas se ven menos atractivas. No olvide que la inversión está 15 puntos por debajo del nivel de 2018, y para recuperarla sería necesario que el gobierno actuase de manera muy diferente a como lo ha hecho. Se podría argumentar que esta administración busca una forma distinta de crecer, pero ya a tres años de sus primeras decisiones, los resultados muestran que no tienen mucho futuro.

Los dos elementos importantes de la estrategia gubernamental han sido Pemex y CFE, o si quiere, petróleo y electricidad. En ambos, estamos hoy peor que hace tres años. Ayer se publicó la información de producción de crudo para mayo, y Pemex produjo un poco más de 1.6 millones de barriles diarios. Está 170 mil barriles diarios por debajo del promedio de 2018. Su campo principal, Maloob, ha perdido 134 mil barriles de producción al día, y el activo KMZ (que incluye a Ku y a Zaap) ha perdido 185 mil barriles diarios.

En electricidad, por primera vez tenemos tres años consecutivos de caída en el valor agregado. Realmente se requería alguien con la capacidad de Bartlett para tirar un sistema que nunca había fallado.

En suma, las dos apuestas productivas del gobierno fracasan, y las decisiones que han tomado para sostener esas apuestas impiden el crecimiento de lo demás. Cosechamos lo que están sembrando.

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