Comisionado del Servicio de Protección Federal
Por diferentes fenómenos económicos dolorosos para nuestro país, se hizo sabiduría convencional que, cuando a Estados Unidos le daba un resfriado, aquí debíamos prepararnos para una pulmonía.
La estrecha vinculación de ambas naciones, su historia como vecinos y socios, hacía seguro el impacto negativo si la economía más grande de la tierra pasaba por algún problema. De hecho, el anterior tratado de libre comercio respondía a una lógica en la que México se volvía una enorme cadena de suministro para el insaciable consumo estadounidense que, de disminuir, provocaría un colapso al lado de nuestro Río Bravo.
Con una pandemia de por medio y decisiones financieras que no siguieron la ortodoxia de esa regla no escrita, nos ha puesto por primera vez en una situación diferente.
Si bien la estrategia espejo de subida de tasas se ha seguido conforme a lo esperado, los indicadores económicos en México podrían recomendar un camino distinto para aprovechar un entorno que ya no entrelaza a las dos economías como antes.
La Reserva Federal ha podido medir con precisión la secuencia de aumentos para tratar de frenar un momento inflacionario inédito, aunque provocado por causas muy evidentes que respondieron a la emergencia, pero sin pensar en las consecuencias de un reacomodo mundial.
Fuertemente criticado en lo político, el rumbo que asumió el gobierno de México probó que podía mitigar el ascenso de los precios, mientras controlaba el costo de los combustibles y mantenía la inyección de apoyos directos, con una recuperación de empleos formales que no habíamos visto en casi cuatro décadas.
La cifra de crecimiento para el mes de agosto, con un pronóstico favorable para septiembre, es sorpresa para muchos, no tanta cuando se analiza la continuidad de las acciones de esta administración, lo que permite cosechar lo sembrado en medio de la tormenta.
Dicen que la economía es un análisis de variables y de momentos. Parece que el que nos ocupa es uno que recordaremos por mucho tiempo y será pronto, cuando en la discusión de la Junta de Gobierno del Banco de México pudiera ganar la postura de mantener sin cambio la tasa de referencia.
Eso motivaría un nuevo axioma que cobra fuerza cada semana: el nearshoring o el establecimiento de cadenas de suministro basadas en la tecnología, la mano de obra especializada y la aportación de valor agregado a productos fabricados, ensamblados y enviados a las costas este y oeste de nuestro principal socio comercial.
¿Es el fin de la maquila? No. Llevamos muchos años con cadenas de producción de alta calidad a la que se les sigue llamando así porque los salarios se mantuvieron artificialmente bajos, al mismo tiempo que la productividad crecía sin parar.
Con estos elementos en cuenta, un nuevo tratado (T-MEC) y un factor que ni siquiera se consideraba –mayor soberanía– México estaría en un momento económico extraño y promisorio a la vez, el de la posibilidad de prevenir y curar sus propios malestares.