Luis Wertman Zaslav

Crisis de leche en polvo

Las cadenas de producción y suministro quedaron alteradas por la emergencia sanitaria y muchas de las condiciones del libre mercado ya no responden a las necesidades del consumidor.

Director General de Seguridad Privada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana

Las imágenes han rebotado en las redes sociales y ocupado algunos espacios noticiosos como un ejemplo de la crisis internacional por el aumento de la inflación y las consecuencias de la pandemia: en Estados Unidos hay escasez de leche en polvo para infantes.

Encontrar un bote de “fórmula” en muchos supermercados de nuestro principal socio comercial también se ha convertido en una especie de moraleja sobre el modelo económico de libre mercado y las consecuencias de su aplicación, la cual no siempre ha fomentado la competencia o mejorado el bienestar de las sociedades que lo han adoptado.

Más allá de la reflexión política y social, que un producto de primera necesidad no esté disponible en un mercado abierto refleja el final de un periodo y el inicio de otro en la economía del mundo, aunque todavía no entendamos qué será lo que ocurrirá a continuación.

Lo que sí queda claro es que la manera de organizar las cadenas de producción y suministro quedaron alteradas por la emergencia sanitaria que hemos experimentado y muchas de las condiciones de lo que consideramos el libre mercado ya no responden a las necesidades de compañías, distribuidores, puntos de venta y consumidores finales.

Y la explicación puede estar en que, al iniciar la pandemia decidimos detenerlo todo para evitar un impacto mayor por la velocidad que tendrían los contagios y con eso provocar una crisis económica mientras se encontraba una solución científica, teníamos la seguridad de que podríamos salir rápidamente de la contingencia, porque el sistema de cadenas de producción funcionaba sin contratiempos. Visto a distancia, sucedió lo contrario.

Cientos de buques se quedaron varados en los puertos, detener las plantas de manufactura de insumo llevó a retrasos imposibles de recuperar y faltó mano de obra para conducir tráileres y camiones con mercancías. Obviamente eso produjo escasez de productos que iban desde chips para computadoras en automóviles, hasta queso crema; que la inflación se disparara fue una consecuencia inevitable en un principio.

Fue en ese momento que el modelo de cero inventarios se hizo pedazos contra la demanda de consumidores que cambiaron hábitos de compra en meses y decidieron abandonar muchas costumbres que le daban sentido a sectores de la economía que todavía no pueden recuperarse y, probablemente, ya no lo harán.

Resultó que las cadenas de suministro en Asia no eran tan fuertes como se creía, y tampoco han aguantado las políticas de cero covid que ha impuesto China ante brotes periódicos durante el último año.

Pero regresemos a la crisis de la leche en polvo. Si bien estas circunstancias afectaron su mercado, también hubo deficiencias adicionales que obligan a repensar la manera en que está conectada la economía internacional.

Apenas en febrero, un retiro de unidades ordenado por las autoridades sanitarias del gobierno estadounidense agravó la carencia de botes con fórmula en varios estados, misma que continúa hasta el momento. No ha ayudado que los laboratorios que producen la mayoría de las marcas sean solo dos y tengan problemas para producir y surtir debido a problemas con sus propias cadenas de suministro.

Tampoco ha sido fácil para miles de mamás que deben regresar a trabajar más pronto para subsistir y no pueden alimentar a sus pequeños durante el día. No solo el sistema de producción y distribución era más vulnerable, también nuestra estructura social funcionaba con muchas deficiencias que el virus solo sacó al flote. Otras industrias viven algo similar.

Tendremos que rehacer los sistemas de producción y distribución, tomando en cuenta el beneficio de millones de personas que, como las supuestas cadenas de suministro, pendían de los hilos de un sistema económico que está colapsado en sus mecanismos, igual que en sus fundamentos, sus creencias y su propia naturaleza.

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