Luis Wertman Zaslav

Cambio de líneas

Por donde se le vea, enfrentamos una época nueva y la recomendación es prepararse, porque la economía y la política estarán más entrelazadas que nunca.

Director General de Seguridad Privada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Las directrices que rigen a la economía mundial están modificándose; más por necesidad que por doctrina y las líneas que trazan la forma de las finanzas en el planeta cambian de dirección, aunque sigan impulsadas por las mismas necesidades de siempre.

Este cambio terminará por alterar muchas de las certezas con las que se conducen los mercados y los analistas y tendrá que generar otros parámetros, otras teorías, además de muchas prácticas económicas que deberán ser distintas a todo lo que habíamos conocido.

Podemos pensar que es un intermedio entre épocas financieras distintas, pero puede que estemos ante un fenómeno más profundo: un sistema económico híbrido, que no sea totalmente globalizado, aunque tampoco proteccionista como en algún momento de nuestra historia. Lo que sí podríamos adelantar es que será diferente.

La dependencia que tiene el mundo por la generación de energía está cerrando las fronteras de la comercialización que antes se consideraban seguras y la tardanza que existe para abandonar los combustibles fósiles confirma que, si las condiciones geopolíticas cambian, el discurso de las modalidades consideradas ‘limpias’ todavía es prematuro.

Las naciones que cuentan con reservas y yacimientos de gas y petróleo seguirán determinando muchas de las decisiones de países que no las tienen, y los últimos tendrán que arriesgarse a quitarse esa dependencia a costa del descontento social que ya provoca, por ejemplo, el aumento de las gasolinas y el diésel.

“Voy a darles una prueba de realidad”, afirma en un video un conductor de camión refrigerante al cargar más de mil dólares de gasolina a 5.15 dólares el galón en Tennessee. “Esta es la única forma de transportar leche”, remata, y pregunta qué ocurrirá si llega a 10 u 11 dólares. Ayer el gobierno de Estados Unidos anunció que empleará parte de sus reservas, entró en pláticas con Venezuela para adquirir crudo hace semanas e invertirá adicionalmente en refinación.

Es posible que otras naciones sigan el mismo curso y entren en un ciclo de autosuficiencia de combustibles y de producción de materias primas, no solo para disminuir el impacto del conflicto en Ucrania, sino para evitar una caída ante una nueva ola de contagios de covid-19, lo que marcará al menos una década en la que se tendrá que diferir la transición energética.

Sin embargo, eso no detendrá el cambio climático y pondrá en riesgo metas que alterarán todavía más las rutas del comercio en el planeta. Se necesitan cadenas de producción cercanas para que los costos de flete puedan moderarse y también que los sistemas de transporte cambien su forma de operar para que continúen funcionando ante contingencias que serán cada vez más comunes.

Si mucha de la producción se hará en el país o en naciones cercanas y la generación de energía regresará a ser un tema de soberanía, y no enteramente de negocio, los mercados tendrán que adaptarse para mantener la idea del libre comercio sin restricciones, por un modelo en el que la negociación internacional esté enfocada en costos y beneficios de los procesos de producción y transportación, y menos en tarifas o exenciones, algo que no hemos visto en décadas.

¿Será un retroceso? Creo que no, es solo un cambio de época en el que la globalización que fue la unidad de medida del comercio mundial cambiará. Las decisiones económicas tendrán que estar más alineadas a las políticas y a las sociales en una suerte de triada en la que los líderes de las naciones no podrán evitar incluir a la mayoría de sus ciudadanos en lo que determinen como conveniente en materia financiera o serán votados en contra por opciones más radicales que podrían prometer el regreso a economías cerradas en aras de eliminar la dependencia de otros países que, de la noche a la mañana, pasan a ser ‘hostiles’ y dejan de ser ‘socios’.

México ha logrado navegar en este escenario gracias a múltiples factores; no obstante, la propuesta de integrar un bloque económico norteamericano con Estados Unidos y Canadá aparece como una decisión impostergable. Cambian las condiciones, cambian las líneas del comercio internacional. Es una época nueva por donde se le vea y la recomendación es prepararse, porque la economía y la política estarán más entrelazadas que nunca.

COLUMNAS ANTERIORES

Problemas de unicornios
Economía en retorno

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.