Luis Wertman Zaslav

Economía del conflicto

La producción de energía, la fabricación de productos, la proveeduría de alimentos y los servicios financieros serán afectados en Europa y tendrán un impacto en el resto del mundo.

Podríamos llamarla ‘economía del conflicto’, aunque le han puesto muchos nombres a lo largo de la historia de la humanidad. Tiene ciertas reglas y los enfrentamientos armados son su combustible. Por sus ganancias inmediatas y la expectativa de conquista de territorios o de cambio en el equilibrio de poderes de una región, siempre ha sido un modelo atractivo para especular e invertir en la incertidumbre.

Para la mayoría debe sonar descabellado que estemos a las puertas de una guerra, cuando todavía no salimos de una pandemia, pero quienes promueven la economía del conflicto no reparan en ese tipo de detalles; se trata de tomar las posibles oportunidades que brindan algunos escenarios para llevarlo todo al terreno de la disputa y luego ver qué tanto puede aprovecharse.

Por un lado, tenemos el cálculo de una potencia militar para detener el avance de un sistema económico, político y también bélico, que limitaría su territorio y afectaría, como en ningún otro momento de su historia, las posibilidades de regresar a sus años dorados de imperio o al menos de unión de repúblicas.

Por el otro, está la alianza de países que buscan achicar esa idea de retorno a través de construir un sistema político y económico distinto en antiguas naciones que eran parte de un todo y ahora toman decisiones diferentes a la época de los zares y de los politburós.

En medio, sin embargo, hay un entramado nada sencillo de entender en el que el resto del mundo está expuesto y sus modelos financieros y económicos quedan a la intemperie, justo en el momento en que esperábamos algo de estabilidad después de dos años de lucha contra un virus que ya nos había puesto casi todo de cabeza.

Si alguna situación podía ilustrar el cambio de época que vivimos desde hace tres años, es éste. La globalización sin precedente que facilitó el tránsito de capitales y la negociación internacional de bienes y servicios, ahora sufre porque está tan interconectada que sancionar en un extremo, puede afectar a millones en otro.

Solo las industrias que se benefician de la economía del conflicto pueden resultar ganadoras en momentos así; por ejemplo, la de armas ya vio un crecimiento en su valoración y los enfrentamientos llevan apenas una semana. El resto, me temo, no tendrá la misma suerte.

La producción de energía, la fabricación de productos, la proveeduría de alimentos y los servicios financieros internacionales se verán afectados en Europa directamente y tendrán un impacto variable en el resto del mundo. Las únicas naciones que podrán resistirlos son aquellas que han logrado balancear su autosuficiencia con la importación de bienes o están en proceso de hacerlo.

Una mala decisión europea para tratar de contener estas consecuencias (regresar a la producción de ciertos combustibles para disminuir la dependencia que tienen del gas) hará que los acuerdos de transición energética vuelen por los aires y se retrasen tanto, que combatir el cambio climático sea imposible. No obstante, en el corto plazo, muchas naciones tendrán que calcular si en el siguiente invierno sus poblaciones podrán sobrevivir sin una fuente de energía constante.

Luego están los alimentos y los productos que dejarían los anaqueles por la escasez y el freno de su producción, condiciones que genera la economía del conflicto. La región enfrentada en este momento no solo produce combustibles, también dota de granos y legumbres a millones de personas, entre ellas a las de su propio país.

Dice un refrán que en una pelea de elefantes, el único que sufre es el pasto. La analogía puede sentirse incómoda, pero tristemente parece que en este encuentro de potencias por dirimir quién controla una pequeña república, no se toma la opinión de la mayoría, lo que es también una regla de la economía del conflicto, aunque sea ésta quien sufrirá las consecuencias.

La única diferencia con ocasiones anteriores en que esta economía fue aplicada a rajatabla, es que en este caso las condiciones de recuperación son difíciles de calcular, gracias a la pandemia. Y no sería posible para nadie, ni siquiera para sus promotores, saber cuáles serán los efectos de entrar en otro episodio de la economía del conflicto, porque de nada sirven las ganancias presentes, si no hay dónde invertirlas o disfrutarlas. Por eso la paz siempre será un mejor negocio.

El autor es director general de Seguridad Privada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

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