¿La economía mundial se está estancando o solo pierde velocidad? La diferencia no es menor porque encierra parte de la explicación que ha llevado a un aumento inflacionario internacional y a la pérdida de confianza de personas y mercados en un 2022 que se avizoraba distinto y, por distinto, me refiero a mejor.
Sin embargo, los indicadores que tenemos sobre el final del año anterior no significan que la luz al final del túnel sea necesariamente el foco de una locomotora y sí un ajuste en cadenas de suministro, que no estaban preparadas para un cambio de realidad como el que hemos experimentado en dos años.
Sumado al cambio climático y a los costos que ha implicado la transportación de materias primas, alimentos y componentes electrónicos, es posible que estemos frente a un duro reacomodo del sistema económico en el que hemos vivido cómodamente durante el último medio siglo.
Este cambio radical que ha traído la pandemia no pasará pronto y será más sencillo adaptarse a éste que tratar de volver al modelo de comercio internacional que considerábamos inalterable.
Eso no quiere decir que la economía se detendrá o entrará en un enfriamiento prolongado. Recordemos que hay un exceso de dinero sin gastar, tasas que todavía no suben a los niveles que podrían alterar de golpe la inflación, deteniéndolo todo, y mercados que se han comportado de manera irregular, donde unos sectores han crecido mucho y otros han sufrido sus peores años en décadas.
También están los factores sanitarios que prepararon a unos países mejor que a otros para resistir las olas del virus. Muchas naciones siguen con escasez de dosis y eso las apartará de un eventual desarrollo que sí disfrutarán aquellos países que tienen altos niveles de protección.
Elementos como la geografía, el territorio, los incentivos al mercado interno vía programas sociales, el agua, la inversión en infraestructura y las condiciones de clima para la producción de frutas, verduras y leguminosas, pesarán como nunca y es donde México tiene ventajas competitivas únicas que pueden aprovecharse.
En los siguientes meses, industrias completas tendrán que desembolsar presupuestos considerables para reubicar a sitios cercanos a proveedores y fabricantes de piezas, chips y mecanismos tecnológicos que se encuentran en otros continentes, que cuenten con mano de obra calificada y dispuesta.
Si las iniciativas del TMEC y las soluciones que se están alcanzando en diferentes aspectos del acuerdo para resolver controversias continúan como hasta ahora, la oportunidad de formar un bloque integrado en Norteamérica, que se amplíe a Centro y Sudamérica, no estaría lejos.
Nuestro continente sigue contando con espacio, población joven, recursos naturales y minerales en una abundancia que ya no se da en otras latitudes. Mientras Asia no pueda reactivar la transportación y Europa siga cayendo en periodos de contingencia por este tipo de coronavirus, la dirección natural es estar comercialmente cerca de Estados Unidos, aprovechando proyectos de infraestructura ferroviaria que solo se están llevando a cabo en el país.
No solo eso, la salida de la pandemia, convertida en una endemia que ubicará la enfermedad por regiones y temporadas, será un poco más rápida aquí gracias a la colaboración ciudadana en la eficacia de las vacunas. El aumento al salario mínimo y otros factores de fortalecimiento de la capacidad de compra tampoco estorban. Simplemente, como en cualquier otro país, se debe vigilar con extremo cuidado la inflación, una que ya ha hecho que no podamos distinguir entre una reducción de velocidad y un freno abrupto que pudiera advertir una recesión en el horizonte.
El autor es director general de Seguridad Privada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.