Luis Wertman Zaslav

Prevención económica

Esta contingencia y los problemas que trajo consigo siguen reflejando una lentitud para reaccionar ante fenómenos que no son predecibles, aunque sí pueden prevenirse.

A pesar de estar marcado por la inflación, el año que cierra podría arrojar mejores noticias para la economía mundial. Es posible que el impacto de la nueva variante de coronavirus no sea tan grave como se esperaba y que las primeras semanas del próximo año el costo de bienes y servicios descienda ante la reactivación de cadenas de suministro y de transporte alrededor del planeta.

Los mensajes de toma de riesgo en la mayoría de las bolsas de valores y los indicadores de diciembre pueden alimentar un cierto optimismo en el arranque de 2022, que nos permita entrar a una nueva fase de la pandemia, pero sin el desgaste sufrido en lo económico.

En ese sentido, el tiempo revelará qué tan eficientes han sido las estrategias de los países para enfrentar esta emergencia sanitaria que llegará a los dos años y en la que las naciones que contrataron poca deuda o ninguna adicional, como el caso de México, pueden ver fortalecida su posición para atraer inversiones.

Recordemos que la ubicación de nuestro país es estratégica para que muchas cadenas de suministro se relocalicen y aprovechen la cercanía con el mercado más grande del mundo, que es Estados Unidos, además de que los costos de transportación y la mano de obra calificada son factores que ya no se encuentran en Asia.

No obstante, el comportamiento de muchas industrias seguirá siendo conservador y el tiempo que tomarán para hacer los cambios necesarios para adaptarse a una nueva realidad será mayor de lo que se pensaría. Si hay sectores que han crecido durante la pandemia, entonces los incentivos para modificar sus procedimientos serán menores.

Una economía dinámica demanda que las industrias sean eficaces al momento de adaptarse a la incertidumbre. Esta contingencia y los problemas que trajo consigo siguen reflejando una lentitud para reaccionar ante fenómenos que no son predecibles, aunque sí pueden prevenirse.

Ahí estará la clave: los sectores económicos que puedan prevenir situaciones de riesgo o anticiparse a modificaciones súbitas estarán preparados siempre para mantener una posición de liderazgo en sus mercados.

No hace mucha diferencia si se trata de segmentos que dependen de la presencia física de clientes o de plataformas tecnológicas que bridan servicio a la puerta de la casa, una compañía que tenga una correcta evaluación de los riesgos, planes y programas bien evaluados para afrontarlos y una capacidad de reacción oportuna, superará esta y cualquier otra emergencia en el futuro.

Lo mismo ocurre con los países y con las políticas públicas que implementen para encarar los vaivenes de una economía que se sobrecalentó y en la que se está aprovechando el río revuelto del coronavirus para generar ganancias a costa de una inflación sostenida. La tarea de las autoridades hacendarias y de los bancos centrales será aplicar los controles necesarios para que los sectores productivos no continúen aprovechando estas circunstancias, sobre todo cuando se espera que la inflación empiece a descender en el primer semestre del año y su proyección de crecimiento sea mucho menor que ahora.

En otro tema no menos importante, aprovecho para agradecer a El Financiero por este espacio y felicitar a todos sus lectores en estas fiestas. Mis deseos son de salud, trabajo y prosperidad para sus familias y ustedes.

El autor es director general de Seguridad Privada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

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