Luis Wertman Zaslav

Presupuestos y expectativas

Esta semana pudimos conocer el contenido del Paquete Económico que entrará a discusión en el Congreso y que anticipa los pronósticos que se tienen para el país el próximo año.

Esta semana pudimos conocer el contenido del Paquete Económico que entrará a discusión en el Congreso y que anticipa los pronósticos que se tienen para el país el próximo año.

Primero, 2022 ya será el año en que, al menos financieramente, no será de pandemia y ese solo principo hace esperar que los motores de la economía mundial y de la nacional funcionen a toda su capacidad.

A pesar de las decisiones que deberá tomar Estados Unidos en lo inmediato para hacer de la vacunación un requisito en los centros de trabajo y se pidan certificados en los espacios de entretenimiento, comercio, compras y convivencia, la perspectiva es que la demanda de productos y ensamblados será suficiente para tener un crecimiento de 4 por ciento, dólar en la frontera de 20 a 21 pesos, y un barril de petróleo en 55 dólares, es decir, estabilidad a la salida del túnel.

Sin embargo, habrá que vigilar de nuevo el comportamiento de la inflación, aumentar la inversión en infraestructura y consolidar las oportunidades de capital privado que están a la vista con muchos de los grandes proyectod que entrarán en su etapa final o irán a medio camino de concluir.

En general, analistas y expertos han considerado que se trata de un proyecto adecuado, realista y que mantiene el equilibrio macroeconómico. La incorporación de nuevos mecanismos tributarios para ampliar la base de contribuyentes complementará lo que podría ser la base de cambios fiscales necesarios para el futuro.

No se puede acusar demasiado optimismo, pero tampoco hay elementos de pesimismo hacia delante en esta hoja de ruta que tomarán las autoridades para el año entrante.

Es más, si estudiamos con un poco de atención algunas de las medidas que se llevarán a cabo, podremos observar que hay una consecuencia presupuestal en la misma línea de los dos años de pandemia que podrá relanzar a la economía en circunstancias muy distintas a las de otras naciones que optaron por contratar deuda o inyectar recursos en los segmentos de alto poder adquisitivo de sus sociedades.

La continuidad de los programas dedicados a los menos favorecidos ahora coincidirá con un empuje a la inversión que beneficiará a grandes porciones de la llamada clase media y a los corporativos de industrias apagadas de pronto por la crisis sanitaria internacional.

El turismo estaría en posibilidades de resurgir gracias a los huéspedes locales y la industria de restaurantes empezará a balancear sus ingresos con la presencia de comensales ansiosos de recuperar esa experiencia de salir a divertirse, con la solicitud de comida a domicilio, un servicio que permitió sobrevivir a muchos establecimientos.

En paralelo, cadenas de producción que estaban bien establecidas en Oriente, se mudarán a la frontera norte y al Bajío para prevenir nuevas contingencias y tener a la mano componentes hoy escazos. México podría ser la nueva nación de los chips de última generación.

Para las y los ciudadanos esto significa responsabilidad en el manejo de las finanzas públicas y tranquilidad justo en el momento en que entramos a una nueva realidad laboral, de movilidad, con un segundo trienio frente a nosotros en donde deberemos seguir ahorrando, gastando con prudencia y con deudas que podamos liquidar pronto. En lo social, apoyar a Pymes y negocios locales es nuestra contribución por tercer año consecutivo, es sencillo y eficaz. No lo olvidemos.

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