Luis Wertman Zaslav

Nervios

Mientras los segmentos de la población que todavía no se vacunan ignoren los hábitos de prevención que ya conocemos todos, esta ola aumentará los contagios.

La reacción de los mercados en estos últimos días, debido a la incertidumbre de la tercera ola de la pandemia y de los posibles riesgos de nuevas medidas restrictivas a lo largo del mundo, amenaza el proceso de recuperación de la economía internacional.

Sin embargo, muchas sociedades podrían organizarse para, por un lado, mantener las medidas sanitarias que no podrán dejarse de lado en el segundo semestre del año y, por otro, seguir paulatinamente con las actividades que hoy son posibles.

Mientras los segmentos de la población que todavía no se vacunan ignoren los hábitos de prevención que ya conocemos todos, esta ola aumentará los contagios, aunque no cobre tantas vidas o complique el estado de muchos pacientes. Lo que no debemos perder de vista es que podemos evitarlo desde nuestro entorno inmediato y bajo el compromiso social de cuidarnos y cuidar a otros.

Un ejemplo simple, pero poderoso, es retomar el uso correcto del cubrebocas como una medida eficiente de protección. Por la información que tenemos a la mano, se entiende que no es la única acción; no obstante, es una que impacta directamente y nos permite mandar un mensaje de corresponsabilidad.

Si los mercados tienden al nerviosismo o a crearse expectativas demasiado altas cuando las cosas mejoran, las sociedades debemos actuar de manera distinta, con cautela, prevención y fijarnos objetivos de corto y mediano plazos para enfrentar una temporada invernal que no será sencilla.

Nuestra evaluación social debe contemplar factores que no necesariamente son tomados en cuenta por inversionistas y analistas financieros. Cada persona que puede recibir sus dosis de vacuna es un agente económico que ayuda a entrar en una nueva normalidad en la que es urgente modificar muchas prácticas que no ayudan al crecimiento, ni a la prosperidad general.

Pedir que continuemos con la sana distancia, en espacios ventilados y con la restricción de reuniones en persona, es un acto personal y de comunidad que reducirá en las siguientes semanas los contagios, pocas noticias serían más positivas para los pronósticos que se tienen sobre el comportamiento de la pandemia y de la economía global.

También nos dará la oportunidad de convivir con el virus, sus variantes, sin tener que pagar el precio de perder a más personas, en particular a las que tristemente han dejado hijas e hijos pequeños a manos de la enfermedad que produce este tipo de coronavirus.

Las consecuencias sociales son consecuencias económicas y el nerviosismo de los mercados puede convertirse en la ansiedad social que pensábamos haber superado durante los últimos seis meses. Es decir, vamos hacia la salida del túnel, pero no estamos aún en el último tramo, ni se ha hecho la luz.

Hasta el momento, a pesar de estas condiciones, hospitales y personal médico de primera línea han continuado como el primer día en que se decretó la pandemia mundial. Ellas y ellos no se detendrán, ni pondrán pretextos, nosotros podemos hacer lo que nos toca y apoyar esa entrega permanente, cuidándonos otra vez.

Muchas actividades económicas se recuperan o están tomando velocidad en paralelo con el avance del virus en semanas recientes. Todavía es prematuro afirmar que estamos conviviendo con este organismo, aunque la realidad es que aprendemos rápido. La velocidad con la que se lleve a cabo esa convivencia es la que establecerá el ritmo del comportamiento económico. De ahí podemos reiniciar, no antes.

El autor es director general de Seguridad Privada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

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