Luis Wertman Zaslav

La nueva salud

Miles de personas alrededor del mundo nos dimos cuenta de que si no estamos bien en lo físico y en lo mental, no tenemos nada.

Atendernos de manera personal, con la asistencia de profesionales, vigilar nuestra dieta, hacer ejercicio y poner especial atención en nuestra higiene mental y física, será la nueva salud que deberemos procurar.

Independiente de que es una realidad la urgencia de que los sistemas de salud pública y privada se fortalezcan y mejoren, es un asunto de corresponsabilidad el mantenernos en forma en todos los sentidos, particularmente en la etapa en que se vislumbra una salida de la pandemia.

El entusiasmo y la necesidad de que volvamos a una ‘normalidad’, no quiere decir que ésta será segura o estará exenta de riesgos; por el contrario, no tocar con mayor frecuencia las cuotas mentales que cobrará el confinamiento es tratar de ignorar una crisis potencial.

Esta omisión traerá costos económicos relevantes, porque impedirá que miles de personas puedan reincorporarse a sus actividades productivas por el simple hecho de que tienen un padecimiento emocional o una condición de salud mental que se los impide.

Muchas industrias están en búsqueda de esa mano de obra lista para cuando el semáforo verde sea anunciado y podamos convivir con cierta seguridad, aunque con las medidas de distancia e higiene que ya aprendimos (espero).

Sin embargo, no podemos pasar por alto a quienes llevan meses con elevados niveles de ansiedad por cuestiones personales y económicas. Tan solo el impacto de vivir bajo la presión de un posible contagio o haber perdido a un ser querido son tragedias que pasan factura a las personas y a las economías de sus naciones.

Herramientas tecnológicas que han servido en estos momentos para paliar afectaciones en la salud mental pueden convertirse en plataformas de atención médica y una extensión de servicios de asistencia a un costo menor y con una eficiencia notable para tratar a pacientes en sus hogares y ayudarlos a reintegrarse a la vida cotidiana pospandemia.

La telemedicina, como el teletrabajo, son vías para modernizar muchos de los procedimientos que no han podido llevarse a cabo en los consultorios, e incluso que no pueden se trasladados a naciones que han recibido varias olas de contagios y que todavía siguen en una situación crítica.

Pero para que esos servicios funcionen, debemos adoptar la salud mental y física como una prioridad en nuestras vidas. Creo que las dificultades por las que hemos atravesado nos dieron esa lección y la hemos comprendido. Solo el tiempo dirá si a una escala en donde los hábitos de salud mental y emocional se vuelven tan importantes como la condición física personal y se fijan como una meta familiar a la que se le da seguimiento.

Si lo convertimos en un hábito social y en un buen comportamiento, entonces podremos contar con índices de buena salud más altos que impactarán en aumentos de productividad y, sobre todo, de calidad de vida.

Ese punto, la calidad de vida, es otra de las lecciones de nueva salud que nos trajo este virus. Miles de personas alrededor del mundo nos dimos cuenta de que, si no estamos bien en lo físico y en lo mental, no tenemos nada. Esa conciencia escaló a los países y reveló que se necesita cambiar la forma en que consumimos y nos nutrimos para que poblaciones enteras puedan estar en posición de contribuir a sus economías, mejorar el medio ambiente y preparar a sus sociedades para una siguiente contingencia.

Cuidarnos y cuidar a los que están cerca de nosotros puede ser algo muy obvio, pero esta crisis sanitaria es prueba de que no lo hacíamos bien. La nueva salud reside en tomarnos en serio estos riesgos, solucionarlos, y abrazar esas buenas prácticas que sirven para mantenernos en equilibrio.

El autor es director general de Seguridad Privada de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

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