Luis Wertman Zaslav

Recuperación dispar

No podemos perder de vista que la recuperación no será equilibrada y muchos sectores, con sus respectivos empleos, cambiarán para siempre.

El crecimiento de Estados Unidos en el primer cuatrimestre del año que seguimos en pandemia es una buena noticia por donde se le vea. Sin embargo, no podemos perder de vista que la recuperación no será equilibrada y muchos sectores, con sus respectivos empleos, cambiarán para siempre.

Incluso aquellos que empiezan a superar la crisis del año pasado tendrán retos mayúsculos por falta de insumos, como los indispensables chips que escasean para la industria automotriz o la de dispositivos electrónicos, las cuales deberán revisar la manera en que sus proveedores manufacturan estos componentes en naciones que siguen afectadas por el virus y con escasez de vacunas.

Mientras vivíamos en condiciones de ‘normalidad’, producir microcomponentes en un extremo del planeta a un costo más bajo y después enviarlos para ensamblarlos a otro país, hasta que llegaran a su destino para insertarlo en el producto final, era un procedimiento lógico y que generaba competitividad para las empresas globales que lo venden.

La crisis sanitaria internacional alteró desde sus bases ese modelo de fabricación y exportación, porque las condiciones de trabajo, para empezar, son distintas y enfocadas en obtener las mejores ventajas de costo-beneficio. Pero cuando ese beneficio depende de la salud de quienes ensamblan o producen es fácil que se afecte el suministro de esos mismos chips que hoy son esenciales.

Por eso habrá un desequilibrio mundial en la manera en que las mercancías viajan y cómo es que éste puede retornar a partir de una distribución rápida y justa de vacunas que han probado su eficacia e impactan favorablemente en una nueva realidad que también será económica y financiera.

La idea original de globalización era enlazar en diversas formas a las regiones del planeta para, mediante el libre comercio, impulsar la ansiada competitividad que generara empleos a través de empresas que pudieran exportar y expandir sus operaciones a otros mercados igual de abiertos.

Este objetivo ha funcionado parcialmente y se ha dirigido a los grandes mercados, ubicados en los países más desarrollados que consumen también más, con productos que funcionan con alta tecnología, producida en sus partes básicas, aunque fundamentales, en naciones cuyo desarrollo no es el mismo y que han apostado a condiciones de mano de obra barata para atraer capital.

El peso del virus que nos aqueja ha hecho que este esquema se modifique al grado de tener que ajustarlo por completo si buscamos una recuperación proporcional de una economía que debe considerar no solo las maneras en que produce, sino las condiciones en que viven quienes lo hacen.

Por mucho que automaticemos, la sustitución de miles, millones de personas que trabajan para fabricar y ensamblar chips para celulares o computadoras de camionetas no es, ni puede ser, una meta a futuro. Lo acabamos de ver con los planes de reactivación que ha lanzado nuestro vecino en el norte y que reconoce la urgencia de apoyar e impulsar a las personas como motores de consumo y no solo como parte de industrias o sectores que pueden ignorar que este mundo es más complejo que las cadenas de suministro o el envío de mercancías entre fronteras. Entenderlo es la clave para que se construya una recuperación digna y homogénea.

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