Vi a John Ternus aparecer en el escenario del Steve Jobs Theater y algo no me cuadró de inmediato. El formato ya lo conocíamos: producción grabada en iPhone, editada en Mac, con esas transiciones que Apple perfeccionó durante la pandemia.
Ternus se ve cómodo, carismático, no le dan miedo las cámaras. Pero eso es exactamente el punto: es una película, no una arena. Los que estaban sentados en el teatro fueron, en los hechos, a ver un video con público en vivo alrededor.
No lo digo para menospreciar el formato ni para compararlo mal contra Steve Jobs, que dominaba el escenario real como pocos —y lo digo con conocimiento de causa, porque yo estuve en el lanzamiento del iPad original, y la tensión de ver a Jobs improvisar en vivo era parte del espectáculo.
Son dos lenguajes distintos, y cada uno tiene su lógica. Lo que sí me parece justo reconocerle a Ternus es que, viniendo del área de hardware, no heredó el Duo como quien recibe un proyecto ajeno: lo conoció, lo desarrolló, lo planeó desde dentro. Eso no es un debut cualquiera.
Lo que ya se sabía (y a los fans no les gusta)
Porque el verdadero examen de esa conferencia no era el formato del video. Era la inteligencia artificial. Y ahí Apple no sorprendió a nadie: Siri AI corre sobre un modelo personalizado de Gemini, de Google, bajo un contrato reportado en mil millones de dólares al año. Esto no se anunció ese día. Se confirmó desde junio, en WWDC. Así que la novedad no fue el dato en sí, sino confirmar que ya no hay marcha atrás.
A los fans de Apple esto no les gusta.
Se entiende: llevan años esperando que su compañía favorita compita de frente en la carrera de IA, no que le rente el motor a su rival de sistema operativo. Pero yo lo veo distinto, y lo digo sin dramatismo: Apple ya ha hecho esto antes. Se asoció con Intel cuando no tenía procesadores propios competitivos, se apoyó en Google y YouTube en su momento. No es una compañía que necesite inventarlo todo desde cero para seguir ganando.
La carrera de modelos de IA no es su terreno hoy, y Gemini fue el mejor candidato disponible, sobre todo después de sus complicaciones legales con OpenAI. Eso tampoco cierra la puerta a que en un par de años Apple presente su propio modelo — sería muy de ellos hacerlo justo cuando nadie lo espera.
El Duo sí fue nuevo — y eso también cuenta
Ojo, no todo en la conferencia fue déjà vu. El iPhone Duo, el primer plegable de Apple, sí representó una apuesta genuina: diseño tipo libro, cámara Fusion de 48MP, resistencia IP68, desde $1,999 dólares.
Es lo que más me gustó de todo el evento, y no solo por el hardware: Apple se desmarcó completamente del formato que ya conocemos de Samsung, Motorola y las marcas asiáticas, y adaptó iOS de forma funcional al nuevo dispositivo, no como un parche.
Reuters no tuvo pudor en llamarlo directamente el “examen de IA” de Ternus. Y Melissa Otto, de S&P Global Visible Alpha, lo resumió sin filtro antes del evento: el mercado está decepcionado porque Apple no ha participado en la fiebre de IA que el resto del sector parece haber contraído. Su pregunta quedó flotando: ¿a dónde va Apple desde aquí?
Lo que dice el precio de la acción
Y aquí está el dato que más me interesa, porque es el que separa el hype del negocio real. Durante los casi 80 minutos que duró la presentación, la acción de Apple se mantuvo a la baja casi todo el tiempo. Abrió en $315.49, tuvo un repunte breve a $318, y cerró con un ligero descenso de -0.28%.
Nada dramático, pero tampoco el aplauso que un lanzamiento de este tamaño hubiera esperado provocar.
Bank of America ya tenía el patrón mapeado: las acciones de Apple han caído el día de revelación de un iPhone en aproximadamente 80% de las ocasiones. “Compra el rumor, vende la noticia”, le llaman. Lo interesante es lo que viene después: en 17 de los casos documentados desde 2007, la acción subió en los 60 días posteriores al lanzamiento. Es decir, la frialdad del día del evento no es un veredicto. Es apenas el primer dato de una historia que se sigue escribiendo.
KeyBanc, en cambio, fue más duro: mantuvo su calificación de Underweight y advirtió que el lanzamiento sería “probablemente un catalizador negativo”, porque cualquier escenario —subir mucho el precio o subirlo poco— termina perjudicando a Apple de una forma u otra.
Y Morningstar, del otro lado, subió su estimado de valor razonable, señalando que el precio del Duo “no es tan alto como algunos temían”. Me gustaría saber quienes eran esos “algunos”.
Ahí está el negocio, resumido en tres lecturas distintas de la misma conferencia. Yo me quedo con esta lectura: el mercado no vio a Apple ganar la carrera de IA. Vio a Apple aceptar que no puede ganarla sola, y apostarle a otra cosa: el hardware, la confianza, el control del ecosistema.
Puede funcionar. Pero el aplauso, si llega, no va a ser el día del evento.
El consejo no pedido de hoy: antes de anunciar tu próxima gran apuesta, pregúntate si estás resolviendo lo que el mercado espera de ti, o solo lo que puedes controlar cómodamente. No siempre es lo mismo.
¿Tu negocio está preparado para que su alianza de IA se juzgue en el mediano plazo, o solo tiene un buen guion para el día del anuncio?
