Segundo piso

La V República ante sus jóvenes

El movimiento comenzó el 17 de septiembre en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, en la periferia de París. Estudiantes de entre 15 y 18 años acompañaron una huelga docente por las condiciones del centro escolar. En semanas, las protestas alcanzaron universidades y confluyeron con trabajadores, agricultores y organizaciones ecologistas.

En 2017, Emmanuel Macron llegó al Elíseo como símbolo de renovación. En el otoño de 2026, estudiantes que entonces cursaban la primaria bloquean liceos y cuestionan su legado. La juventud del presidente no garantizó una política para los jóvenes. La Quinta República, instaurada en 1958, enfrenta una interpelación de adolescentes que, aunque en su mayoría todavía no pueden votar, demuestran que son sujetos políticos con derechos, demandas, inquietudes e impacto en la agenda pública.

El movimiento comenzó el 17 de septiembre en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, en la periferia de París. Estudiantes de entre 15 y 18 años acompañaron una huelga docente por las condiciones del centro escolar. En semanas, las protestas alcanzaron universidades y confluyeron con trabajadores, agricultores y organizaciones ecologistas. El reclamo por aulas dignas desembocó en una discusión sobre las posibilidades de construir una vida autónoma.

Las demandas revelan una contradicción entre arriba y abajo antes que una disputa entre izquierda y derecha. Instalaciones deterioradas, grupos saturados y vacantes docentes distribuyen desigualmente las oportunidades. Francia conoce estos conflictos. En 1990, las movilizaciones de secundaria obligaron al ministro Lionel Jospin a aprobar un plan de emergencia y aumentar los recursos educativos. En 2005, la protesta frenó componentes de la reforma de François Fillon. En 2018, durante el primer mandato de Macron, el movimiento de los chalecos amarillos impidió el incremento de los impuestos a combustibles. El origen periférico del movimiento actual acentúa sus dimensiones de clase, territorio y desigualdad de oportunidades.

Ante la impaciencia de los estudiantes, Macron intenta ganar tiempo, pero parece no comprender el fenómeno y tener poco margen de maniobra. El pago de la deuda pública absorbe una parte creciente del presupuesto, del mismo orden de magnitud que la destinada a educación. Las rebajas fiscales, sumadas a una desaceleración económica agravada por la crisis energética desencadenada por la invasión rusa de Ucrania y la guerra con Irán, han llevado el déficit público a niveles insostenibles.

La violencia de provocadores y radicales y la represión policial desplazan el debate sobre las demandas legítimas. La derecha francesa confunde causa con síntoma e insiste en la necesidad de “orden y seguridad”. Bruno Retailleau, candidato presidencial de Los Republicanos —partido que, como tantos otros de la derecha conservadora occidental, responde a su declive electoral adoptando tesis de la ultraderecha—, denunció una supuesta alianza entre la extrema izquierda y delincuentes de origen inmigrante, y llama a retirar la ciudadanía a aquellos con doble nacionalidad.

Los saqueos e incendios, que deben investigarse y sancionarse individualmente, no representan al conjunto del movimiento. El balance oficial de dos mil detenciones —mil 600 detenidos menores de edad— obliga a examinar procedimientos policiales y proporcionalidad de la respuesta. Las lesiones graves exigen investigaciones y rendición de cuentas. Recuperar la gobernabilidad incluye proteger el derecho a protestar.

El malestar va más allá de Francia. En Italia, las movilizaciones estudiantiles cuestionan la insuficiente inversión educativa. En España y Portugal, las protestas por vivienda y contra la precariedad denuncian obstáculos semejantes para la autonomía juvenil. No forman un movimiento único ni reciben respuestas idénticas. Comparten una experiencia: estudiar y trabajar ya no garantizan superar la dependencia familiar o la inseguridad económica. Las alternativas políticas que encuentran más respaldo frente a estos malestares ya no se sitúan en el centro, sino en los extremos del espectro ideológico.

Francia celebrará sus próximas elecciones presidenciales en abril de 2027. Los sondeos de septiembre y octubre muestran fortaleza de la ultraderecha de Marine Le Pen, competitividad de la Izquierda Insumisa de Jean-Luc Mélenchon y fragmentación del centro. Mélenchon puede recoger demandas sin resolver todas sus contradicciones; Le Pen puede prometer orden sin reparar las desigualdades.

Las fake news no se hicieron esperar: una periodista del Journal du Dimanche afirmó que manifestantes islamistas circulaban armados con ametralladoras en París, Lyon y Marsella. La escena parece salir de la novela Sumisión, en la que Michel Houellebecq imagina una distopía donde partidos tradicionales respaldan que la Hermandad Musulmana llegue al gobierno para impedir el triunfo del Frente Nacional (hoy Reagrupamiento Nacional). Los miedos y los medios acercan a Marine Le Pen a la presidencia.

Lectura sugerida: Los herederos. Los estudiantes y la cultura, de Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron (Siglo XXI).

Gracias, LGCH.

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