Segundo piso

¿Por qué pensamos lo que pensamos de la 4T?

La tendencia es a sentirnos cómodos donde habitan nuestros similares, social, cultural o familiarmente. Esto genera la llamada cámara de eco o burbuja informativa: en redes y entornos sociales, los algoritmos y la homofilia (nos juntamos con parecidos) filtran voces disonantes.

Los flujos de comunicación mezclan hechos, interpretaciones, rumores, cifras y emociones en una corriente continua que circula entre medios, redes sociales y conversaciones habituales.

Las decisiones que tomamos, nuestras preferencias, las actitudes que desarrollamos, las acciones que emprendemos y nuestra posición frente al orden establecido o statu quo dependen de muchos factores, pero en el trajín cotidiano son dos las variables que se relacionan directamente para activar nuestra conducta: información y deseo, en donde la variable independiente es la información disponible, a partir de la cual decidimos proseguir para cumplir nuestro propósito, lo posponemos, lo buscamos por una ruta alternativa o lo cancelamos.

Nuestra forma de obtener información responde a ciertos patrones, a la vez que sufre cambios, a veces imperceptibles, porque fluye continuamente para reforzar nuestro criterio, juicios de valor preexistentes o prejuicios, predilecciones y rechazos, posición ideológica, la forma como procesamos actitudes incluyentes o excluyentes, igualitarias o clasistas, racistas y discriminatorias, de manera consciente o en forma de sesgo implícito (Mahzarin Banaji).

Vivimos un efecto de falso consenso: tendemos a sobreestimar cuánta gente comparte nuestras creencias y comportamientos porque nos rodeamos de personas similares y porque nuestras propias opciones nos parecen razonables y comunes. La tendencia es a sentirnos cómodos donde habitan nuestros similares, social, cultural o familiarmente. Esto genera la llamada cámara de eco o burbuja informativa: en redes y entornos sociales, los algoritmos y la homofilia (nos juntamos con parecidos) filtran voces disonantes. Así, lo que vemos y oímos confirma nuestras ideas y crea una ilusión de mayoría.

Solemos recordar más lo que vemos con frecuencia y emoción en nuestro entorno; eso nos hace pensar que es más común en la población general. Encima, tenemos distintos grados de ignorancia pluralista que estrecha nuestra visión y nos dificulta reconocer la visión de los otros, entender la posición de los diferentes que están en otro lado de la mesa. Así, negociar en cualquier ámbito se dificulta.

En la era digital enfrentamos una paradoja: nunca antes hubo tanta información disponible, pero nunca fue tan difícil distinguir lo real de lo manipulado. Las redes sociales prometieron democratizar el diálogo, pero hoy son arenas donde bots, algoritmos sesgados e influencers mercantilizados distorsionan la percepción colectiva de quienes tienen acceso a la esfera sociodigital. Pasamos rápidamente del sueño democrático a la pesadilla algorítmica porque las plataformas digitales dejaron de ser plazas públicas de conversaciones horizontales auténticas a escenarios donde lo real y lo artificial se mezclan con dinámicas de distorsión provocadas por bots, granjas de trolls, trivialización de influencers y algoritmos polarizantes que crean burbujas informativas separadas.

Los medios de comunicación tradicionales, sobre todo las televisoras, resultan espléndidos para divulgar, para hacer del conocimiento masivo diferentes acontecimientos, pero son deficitarios en credibilidad. No cambian opiniones, solo refuerzan las prevalecientes. Campañas y sesgos como parte de la política editorial de algunos medios resultan solo reforzadores del marco o encuadre prevaleciente desde la crítica o desde la simpatía a cada posición.

La realidad se fragmenta, el debate se erosiona y se provoca ansiedad colectiva en jóvenes que se confiesan en las redes sociales o cuentan los “me gusta” o likes, como si fueran un rosario digital (Byung-Chul Han).

Visto así, la comentocracia sufre una crisis de representación e influencia. Antes fijaba agenda, era consultada más por decisores y su pensamiento permeaba más allá del denominado círculo rojo. Hoy padece autofagia y su alcance es menor.

Al hablar del framing la semana anterior, sostuvimos que el tetrateísmo ha logrado hegemonizar un encuadre que ofrece una causa moralmente intuitiva de continuidad con método con la presidenta Sheinbaum. Se preserva el horizonte popular y se fortalece la promesa de eficacia, lo que amplía la base más allá del núcleo militante; la seguridad como orden justo al desplazar el punitivismo puro a una mezcla de inteligencia, prevención e intervención focalizada; soberanía y orgullo nacional-popular; proximidad territorial y ritual de presencia: giras para replicar el primer Informe y un tono didáctico producen experiencia de cercanía; y los beneficios tangibles y legibles: transferencias, becas, obras visibles, tarifas y servicios hacen que la política se vea y se sienta.

El marco no está exento de problemas. Los desaguisados de legisladores y cuadros de Morena y la forma como se debata la reforma electoral intensificarán la disputa de encuadres.

Lectura sugerida: Política. La guerra de las percepciones de Josu Ahedo y Miguel Ibabe (Fragua).

Gracias LGCH

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