Sobremesa

A Billy Álvarez lo mató el Estado

El Estado mató a Billy Álvarez. Con más de 80 años de edad, lo metieron a Almoloya, donde se les cayó dos veces, donde no recibía la atención médica necesaria y lo tenían, sin justificación alguna, en aislamiento.

Es un escándalo que Billy Álvarez se le haya muerto al gobierno cuatrotero sin sentencia en el Altiplano. Nada le pudieron probar.

Tenía que pasar alguna vez y les pasó.

El Estado mató a Billy Álvarez. Con más de 80 años de edad, lo metieron a Almoloya, donde se les cayó dos veces, donde no recibía la atención médica necesaria y lo tenían, sin justificación alguna, en aislamiento. Pudo haberse defendido desde su casa, en prisión domiciliaria. La edad y su mermada condición de salud se lo permitían, pero los jueces del bienestar se lo negaron.

Este señor estaría vivo si hubiera podido enfrentar sus señalamientos en libertad. Meterlo a un penal diseñado por Juan Pablo de Tavira para albergar asesinos, secuestradores y narcotraficantes fue lo que mató a este hombre de 80 años que, aun siendo condenado, hubiera tenido derecho a compurgar su pena en su domicilio.

Además, si Billy era culpable de administración fraudulenta, Antonio Marín y Víctor Velázquez también lo serían, pues eran (época de Billy) presidentes de los consejos de Administración y de Vigilancia, respectivamente.

Don Guillermo Álvarez Macías tuvo cuatro hijos carnales y un quinto de corazón y convicción: La Cruz Azul. Una historia que nació en Cortazar, Guanajuato, y a los años continuó en Jasso, Hidalgo. En ese hogar nació el que sería el mayor impulsor de la cementera en los últimos 40 años: Guillermo Billy Álvarez Cuevas.

El papá de Billy comenzó a construir el sueño con apenas 192 socios cooperativistas y su esencia quedó inmortalizada en una carta de mayo de 1972, la cual tituló “Mis deberes y mis anhelos”, en la que visionaba que “la completa consolidación de La Cruz Azul está a la vista, terminadas las obras en Cruz Azul Hidalgo y Lagunas, Oaxaca. Nadie podrá pensar que no se tiene asegurado el destino de la cooperativa. Debe fundarse mucho la unión y la fraternidad entre todos los cooperativistas. Ni en forma alguna debe faltar por el bienestar y el deber de todos”.

Ese es el mantra con el que Billy Álvarez creció en casa. Pero había también un desencuentro generacional que fue heredado de padres a hijos. Don Luis Velázquez Hernández, padre del actual director (espurio) de La Cruz Azul, Víctor Velázquez Rangel, fue disidente por esas épocas. Refieren que cuando murió el papá de Billy, don Luis hizo fiesta, sin visionar que sería gracias a Billy que su futura nuera, Yuliana Reynoso Cadena, y sus hermanos estudiarían una carrera pagada por el propio Billy.

También fue en épocas de Billy como CEO de la cementera cuando Víctor Velázquez Rangel se hizo socio cooperativista. Fue precisamente en la Asamblea de 2001 cuando Víctor regresaría a Cruz Azul, bajo el cobijo de Billy. En esa misma asamblea, cabe mencionar, se reconocería como socio igualmente a Juan Manuel Briseño, hoy enemigo temido por Víctor Velázquez, al grado de darle el mismo “trato especial” que le dio a Billy: la cárcel.

Víctor Velázquez nunca habría sido CEO sin que Billy le hubiera abierto la puerta, a pesar de la traición y los golpes bajos que don Luis Velázquez le obsequió a su propio padre.

Entonces, pareciera que el pleito de La Cruz Azul y las acusaciones a Billy podrían tener un componente más familiar y hereditario que precisamente administrativo o gerencial. Quizá eso fue lo que habría llegado a oídos del famoso consejero jurídico de AMLO. Ese último giro fue el que convirtió la disputa por la cooperativa en un asunto de niveles nucleares.

Durante la gestión de Billy Álvarez, de 1988 a 2020, la cementera se consolidó como una de las más importantes de América Latina. La obra ahí está, más allá de las carpetas de investigación y las manos ajenas metidas en los procesos, que se van al más allá junto con Billy.

Pero el problema sigue latente para los socios cooperativistas. Apenas se llevó a cabo una asamblea el pasado 30 de mayo, el mismo día en que Billy falleció, como si fuera un mal presagio para Víctor Velázquez y la señal de que el reinado está por terminar, a pesar de haber sido electo por unanimidad.

Y es que dicen que al destino no se le puede huir. Velázquez, Anzures y la ‘Señorita de los Tokens’, Alejandra Velázquez, pasaron de disidentes a autores materiales de una muerte. Billy falleció a manos de las acusaciones que se le imputaban y que estaban claramente enfocadas en acabar con él, más que en provocar un juicio rápido y justo que lo absolviera o lo condenara. Lo que querían era romperlo por dentro. Y lo lograron. Acabaron con su vida.

Pero hay algo importantísimo en todo esto. Se les murió “el villano”. Entonces, ¿ahora contra quién enfocarán sus baterías? ¿Quién será el destinatario de su odio y de sus maniobras para mantener lejos de la directiva a quienes los conocen y los pueden tumbar? ¿Será que quieren subirle al fuego contra los otros imputados en las carpetas por administración fraudulenta y delincuencia organizada? ¿Contra los encarcelados y contra los exiliados? ¿Promoverán nuevas fichas rojas de Interpol?

Tienen un problema porque en los últimos meses han trascendido documentos que evidencian que la administración de Víctor Velázquez, en apenas seis años, ha cometido suficientes abusos económicos para integrar múltiples carpetas de investigación. La compra de 50 millones de dólares de coque de petróleo a una empresa fantasma estadounidense sería la punta del iceberg contra el que ya chocó el Titanic de Velázquez y terminará por hundirlo, en tiempos en los que Trump no aceptaría que fueron ciudadanos gringos los defraudadores, sino los mexicanos que les compraron.

Y, para colmo, está por caerse el teatro que le armaron al director financiero, Juan Manuel Briseño. Es cuestión de semanas para que salga de la cárcel el hombre que los conoce desde siempre y quien defendió a los socios cooperativistas y lo dejó por escrito, pecado que lo condenó.

Sin Billy, Cruz Azul no existiría como la conocemos. Las conquistas empresariales y las golizas sobreviven, aunque el goleador se mueva a otra liga. La historia de Billy está escrita. La de La Cruz Azul está entrando a una encrucijada. El pronóstico es reservadísimo.

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