Desde el otro lado

El voto hispano: ¿de regreso a casa?

El voto hispano se gana todos los días. Si los republicanos quieren recuperarlo, tendrán que demostrar, en los hechos, que pueden mejorar lo que más importa: el costo de la vida.

En 2024, Donald Trump perdió Nueva Jersey por apenas seis puntos, un margen inusualmente estrecho para un republicano, en buena medida gracias a que miles de hispanos se inclinaron por él.

En el condado de Passaic, por ejemplo, donde 43 por ciento de los residentes son latinos, Trump ganó por 3 puntos hace un año. Esta vez ocurrió lo contrario: los demócratas ganaron la elección para gobernador por 15 puntos.

En todo el estado, la demócrata Mikie Sherrill triunfó con una ventaja de 13 puntos y obtuvo alrededor del 70 por ciento del voto hispano.

Lo ocurrido el pasado martes en Nueva Jersey y Virginia no fue un simple triunfo demócrata impulsado por mayor movilización de su base. Fue algo más revelador y preocupante para los republicanos: una pérdida notable del voto que captaron apenas hace un año.

Los demócratas le quitaron votos directamente a los republicanos. Según las encuestas de salida, el 7 por ciento de quienes votaron por Trump en 2024 cambiaron de bando y respaldaron a los candidatos demócratas.

Entre los hispanos de Nueva Jersey, los republicanos perdieron casi una quinta parte del respaldo que Trump había conseguido un año antes.

En números agregados, el apoyo al Partido Demócrata entre los votantes latinos aumentó 9 puntos en Nueva Jersey y 5 puntos en Virginia.

Lo que en 2024 se vislumbraba como el comienzo de una realineación histórica, después de las elecciones de este martes, más bien parece haber sido una oscilación transitoria: un voto que regresó a casa… al menos por ahora.

En 2024, el avance de Donald Trump entre los votantes hispanos estuvo marcado por un factor central: la economía. Todas las encuestas coincidieron en que el costo de la vida fue la principal preocupación de esta comunidad (como del resto del electorado), y Trump supo capitalizar ese malestar al presentarse como el candidato más capaz de aliviarlo.

Muchos votantes hispanos optaron por pasar por alto su retórica dura en el tema migratorio, y algunos incluso apoyaron un mayor control en la frontera.

Más que un giro ideológico, el voto hispano que se movió hacia los republicanos en 2024 fue un desplazamiento pragmático. Como dijo Mike Madrid, estratega del Lincoln Project: “No se volvieron conservadores; se volvieron populistas”.

No fue la ideología lo que los llevó a Trump, sino la carestía. El precio de la gasolina, de los alimentos, de la renta. Votaron con el bolsillo y castigaron al partido en el poder. Fue un voto de insatisfacción, más que de adhesión.

Pero hoy Trump ya no está en la oposición: está en el gobierno. Y cuando gobiernas, ya no puedes culpar tan fácilmente; los electores voltean la mirada y te culpan a ti. A un año de haber ganado la elección presidencial, esos mismos votantes no ven mejoras económicas.

El enojo volvió como boomerang: las promesas de bajar precios no se han materializado como se esperaba. La inflación que antes llevaba el nombre de Biden ahora lleva el de Trump.

Es cierto, como ha dicho el propio Trump, que él no estuvo en las boletas este martes. Pero como presidente, su gobierno sí estuvo a prueba. Y así será durante los próximos años. También es verdad que apenas lleva nueve meses en la Casa Blanca y que mucho puede cambiar.

Pero, en lo que toca al voto hispano —esencial para cualquier aspiración republicana en 2028—, el terreno no está despejado.

Si algo dejaron claro las elecciones de Nueva Jersey y Virginia es que una parte decisiva de ese electorado no está anclada a ningún partido.

El voto hispano se gana todos los días. Si los republicanos quieren recuperarlo, tendrán que demostrar, en los hechos, que pueden mejorar lo que más importa: el costo de la vida.

Y hay un segundo factor que no puede ignorarse: las redadas de ICE y las imágenes de detenciones que circulan a diario en redes y noticieros.

No sabemos aún cuánto pesaron en el voto de este martes, pero las encuestas recientes apuntan en la misma dirección: una proporción creciente de latinos considera que Trump “ha ido demasiado lejos” en materia migratoria.

Una encuesta de The New York Times, realizada a finales de septiembre, registró ese sentimiento en 73 por ciento entre los votantes hispanos.

Este es el tipo de número que no se ignora porque revela algo que suele pasarse por alto: muchos hispanos respaldan el orden en la frontera, pero rechazan las redadas indiscriminadas.

Hacia adelante, el desafío para los republicanos es claro: el voto hispano no está asegurado por nadie. Lo que ganaron en 2024 lo ganaron por la economía.

Lo que comienzan a perder ahora lo están perdiendo por la economía y por ir demasiado lejos con las redadas.

La paradoja es clara: todo lo que Trump ganó por el enojo, los republicanos ahora pueden perderlo por el mismo enojo.

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