La Aldea

El dilema de 2024

El dilema del 24 no estará en las filas de Morena. Estará en la oposición, si podrán competir con la derrama de recursos que provendrá del gobierno y de sus dependencias.

La carrera entre los morenistas se cerró. AMLO determinó que son tres –¿sólo tres?– los contendientes a buscar la candidatura presidencial de Morena y, en consecuencia, a sucederlo y, por supuesto, seguirlo.

Otros suspirantes no están en el horizonte o el radar del presidente. Y el país entero sabe que volveremos al ‘dedazo’ más clásico, tradicional y antidemocrático de la historia. Como en los peores tiempos del PRI, AMLO piensa ejercer todas sus ‘facultades’ extraconstitucionales, es decir, violar la ley, y designar con su poderoso y flamígero dedo índice, al próximo presidente de México.

El mecanismo de las ‘encuestas’ es sólo un artificio mediante el cual López Obrador disfraza como absolutamente democrático un sondeo diseñado para ocultar su propia voluntad. Que le pregunten a Ricardo Monreal en la Ciudad de México, cuando la candidata fue Sheinbaum con una encuesta que nunca nadie vio, ni constató, ni verificó los resultados. Incluido el propio Monreal.

Entonces eso parece esclarecer el camino al interior de Morena. Ya saben quiénes son, dónde están y de qué tamaño es el respaldo –cariño en sus propias palabras– que el presidente les profesa.

“A Claudia, la verdad es que la quiero mucho” –López Obrador el pasado martes.

“Adán, pues es mi paisano, qué les voy a decir” –respecto al secretario de Gobernación, que aparece muy abajo en las encuestas.

“Y Marcelo está haciendo un excelente trabajo” –ya de a tiro, pues acomoda muy bien sus cajones, pero aquí, de cariño, ni hablamos.

Está claro que si estudiamos los métodos priistas bajo los cuales aprendió AMLO, es usual en la lógica del tapadismo –rebautizado como las corcholatas, francamente denigrante–, el mandatario engañaba con uno muy visible, muy apoyado y con mucha fuerza, para luego ‘destapar’ a otro del círculo cercano y de sus confianzas.

Echeverría lo hizo con Moya Palencia; Díaz Ordaz con Corona del Rosal; hasta el propio Salinas jugó un tiempo con Camacho Solís para luego provocar el cisma al destapar a Colosio.

Y si nos vamos más atrás, pues está el histórico de Ruiz Cortines con Flores Muñoz para destapar a López Mateos: “perdimos pollo, perdimos”.

López Obrador, tan gustoso de los símbolos y de la historia nacional, aunque sea la corrupta y la antidemocrática –o mejor dicho, especialmente esa–, es muy probable que nos muestre tanto a Claudia en eventos, giras, conferencias y melosos gestos, que sea sólo un distractor. O en el fondo, sea un doble engaño –este, con la verdad– para en efecto ungirla candidata.

Los datos (encuesta de El Financiero 17-05-2022) muestran un empate técnico entre Marcelo y Claudia, y un muy retrasado Adán Augusto. Es perfectamente natural, puesto que son las figuras con más reconocimiento de nombre a nivel nacional.

Pero lo cierto es que doña Claudia, con su repetida resonancia de los mensajes presidenciales, la ausencia de originalidad y el mortal derrumbe de la Línea 12 que los iguala en nivel de responsabilidad (Ebrard y Sheinbaum) se ve difícil que levante en las encuestas, a pesar de todos los artificiosos esfuerzos del presidente.

Ya quisiera Marcelo tener la mitad de los ‘detalles’ cariñosos que AMLO prodiga a su consentida, que no es, pero que todos sabemos que es.

Pero el dilema del 24 no estará en las filas de Morena. Estará en la oposición.

La capacidad para construir una candidatura de unidad con un pobre liderazgo partidista se ve cuesta arriba.

En el cuarto de guerra de Va por México, que coordina Claudio X. González, los señores Alito Moreno (PRI), Marko Cortés (PAN) y Jesús Zambrano (PRD) asisten a las reuniones a pedir dinero.

Le solicitan con cínica y franca transparencia a Claudio, billetes para el financiamiento de las campañas.

Claudio X. hijo, constructor de este frente amorfo desde el año pasado junto con Gustavo de Hoyos, responde: “Yo no les prometí dinero; estamos aquí para construir las condiciones de un frente unido de oposición; si quieren, como les dije, los pongo en contacto con potenciales donadores, para que ustedes vayan y soliciten lo que consideren; yo no voy a traer dinero a esta mesa” –palabras más, palabras menos.

Si este es el tono predominante de esos encuentros, valiente oposición.

En vez de diseñar rutas de competitividad electoral, de analizar las múltiples debilidades y flaquezas del régimen, las promesas rotas, el deterioro del país en materia económica, democrática, de seguridad y de justicia, a la usanza de siempre, los líderes de estos partidos piden dinero.

Todo el aparato político-electoral se aceita con dinero: los operadores regionales, los coordinadores territoriales, las huestes que se mueven conforme fluyen cantidades ingentes de dinero, están a la espera. Así fue en el pasado, así es hoy y no hay expectativas concretas de que vaya a cambiar.

Por supuesto, hay militancia partidista y también en algunos casos convicciones firmes y compromisos de proyecto, pero en los hechos, en el terreno, los flujos de dinero y promesas pueden ajustarse al viento de los tiempos y los favoritos.

El dilema para los opositores en el 24 será si podrán competir con la derrama de recursos que provendrá del gobierno y de sus dependencias. Aunque AMLO diga lo contrario.

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